lunes, 8 de junio de 2009

Seguridad modelo 1950

Seguridad modelo 1950

por: Marco Palacios
Revista virtual Razón Pública
Colombia Plural/Inestco





En 1950 el gobierno también chuzaba y los que chuzaban le informaban al Secretario General de la Presidencia, Misael Pastrana Borrero. Y como es usual, los resultados de las chuzadas eran más bien tragicómicos. Un artículo sobre la prehistoria del control telefónico, en los años en que el miedo a la subversión fue destruyendo la democracia. A veces la historia parece repetirse.

De decretos y de archivos quemados

En 1950 emergían los perfiles de un modelo de seguridad estatal con base en el estado de de excepción creado por el bogotazo y la manipulación del miedo que siguió. En aquel año cincuenta parecían dar fruto siete decretos de corte dictatorial emitidos por el gobierno nacional el nueve de noviembre de 1949 con base en los cuales: a) se declaró turbado el orden público y en estado de sitio toda la nación; b) en el afán de limitar el control de constitucionalidad se exigieron tres cuartas partes de los votos de la Corte Suprema para declarar la inexequibilidad de las leyes, es decir, se dio poder de veto a la minoría; c) se suspendieron por tiempo indefinido las actividades del Congreso de la República, las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales; d) se estableció la censura de prensa y radiodifusión; e) se prohibieron las reuniones públicas; f) se designaron los censores de la prensa escrita (uno por Diario) y, g) se amplió la jurisdicción de los consejos de guerra a ciertos delitos imputables a civiles[1].

Historiar el orden público con base en documentos oficiales en el crucial período de La Violencia es imposible toda vez que a comienzos de 1967 un grupo de altos funcionarios del Ministerio de Gobierno resolvió, aparentemente motu propio, incinerar “79 sacos que contienen el archivo de los años de 1949 a 1958 con correspondencia ordinaria“. La Jefe de Archivo y Correspondencia del Ministerio solicitó “retirar dichos sacos que solo contienen un archivo muerto. En esta oficina es imposible conservarlos. No hay espacio y el aspecto que presenta la oficina es horrible y el ambiente de olor insoportable” [2].Los pocos documentos salvados de la pira dejan ver la extraordinaria importancia histórica de la documentación incinerada y, entre las tareas menores que ya no pueden acometerse está la reconstrucción de la trayectoria del formato de los reportes de la Policía al Ministro de Gobierno[3].

De la escasa documentación sobre el orden público, preservada en el Archivo General de la Nación, AGN, podemos agrupar los siguientes asuntos: a) control de teléfonos o chuzadas, como se dice ahora, dedicado principalmente al espionaje de liberales; b) comunistas y sindicatos; c) tráfico de armas de Costa Rica; d) emisoras clandestinas y e) el complot desde Venezuela. Hay, por supuesto, otros asuntos como estafas, espionaje de extranjeros y transacciones económicas entre particulares. Digamos de paso que hay en estos reportes destellos de “individuos” nefastos para la seguridad colombiana que, bien sabemos, fueron destacados líderes de la democracia latinoamericana (y amigos de Eduardo Santos) como José Figueres de Costa Rica y Rómulo Betancourt de Venezuela.

Aquí nos limitamos, sumariamente, al primero y al último de estos asuntos que arrojan alguna luz sobre el espíritu de la seguridad de esa época colombiana.

Las chuzadas

El sábado 7 de octubre de 1950 El Siglo, diario de la familia del recién posesionado presidente Laureano Gómez, publicó en primera plana una nota de titular cáustico: “Uribe Holguín felicita a Carlos Lleras. Por su espíritu de colaboración política“. Titular engañoso porque la nota se limitaba a reproducir un cruce de cartas entre el Gobernador de Cundinamarca y el jefe de la Dirección Nacional Liberal, DNL. El 27 de septiembre de 1950 Carlos Lleras Restrepo se había dirigido al gobernador quejándose de que no podía conversar por sus teléfonos (de casa y de su oficina particular) debido a “ruidos extraños al fondo o con súbitas interferencias“. Y añadió: “Me haría usted un gran favor de amistad mi querido doctor, si pudiera librarme del control y desagradable vigilancia policíaca sobre mi vida privada, o al menos que ese control se ejerza con técnica suficiente para no dañarme completamente el teléfono y pueda yo así utilizar un servicio que estoy pagando puntualmente y que tengo derecho a que se me preste en forma correcta.” El gobernador respondió que los teléfonos de su despacho en la Gobernación y el de su misma casa presentaban un problema similar y prometió a su amigo averiguar con la empresa telefónica “a ver qué pasa“[4].

Comentando la noticia, Semana mencionó un decreto del presidente Ospina por el que autorizaba al Gobernador a controlar los teléfonos en Cundinamarca.[5] He buscado en vano el mencionado decreto en la historia de las leyes de la época. Tampoco encontré la legislación que autorizara lo que los partes de la policía llamaban “control de teléfonos“[6].

En efecto, en el AGN hay 32 reportes de chuzadas que cubren prácticamente todos los días hábiles de fines de septiembre a principios de diciembre de 1950. Cada reporte puede contener cuatro o más chuzadas. Estos partes estaban firmados por el Director del Departamento de Investigación de la Policía Nacional. Primero, el Teniente Coronel Manuel Agudelo G., quien envió el 25 de Septiembre un informe al Dr. Misael Pastrana B., Secretario Privado de la Presidencia. El coronel fue reemplazado por el Dr. Enrique Vargas Orejuela quien firma todos los partes aquí citados.

El mayor número de chuzadas lo ganaron la DNL, El Tiempo, Jornada, El Liberal, la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, y sindicatos importantes como el de Bavaria. En las casas, Eduardo Santos, Carlos Lleras, Gilberto Viera. Entre los más chuzados figuran, además, Roberto García Peña, Enrique Santos Castillo, Jorge Villaveces, Darío Samper, Alberto Galindo, Efraín del Valle, Julio César Turbay Ayala, Antonio Ordoñez Ceballos, Alfonso Palacio Rudas y Carlos H. Pareja.

Una breve inspección de las conversaciones de estos personajes resulta reveladora para el especialista en la historia política del período, en particular en el juego táctico de la oposición liberal, las divisiones internas (como el asunto Jornada y los gaitanistas o la discusión sobre si participar o abstenerse en las elecciones) así como las respuestas del gobierno. Pero hay otros aspectos que muestran las facetas triviales de la cotidianidad de la “democracia de caballeros” que empezaba a echarse a pique.

Así, dice un informe que “a las 7:25 pm del 23 de septiembre llama a la casa de Eduardo Santos, (ex presidente de la República, Primer Designado a la Presidencia y Director-propietario del diario El Tiempo, M.P.) un señor con ´asunto reservadísimo´ que se identifica como ´un sargento primero del ejército´.

Pasa el Dr. Santos “Haber, quién habla?”

El sargento- “Doctor Ud. Conoce al Doctor Luis Guillermo Bustamante?“

Santos - “No, no lo conozco personalmente pero sí lo he oído nombrar en la prensa“.

El Sargento - ”Bueno doctor; lo que yo le tengo que contar es un asunto muy importante y que nos interesa a todos“.

Santos - “Porque no le cuenta al Dr. Bustamante lo que sea, y que él venga acá a mi casa“.

Sargento - “Yo fuera personalmente a su casa, pero desafortunadamente no puedo porque estamos acuartelados y pedir un permiso sería peligroso pues podrían maliciar, pero para mañana voy a su casa de paisano, pues es muy urgente lo que tengo que contarle“.

Santos - “Pero para después de las seis que estoy en casa. Y tenga muchísimo cuidado con los teléfonos que están controlados, especialmente el mío“[7].

La semana anterior Santos había regresado al país[8] y pocos días después de esta llamada se produce la citada carta de Lleras a su amigo Uribe Holguín y uno presume que muchos de los chuzados pudieron estar “contra informando” y hasta divirtiéndose a costa de los detectives, como lo sugiere esta llamada del 6 de diciembre a las 2.10 pm reportada por el detective n° 559:

“Llamó una señora de la DLN (Dirección Liberal Nacional) y le contestó Mardoqueo Muñoz, a quien la señora le dice: ´Dígame cuántos muchachos hay y si almorzaron porque que les tengo un chocolatico´.

-Mardoqueo, ´llegaron nueve y faltan otros´.

- NN, ´Envíeme seis después me manda los otros y me da los datos de cuantos llegaron. Mi dirección es carrera 8ª # 20-6´“[9].

El complot de Venezuela

Colombia y Venezuela han jugado, recíprocamente, un papel de contrapartes en los juegos faccionales internos. Es bien sabido que Venezuela fue un refugio de liberales exilados en la época de La Violencia y que Betancourt fue un coco del gobierno de Ospina Pérez. De las diversas referencias a un complot contra el estado colombiano que se fraguaba en el vecino país hay una que amerita una trascripción completa por su carácter delirante y porque muestra el grado de estupidez a que pueden llegar los servicios de inteligencia cuando no cuentan con los recursos materiales adecuados y se alimentan de la retórica de los amos a los que sirven.

“Octubre 24 de 1950

Secretario Privado Presidencia de la República.

Ref: Varios asuntos sobre orden público

Por vía informativa me permito trasmitir a ese despacho la siguiente información llegada a este Departamento.

´Una mujer mona de unos 23 años, habla inglés y portugués, poco castellano, viaja de Colombia a Venezuela. Tiene una marca en la axila izquierda con el número 725. Lleva siempre una cámara fotográfica. Se dice escritora. Es enlace entre la Dirección Nacional Liberal y la oficina comunista de Venezuela. Está en Bogotá y va a El Tiempo ahora todos los días.

El doctor López Velázquez, político colombiano, está en Caracas, tiene de secretario privado un muchacho de unos 20 años, mono, gordo.

Fernando Soler Gómez, ex oficial está en Caracas, tiene certificado de buena conducta, expedido por la Policía de Bogotá. Participó en el 9 de abril con las radios clandestinas, desde la laguna de Fúquene.

Fernando Forero, Ingeniero, está en Caracas y tiene pasaporte.

José Antonio de la Rocha León puede estar todavía en los Llanos. Mal elemento.

Luis Carlos Cortés Castillo, ex teniente de la Policía del régimen liberal, tiene misión comunista.

Un coronel retirado que probablemente está en Caracas como exilado.

Emelina Velázquez de Bautista, casada con Juan, está en Caracas.

Plinio Mendoza Neira, está en conexión con los revolucionarios.

Francisco J. Chaux, está en conexión con los revolucionarios.

Todos estos están comprometidos en un complot comunista para invadir a los tres país (sic) (Colombia, Ecuador y Venezuela) con bases aéreas en los Llanos, en los campos de la compañía Shell, en La Hermosa (Caño).

En dos ciudades de Colombia hay armas y explosivos por ocho millones de dólares, como parque de reserva.

Pedro José Abella, tolimense, Jefe de las guerrillas clandestinas que han matado a la Policía, puede estar en Caracas, veterano de la guerra en España contra Franco, tiene conexiones muy estrechas con una asociación comunista.

En El Calla (sic)- Lima se venden armas para la revolución en Colombia, y las armas que tienen en el Tolima fueron traídas de allá. En el Tolima hay cerca de 4.000 fusiles, en Bogotá, en todos los barrios existe una organización armada; guardan las armas especialmente en los techos de las casas. En Bogotá hay cerca de 5.000 fusiles y 25 fusiles ametralladoras. En el Llano hay dos ametralladoras Tompson (sic).

Mateo Leal, Tesorero de Eliseo Velásquez. Posiblemente está en Bogotá.

N. Monroy viaja a Sogamoso. Usa bigote, pelo negro, una mano lisiada.

Vigilar mucho el Meta y el Cravo Sur, especialmente el lugar denominado La Hornilla, fundo, a la margen derecha bajando están los subterráneos donde albergan los cuarteles generales y donde iban a poner una radio clandestina.

Comunicar a Caracas que Arévalo Cedeño está preparando en Venezuela lo mismo que para Colombia (la invasión).

En estos días viajó a los llanos una comisión colombiana con el fin de preparar los campos clandestinos.

El secretario del gerente del Banco de Colombia pasa por conservador, y es liberal, y está en todos estos secretos.

Un Capitán de la Brigada de Institutos Militares está con los revolucionarios.

Eliseo Velásquez pasó a Venezuela a firmar un contrato de entrega de los campos de aterrizaje; esperan una invasión de 70 aviones rusos, manejados por mejicanos.”

De Ud. Atentamente,

Enrique Vargas Orejuela

Jefe del Departamento de Investigación

Policía Nacional.”[10]

Un sancocho con todos los ingredientes del mal: una monita, enlace de la DNL con “la oficina comunista de Venezuela“; unas ametralladoras Tomson (sic) traídas del Perú y miles de fusiles guardados en los techos de las casas de “todos los barrios de Bogotá”; unos cuarteles subterráneos en el Cravo Sur; un Eliseo Velásquez que “pasó a Venezuela a firmar un contrato de entrega de los campos de aterrizaje; esperan una invasión de 70 aviones rusos, manejados por mejicanos“.

Nombres rociados al azar donde figuran los respetables Francisco José Chaux y el beligerante Plinio Mendoza Neira, refugiado en Caracas, y un coterráneo boyacense un “N. Monroy que viaja a Sogamoso. Usa bigote, pelo negro, una mano lisiada.”. ¡Ah! Sogamoso, la puerta al llano, la puerta al infierno.

Todo sería una mala comedia de no mediar el lado siniestro de estas alcantarillas del poder político en trance de dictadura. La mentira que se alimenta de la mentira: el círculo de la retórica fascistoide.

Notas de pie de página

[1] Decretos extraordinarios y decretos reglamentarios de leyes expedidos por la rama ejecutiva en desarrollo del artículo 121 de la Constitución Nacional, durante del año de 1949, Bogotá, Imprenta Nacional, 1950.

El 28 de noviembre de 1949 los dirigentes del Partido Liberal, encabezados por los ex presidentes López y Santos; Carlos Lozano y Lozano, Darío Echandía y Carlos Lleras Restrepo, dirigieron una carta “de muchas firmas” al presidente Ospina Pérez protestando por esta legislación que llamaron de “golpe de estado”. Carta publicada en el folleto El golpe de estado del 9 de noviembre, (sin fecha ni pie de imprenta) copia en AGN, Ministerio de Gobierno (del Interior) Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 10, Propaganda subversiva, 1950

[2] Ministerio de Gobierno Acta número 1 del Comité de Archivo y Correspondencia, Bogotá, 1967. El Dr. Mauricio Tovar del AGN me suministró amablemente copia.

[3] Por ejemplo, Comunicación del Teniente Coronel Alberto Gómez Arenas, Director General de la Policía Nacional, al Ministro de Gobierno, 4 diciembre de 1950 sobre situación de la policía en la región de Chaparral, AGN, Ministerio de Gobierno, Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 9, Situaciones de orden público.

[4] El Siglo, 7 de octubre de 1950, pp. 1 y 12

[5] Semana, 14 de octubre de 1950, p.5

[6] El Decreto Extraordinario 477 de 1950 (Diario Oficial 27.255 de febrero de 1950) establece un control de comunicaciones telefónicas, pero no de chuzadas.

[7] AGN, Ministerio de Gobierno, Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 9, Situaciones de orden público.

[8] Semana, 16 Septiembre 1950, p. 6

[9] Ibídem.

[10] Ibid.


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