sábado, 5 de noviembre de 2016

El Islam no es un gueto

EL  ISLAM NO ES UN GUETO

Por: Said Abdunur Pedraza, organizador del Primer Foro de Musulmanes como Agentes de Paz (2016) y director del Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista (2009-2010)

(Documento preparado en el marco del Primer Foro de Musulmanes como Agentes de Paz, organizado por Máktaba con el patrocinio de Islam in Spanish. 1 de octubre de 2016

Puede ser descargado en formato PDF en www.academia.edu/29688330/EL_ISLAM_NO_ES_UN_GUETO)



As salamu aláikum. Que la paz de Dios sea con todos ustedes.

Hace unos meses, dejó la ciudad de Bogotá un hermano muy querido, el Chaij Abo Hasan. Regresó a su país, Egipto, luego de vivir tres años entre nosotros y ser imam de la Mezquita Estambul. Un gran musulmán, que estudió español en la Universidad Nacional de Colombia para integrarse a nuestra comunidad y conocer mejor nuestra realidad. Abo Hasan es egresado de la famosa universidad de Al Azhar, una de las más antiguas del mundo. Ahora está en su pueblo, Asuan, al sur de Egipto, y desde su casa vio la firma del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. Luego, publicó esto en su perfil de Facebook:

“Me gustan mucho las palabras que pronunció el presidente colombiano: ‘Prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas a una guerra perfecta que siga provocando muertes’. Estas palabras me hacen recordar los dichos de los sabios del Islam, pues muchos de ellos han dicho que es mejor dar a la gente un perdón incorrecto que un castigo correcto. Para mí esto también es mejor.”


Un  sabio del Islam es alguien que estudió profundamente esta forma de vida y la puso en práctica, y cuyas opiniones siempre estuvieron sustentadas en el texto original del Corán en árabe, y en los dichos auténticos del profeta Mujámmad (Que Dios lo bendiga). Podemos decir con toda claridad y confianza, basados en evidencias claras, que lo que Dios Todopoderoso y Eterno nos ordena en el Corán, y lo que el profeta Mujámmad (SAWS) nos enseñó con su propio ejemplo de vida, es que evitemos el derramamiento de sangre, que busquemos salidas pacíficas a los conflictos, que agotemos siempre todas las vías diplomáticas, y que incluso cuando legalmente se dé el caso de que un musulmán tenga derecho a exigir que se castigue a alguien que lo ha perjudicado, para el musulmán siempre es mejor perdonar. Dice Dios en el Corán:

“La ofensa debe ser retribuida por una pena equivalente, pero quienes sepan perdonar serán recompensados por Dios.” (42:40)


He  iniciado hablando de un hermano egipcio, porque algo que me ha causado una impresión honda en este último mes, es que los extranjeros se entusiasman cada vez más con el fin del conflicto colombiano y apoyan, desde muchas perspectivas, pero siempre con mucha energía, que se apruebe el acuerdo de La Habana en el plebiscito que se realizará mañana. Para la mayoría de ellos, el fin de la guerra contra las FARC significa un avance para la paz de toda Latinoamérica y de todo el mundo. Parece que entienden en profundidad lo que dice la historiadora Diana Uribe en su video “dejemos de matarnos”, que cuando un conflicto acaba, la humanidad en su conjunto avanza, y no les cabe en la cabeza que haya gente en este país que esté en contra, que quiera votar por el NO.

El expresidente uruguayo Pepe Mujica aseguró que, si Colombia dice NO a los acuerdos de paz, daría la impresión de ser un pueblo esquizofrénico que se aferra a la guerra como forma de vida, y América Latina difícilmente entendería esa decisión. El periodista británico John Carlin aseguró que “nada disolverá la percepción universal de que Colombia es un país retrógrado y absurdo si sus habitantes niegan su apoyo al acuerdo final para la terminación de medio siglo de conflicto.” Y la estadounidense Jody Williams, premio Nobel de la paz, afirmó: “Si hay impunidad para las FARC también hay impunidad para la gente del otro lado que también estaba empujando la guerra. Los militares también cometieron violaciones, los paramilitares hasta más, y hay políticos que también tienen culpa de lo que ha pasado en este país, y solamente fijarse en las Farc… las Farc... las Farc...”

La contraparte es que no pareciera que el pueblo colombiano en general estuviera igualmente entusiasmado. Como si nosotros mismos no pudiéramos ver y entender lo que ellos, desde afuera, tienen tan claro. Uno podría salir del paso con el argumento facilista de que los colombianos estamos tan acostumbrados a la guerra, o tan genéticamente dispuestos a la violencia, que sumarle dos meses, dos años, o dos décadas más a esta matanza, se nos hace poca cosa con tal de lograr un acuerdo “más favorable” para el país, aunque no hay ni una sola propuesta sobre qué diría, en concreto, ese supuesto nuevo acuerdo.

Pero el asunto va más allá. Porque tenemos algo claro, imperfecto, incompleto, pero tangible. No es solo un texto escrito que es de dominio público. Las FARC ya han entregado menores de entre sus filas a la Cruz Roja Internacional, ya han comenzado a entregar explosivos a la ONU, ya han trabajado en conjunto con las fuerzas militares del país en una versión piloto del programa de desminado, ya han pedido perdón a víctimas, ya han cesado el fuego… Es decir, de todo lo que las FARC han prometido hacer, ya hay un inicio, ya hay cosas que se están haciendo. Y ya tenemos un cese bilateral al fuego que, según las cifras del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, ha significado una reducción de 98% en muertes de civiles en todo el país. Es decir, no es que si gana el sí comenzamos de ceros, no es que estamos creyendo a ojo cerrado que las FARC van a cumplir: ya hay un camino transitado, que es real y tangible. No, no es 100% seguro, no vamos a la fija, pero es que no existe nada 100% seguro en la vida, y seguir este camino es lo que se llama un riesgo calculado. Y la alternativa, con el no, es parar todos esos procesos a ver qué pasa. Sí, a ver qué pasa, porque nadie tiene claro qué pasaría si gana el NO. Y como dijo el reconocido escritor bogotano Mario Mendoza:

“Si ellos lograron el acuerdo de paz allá, y nosotros no apoyamos ese acuerdo, eso significa que el problema no es la guerrilla, ni tampoco lo son los paramilitares, el problema somos nosotros.”


Lo  único que podemos tomar como referencia real, clara, de lo que pasaría si gana el NO, es la experiencia de Guatemala. En 1999, en ese país centroamericano se hizo una consulta popular para refrendar las reformas constitucionales acordadas en el proceso de paz con la guerrilla. A la gente la asustaron con una serie de mentiras, como que se iba a acabar el ejército, y aunque en los campos, los que más habían sufrido la violencia apoyaban el SÍ, la gente de las ciudades creyó lo que decían los militares y finalmente ganó el no. Hoy en día, los guatemaltecos afirman que su país está peor pues, aunque se respetó el cese al fuego y la guerrilla se desmovilizó y entregó las armas, no se hicieron efectivos los cambios en el sistema político y social necesarios para superar las causas del conflicto, y tampoco se tomaron medidas para terminar con las violaciones a los Derechos Humanos por parte de las fuerzas armadas. Además, el crimen organizado prosperó en el ambiente de violencia que generó el vacío dejado por las reformas rechazadas.

Por lo tanto, la decisión entre el SÍ y el NO es una decisión entre lo que ya se acordó, firmó y comenzó a ponerse en práctica, y un deseo nebuloso de que las cosas sean distintas sin saberse cómo, ni cuál sería la forma de lograrlas de ese modo distinto pero desconocido. Es la decisión entre SÍ vamos a trabajar por este camino que está dando algunos resultados y ya ha salvado vidas, y NO vamos a ceder hasta que todos los de las FARC estén en la cárcel, no sabemos cómo, ni en cuánto tiempo, ni a qué precio.

Los musulmanes estamos convencidos total, profunda y definitivamente, de que el Corán es la Palabra auténtica de Dios, y defendemos con evidencias lógicas, históricas y documentales esa idea. En el Corán, Dios nos dice:

“Quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra, es como si matara a toda la humanidad. Pero quien salva una vida es como si salvara a toda la humanidad.” (5:32)


Miremos lo que nos dice aquí: Si matas a alguien que es inocente, mereces el mismo castigo que si extinguieras a la raza humana por completo. Pero si salvas a alguien, inocente o no (aquí Dios no pone condición alguna) mereces la misma recompensa que si salvaras a la humanidad entera. Y ya que el profeta Mujámmad (SAWS) dijo que los creyentes debemos competir en hacer buenas obras, tenemos la obligación de aprovechar cualquier oportunidad que tengamos de salvar o de ayudar a salvar una vida, aunque esa vida sea la de nuestro peor enemigo. Simple y llano.

El profeta Mujámmad, que Dios lo bendiga, fue un gran diplomático que sirvió muchas veces como intermediador, solucionando conflictos de manera pacífica. Una vez, él fue a la ciudad de Taif, al sur de La Meca, para llevar allí el mensaje del Islam. La gente lo sacó de la ciudad a pedradas. Los mayores les ordenaron a los niños que ayudaran a lanzarle piedras para que saliera de la ciudad y no volviera nunca. A las afueras de la ciudad, cuando dejaron de perseguirlo, el profeta estaba sangrando al punto de que sus sandalias estaban inundadas de sangre, entonces se le apareció el ángel Gabriel y le preguntó si quería que esa ciudad fuera aplastada por dos montañas. Mujámmad, que Dios lo bendiga, le respondió que no, porque quizás los hijos de esa gente, o los hijos de sus hijos, podrían ser buenos creyentes. Es decir, el profeta en lugar de querer castigar a quienes lo agredieron, prefirió salvar sus vidas con la esperanza de que sus descendientes fueran mejores que ellos. Extrapolemos eso a nuestra realidad actual y pensemos que los miembros de las FARC le han hecho mucho daño a este país, pero sus hijos y nietos merecen la oportunidad de hacer algo bueno por Colombia. Como dije antes, desde que se inició el cese bilateral al fuego entre el gobierno y las FARC, se han reducido las muertes por causa del conflicto en un 98% Solo por las vidas que ya se han salvado, vale la pena arriesgarnos a continuar por ese camino, con todos los peros que podamos hallarle, porque si le podemos hallar peros, es precisamente porque tenemos algo concreto qué criticar.

De hecho, si de encontrarle fallas al acuerdo de La Habana se trata, los musulmanes seríamos los campeones. Para nosotros el asunto es simple y llano: Ni Santos ni Timochenko son musulmanes, no hay un solo musulmán ni en el secretariado de las FARC ni en el gobierno colombiano, y la voz de los musulmanes no fue escuchada ni tenida en cuenta en lo absoluto durante los casi 6 años de negociaciones. Ningún musulmán tuvo participación en los hechos que desencadenaron esta guerra. Pero más importante, quienes escribieron esos acuerdos no estaban pensando en cumplir la ley coránica. Santos nunca le dijo a Timochenko: “Comandante, debe tener en cuenta que el Corán dice tal y tal cosa…”, ni Timochenko le dijo jamás a Santos: “Ojo, presidente, esto hay que incluirlo en el acuerdo porque el profeta Mujámmad (SAWS) dijo en un jadiz que ha sido autenticado, tal y tal cosa…”

Podríamos, entonces, asumir la posición de gueto, mostrarnos ajenos a la realidad que está viviendo la sociedad que nos rodea, declararnos extraños a ella, y dejar simplemente que los no musulmanes decidan si siguen matándose entre ellos o no, pues al fin y al cabo, mientras no acepten la ley de Dios y obedezcan a su Creador, el Único Dueño y Señor de todo cuanto existe y el Único merecedor de adoración, jamás podrán construir una sociedad justa y en paz para todos, pues las leyes de los hombres siempre serán imperfectas. Nosotros sabemos que toda fuerza y todo poder provienen solo de Dios y, por lo tanto, solo Dios puede guiarnos y ayudarnos para darle paz a nuestras vidas. Si no obedecemos a Dios, si no nos esforzamos en cumplir Sus mandatos y en seguir el ejemplo de Sus profetas, seguiremos como el hombre en la caverna de Platón, estrellándonos en la oscuridad, persiguiendo sombras, sin conocer jamás la verdad.

Pero el Islam no es un mensaje para ser guardado o escondido, no le pide a los musulmanes que se abstengan de participar en las sociedades en las que viven. Todo lo contrario. Noé, Abraham, Moisés, Salomón, David, Juan el Bautista, Jesús, Mujámmad y los demás enviados de Dios, que Dios los bendiga a todos, vivieron en medio de sociedades y pueblos que desobedecían a Dios. Fueron enviados precisamente para servir de guía a esos pueblos. Tuvieron que ser partícipes de sus sociedades, algunos incluso como dirigentes, como el caso de Moisés y Salomón. Ya que Mujámmad fue el último profeta, el profeta enviado para toda la humanidad, y ya que él es el ejemplo que tenemos a seguir, nuestra misión como musulmanes no es aislarnos del mundo, sino también ser un ejemplo para el mundo. Un ejemplo de misericordia, como nos ordena Dios en el Corán:

 “Aquellos que hacen caridad, tanto en momentos de holgura como de estrechez, controlan su enojo y perdonan a las personas, sepan que Dios ama a los que hacen el bien.” (3:134)

Los musulmanes que vivimos en Colombia, tanto los inmigrantes como los nativos, tenemos la misión de mostrarle a este país la belleza y la veracidad del Islam, no con meros discursos y exposiciones, sino con nuestro diario vivir. Por eso, es de fundamental importancia que, como individuos y como comunidad islámica, apoyemos el proceso de paz colombiano, no solo votando por el SÍ, sino dando luces a esta sociedad sobre cómo construir un país en paz en el posconflicto, con nuestro propio trabajo, con nuestros propios proyectos de construcción de paz. Así como en su tiempo los profetas tuvieron que trabajar desde ceros, llevando el mensaje del monoteísmo puro a sus pueblos, trabajando para mejorar sus sociedades, así mismo debemos nosotros mantenernos firmes en nuestra fe, trabajando para mejorar nuestra sociedad, llevando así el mensaje divino a los colombianos, sin esperar ni pretender que toda Colombia se haga musulmana, sino cumpliendo nuestro deber de llevar luz a la oscuridad, pues solo Dios guía a quien Él quiere. Dios mismo nos dice en el Corán que Él hubiera podido hacernos a todos creyentes, pero no lo hizo así, por eso somos diversos, y por eso los musulmanes siempre hemos convivido con no musulmanes, la sociedad islámica siempre ha sido una sociedad incluyente, una civilización que reconoce la libertad de culto, y por lo tanto, desde el inicio los musulmanes hemos estado llamados a respetar la diversidad, invitando a los no musulmanes a conocer y aceptar el Islam, pero sin proselitismo y sin coacción, pues Dios mismo nos dice: “No se puede forzar a nadie a creer.” (2:256) Sabemos que lo más importante en la vida es creer en Dios y adorarlo solo a Él, pues Dios nos dice en el Corán que Él nos creó para eso, ese es el propósito de nuestra vida. Y si se nos ha prohibido obligar a una persona a hacer aquello para lo que fue creada, ¿acaso podemos obligarla a cualquier otra cosa?


Por otra parte, analizando el texto de los acuerdos de paz de La Habana, hallaremos que, aunque no se hayan tenido en cuenta los valores y principios islámicos para su redacción, en su espíritu y en muchos de sus puntos están de acuerdo con los mismos, debido a que el Islam mantiene el mensaje de la religión original, y por lo tanto, sus principios son universales y pueden hallarse en el núcleo o en los orígenes de todo sistema moral.

Antes de embarcarnos en la organización de este foro, consultamos con eruditos islámicos de diferentes países. Mi esposa y yo estudiamos árabe y ciencias islámicas en Egipto, donde vivimos cuatro años, pero no somos eruditos, y mientras uno más estudia el Islam, más aprende la importancia de preguntar a quien sabe más que uno, y asegurarse de hacer las cosas como Dios manda. Así que preguntamos si hacer este evento era islámicamente correcto, si estábamos bien enfocados, si es lícito en la jurisprudencia islámica que los musulmanes participemos con nuestro voto en el plebiscito, y a todo esto recibimos respuestas positivas.

De hecho, solicitamos una fatua, una opinión legal de un mufti, un doctor en jurisprudencia de Cátar, quien nos respondió que la participación en un proceso electoral en el que no se elige una persona ni un partido, sino se refrenda un acuerdo, es perfectamente lícita para los musulmanes. Esto fue corroborado por el Chaij Anas Quevedo, graduado en derecho islámico de la Universidad de Medina. Luego hablamos con el Chaij Isa García, quien no solo estuvo de acuerdo con este evento, sino que nos brindó su apoyo y confirmó su participación junto con su esposa. A medida que íbamos involucrando a más musulmanes en el proyecto, recibíamos más apoyo de las personas de conocimiento, como el Chaij Lyes Marzougui, que en cuanto lo invitamos a participar confirmó sin vacilar su apoyo. Por eso, no tenemos ninguna duda de que los musulmanes no solo podemos participar en el plebiscito, sino que debemos hacer todo a nuestro alcance para ayudar a la sociedad colombiana a aprender a vivir en paz.

Y esto último es lo más complicado. Hace unos pocos días, salimos con mi esposa en la moto para realizar algunas diligencias relacionadas precisamente con la organización de este foro. De repente, otra moto nos alcanzó y nos cerró, nos obligó a parar en medio de una avenida. El conductor comenzó a lanzarnos improperios, y luego comenzó a agredirnos físicamente dejando atónito incluso a su acompañante. Según él, yo le había cortado el paso y casi lo hago caer. Ahora bien, si me hubiera alcanzado en el semáforo, y allí me hubiera dicho que debía tener más cuidado, que casi lo hago accidentarse, yo simplemente me hubiera disculpado, le habría dicho que en verdad no me había dado cuenta de nada y que tendría más precaución. Eso habría sido todo, y yo, aunque seguro de no haber hecho ninguna maniobra peligrosa, habría quedado con el pensamiento de que debía estar más atento. Pero esta persona recurrió directamente a la violencia, por poco causa un accidente, nos agredió, tuve que llamar a la policía, y aunque al final el asunto no pasó a mayores, todos nos exaltamos, nos estresamos y perdimos media hora de nuestro día de forma completamente absurda e inútil.

Eso es lo que hay que transformar. Tenemos que desarmar nuestros corazones. El profeta Mujámmad nos enseñó que debemos ser gentiles con todos (reyes, siervos, ricos, pobres, blancos, negros, amarillos, mujeres, hombres…), y que debemos ser buenos vecinos. Veamos algunos ejemplos de esas enseñanzas:

Dijo Anas (que Dios esté complacido con él) que iba caminando junto al profeta (que Dios lo bendiga) cuando un beduino se acercó a él y lo tironeó violentamente de su capa dejándole marcas en el cuello, y le dijo: ‘Mujámmad, ordena que me den algo de las riquezas que Dios te ha dado.’ El profeta (SAWS) lo miró, sonrió y pidió que le dieran algo. Esto está registrado en Bujari y en Múslim.

Un compañero le informó al profeta (SAWS) que la tribu de Daus se había rebelado y le pidió que hiciera una súplica a Dios en contra de ellos. El profeta (SAWS) se encaró hacia La Meca, levantó sus manos y dijo: “Dios, guía a la tribu de Daus y tráela de regreso.” Esto está registrado en Bujari y en Múslim.

Cuando Úmar Ibnu Ámir (RA) le preguntó al profeta (SAWS) cuál era el mejor acto, este le respondió: “Mantén los lazos de parentesco con aquellos que lo cortan, dale al que te ha privado, y no busques vengarte del que te hizo daño.” Esto está registrado en Ájmad y en At Tabarani.

Y también en Ájmad está registrado que el profeta, que Dios lo bendiga, afirmó:

“Un árabe no es mejor que un no árabe, y un no árabe no es mejor que un árabe; una persona blanca no es mejor que una persona negra y una persona negra no es mejor que una blanca, excepto por la piedad.”

Es  decir, todos somos iguales, y lo único que nos diferencia ante Dios, son nuestras buenas obras.

Recordemos también que al profeta (SAWS) lo persiguieron, lo humillaron, lo atacaron, hicieron atentados contra su vida, sus seguidores fueron discriminados, agredidos, torturados, algunos asesinados, todos finalmente exiliados. Sin embargo, no solo respetó la vida, la integridad y las propiedades de sus enemigos, que por más de una década le habían hecho la vida imposible, y que le habían declarado la guerra, causando muerte y destrucción entre los musulmanes. Cuando el profeta llegó a La Meca con un gran ejército y entró sin que nadie pudiera oponérsele, no permitió el pillaje, no puso en la cárcel a nadie, permitió que quienes quisieran quedarse lo hicieran con todas las garantías sin exigirles nada a cambio, excepto el cumplimiento de la ley (como en toda sociedad) y, es más, aceptó como sus hermanos a aquellos de sus enemigos que decidieron abrazar el Islam. Esto llegó a tal punto, que la mujer que ordenó el asesinato de su amado tío, se acercó a él totalmente cubierta para que no la reconociera, y le dijo que quería aceptar el Islam. Él supo que era ella y se lo dijo, sintiendo un profundo dolor y una enorme rabia. Ella le pidió perdón y le dio su testimonio de fe. Él recibió su testimonio y la aceptó como su hermana en el Islam, dándole los mismos derechos y garantías de los demás musulmanes.

En otros jadices está registrado que el profeta dijo palabras que nos instan a perdonar y tener misericordia con los demás seres humanos, sean musulmanes o no. El profeta Mujámmad dijo: “Si muestras misericordia hacia los que están en la Tierra, Aquel que está en el cielo mostrará misericordia hacia ti.” También dijo: “Aquellos que no muestran misericordia hacia los demás, no recibirán misericordia,” y: “quienes son misericordiosos recibirán misericordia del Señor Más Misericordioso.” Y también dijo: “La amabilidad embellece todo lo que toca, y su ausencia hace las cosas feas.”

Ese es el ejemplo del hombre que los musulmanes afirmamos seguir. Él es nuestro modelo de vida. ¿Y por qué Mujámmad fue tan magnánimo? Porque obedecía las órdenes de su Señor. Dios nos dice en el Corán:

“Ante todo, elige perdonar.” (7:199)






Los musulmanes no podemos esperar que un día, milagrosamente, toda Colombia sea musulmana, para entonces poder vivir en paz bajo la ley de Dios. No, nuestra labor es ser parte de esta sociedad que también es nuestra, porque también somos colombianos; construir una Colombia en paz, porque esta también es nuestra tierra; y dar lo mejor de nosotros para que, con nuestro trabajo, nuestra actitud, nuestro compromiso, el resto de Colombia vea que el Islam es una opción, una propuesta diferente e interesante, para la construcción de un país pacífico, equitativo, con bienestar para todos, tanto musulmanes como no musulmanes. Esa es la mejor forma de dawa que existe. Y este es un momento crucial. Esta es nuestra más grande oportunidad de acallar las falsas acusaciones y la mala prensa contra el Islam, y demostrarle a nuestro país y al mundo entero, que el Islam es paz, porque es una forma de vida que nos enseña de manera real y efectiva, a construir la paz.

Mañana, dos de octubre de 2016 según el calendario gregoriano, se llevará a cabo el plebiscito que definirá el camino que los colombianos queremos seguir en relación a la construcción de la paz en nuestro país. Casualmente, en el calendario musulmán mañana es primero de mujárram de 1438, es decir, el primer día de un nuevo año. Invito a los ciudadanos colombianos musulmanes a iniciar este nuevo año islámico votando por el SÍ; empecemos el año alentando la esperanza, con el compromiso de ser parte activa de los procesos del posconflicto para hacer de este un país mejor.

Para terminar, quiero compartir con todos, musulmanes y no musulmanes, un consejo muy sabio que nos da Dios mismo en Su Revelación, y que es la clave para que este proceso de paz realmente funcione:

“Responde con una buena actitud [si eres maltratado], y verás que aquel con quien tenías enemistad se convierte en un amigo ferviente.” (41:34)

Muchas gracias.



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