sábado, 18 de julio de 2009

El Mal del Tabaquismo

El Mal del Tabaquismo

Tomado de http://www.inforislam.com/tabaquismo.htm, traducción, prólogo y resumen de Omar Ribas.

PRÓLOGO

Una de las adicciones más extendidas en nuestros días es el tabaquismo. Alrededor del tabaco, consumido especialmente en forma de cigarrillos, se mueven cada día enormes cantidades de dinero. Muchas personas en todo el mundo dependen del tabaco para vivir, a la vez que millones de personas mueren a causa de las enfermedades que ocasiona. En el Islam todo lo que daña a la persona está estrictamente prohibido.

Por este motivo, muchos sabios musulmanes, a medida que se ha ido estableciendo la relación directa entre tabaco y enfermedades, han ido emitiendo fatuas (dictámenes jurídicos de la Ley islámica) contrarios a este hábito. El texto que sigue no es ninguna fatua, pero contiene los argumentos y las pruebas que manejan nuestros sabios para declarar la ilicitud del tabaco para los musulmanes.

Muchos somos los musulmanes que hemos fumado y lo hemos dejado. Con este texto queremos hacer reflexionar a los que aún fumen para ayudarlos a abandonar la esclavitud a la que los somete el consumo de esta sustancia.

FUMAR, ¿DESACONSEJABLE O PROHIBIDO?

El tabaco fue descubierto por los conquistadores españoles de América, hace más de 500 años; desde España, se extendió por el resto de Europa, y de allí al mundo islámico cerca de 100 años más tarde.

Desgraciadamente, mientras que Occidente hace tiempo que se ha dado cuenta de los peligros del fumar y ha intentado reducirlo, en los países musulmanes, el tabaquismo se ha extendido con poca o ninguna interferencia.

Los sabios musulmanes de la época, confrontados con este hábito detestable, lo declararon makruh (desaconsejable), comparándolo con cosas del estilo de los ajos y las cebollas (por aquello del mal aliento). Esto es debido a que, en ese tiempo, nadie era consciente de los efectos nocivos producidos por el tabaco, que incluyen cáncer, enfermedades del corazón, abortos y nacimientos prematuros en las mujeres y muchas otras enfermedades.

Desde que ha quedado claro que fumar es malo, es obligatorio que los musulmanes se abstengan de este vicio, según la opinión de muchos ‘ulamá, que lo han declarado jaram (prohibido), porque Al-Lah ha dicho: “(…) Y no os matéis a vosotros mismos pues Al-Lah es siempre Compasivo con vosotros” (Sura an-Nisá, 4:29), y el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-Lah sean con él) dijo: “No seáis de los que cometen daño y os cometáis daño” (Narrado por Ajmad).

A pesar de ello, algunos musulmanes, deliberadamente o por ignorancia, han seguido repitiendo el juicio de los sabios de los primeros tiempos de la introducción del tabaco, es decir, que fumar es makruh y no jaram.

El Mensajero de Al-Lah (PB) también dijo: “Los pies del hombre no partirán, en el Día del Juicio, de su posición ante su Señor, hasta que se le haya preguntado sobre cinco cosas: su vida y cómo la pasó; su juventud y cómo la usó; sus bienes –dónde los ganó y cómo los gastó; y cómo siguió lo que conocía” (Narrado por at-Tirmidhi).

Él (PB) también dijo: “Quien se envenene, matándose con ello, consumirá su veneno en el Fuego del Infierno y habitará allí eternamente” (Narrado por al-Bujâri).

Fumar es también perjudicial para la razón y la mente humana. Sólo hay que observar a un fumador cuando está privado un rato de sus cigarros: es brusco, nervioso, se enfada rápidamente y es incapaz de concentrarse. No puede relajarse hasta que tiene su “pitillo”. Tiene insomnio, indigestión, episodios de ansiedad aguda y demás…

El Mensajero de Al-Lah (PB) dijo: “Quien crea en Al-Lah y el Último Día no debe herir a su vecino” (Narrado por al-Bujâri). Él (PB) también dijo: “En verdad, el ejemplo de un buen compañero y uno malo es como el de un vendedor de perfume y un herrero: el primero te dará algún perfume o tú se lo comprarás, o, al menos, obtendrás un buen olor de él. Y por lo que respecta al soplador de los fuelles, obtendrás mal olor de él o quemará tu ropa” (Narrado por al-Bujâri y Múslim).

Fumar, además, es gastar el dinero de uno en cosas que sólo ofrecen un perjuicio y ningún beneficio, acerca de lo que Al-Lah el Altísimo dice: “(…) pero no malgastes en derrochar. Verdaderamente los derrochadores son hermanos de los demonios y Satanás es ingrato con su Señor” (Sura al-Isrá, 26-27), y el Mensajero de Al-Lah (PB) dijo: “Al-Lah te aborrece por tres cosas: chismosear, mendigar y derrochar el dinero” (Narrado por al-Bujâri y Múslim).

Fumar comporta consumir una mala sustancia. Tiene un olor desagradable, un sabor horrible y es dañino para el cuerpo. Al-Lah dice: “(…) Y que les ordena [el Profeta (PB)] lo reconocido como bueno y les prohíbe lo reprobable, les hace buenas las cosas lícitas e ilícitas las malas y los libera de las cargas y de las cadenas que pesaban sobre ellos (…)” (Sura al-Araf, 7:157).

Un fumador no sólo se hace daño a sí mismo, sino que lo hace a los demás. Con su mal ejemplo, los miembros de su familia, sus compañeros y amigos también fuman. De una u otra manera extiende el vicio a los demás. El problema aumenta cuando el fumador pertenece a un ámbito dedicado al Islam o a la educación, porque la gente lo puede tomar como modelo. Esto multiplica su falta ante Al-Lah y aumenta su carga.

Los fumadores encuentran el ayuno durante el mes de Ramadán más difícil que los no fumadores (el ayuno implica no comer, no beber, no fumar y no tener relaciones sexuales desde el alba hasta el ocaso), porque sufren una forma de adicción. Raramente ayunan voluntariamente porque incluso el ayuno obligatorio supone un problema para ellos.

La prohibición de fumar se aplica igualmente al usuario, el vendedor, el cultivador, el fabricante, el anunciante y todo aquellos que están implicados en su producción, venta o consumo, porque Al-Lah dice: “(…) Y buscad ayuda en la virtud y en el temor de Al-Lah, no en la desobediencia ni en la trasgresión. Y temed a Al-Lah, es cierto que Al-Lah es Fuerte castigando” (Sura al-Maida, 5:2).

Y el Mensajero de Al-Lah (PB) dijo: “En verdad, cuando Al-Lah prohíbe algo, prohíbe comerse su precio [obtener beneficio económico de ello]” (Narrado por Ajmad).

Así que, queridos hermanos y hermanas, si sois adictos a ese mal hábito, tenéis que poner vuestra intención firmemente en dejarlo y buscar ayuda en Aquél que lo ve y lo oye todo, y que contesta la súplica del creyente sincero. Él dice: “Y cuando mis siervos te pregunten sobre Mí…Yo estoy cerca y respondo al ruego del que me pide, cuando me pide; así pues que ellos me respondan y crean en Mí, ¡Ojalá se guíen rectamente!” (Sura al-Bácara, 2:186).





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