domingo, 7 de marzo de 2010

Islam y el Dinero Real

ISLAM Y EL DINERO REAL

Por AbdalHaq Bewley

Traducido al español por Néstor Pedraza

Hace unos años, cuando la ciencia de la computación aún estaba en su infancia, surgió un término que distinguía a los programas de procesamiento de palabras más avanzados, que pretendían mostrar fielmente en la pantalla lo que aparecería finalmente impreso en papel. Ese término fue WYSIWYG (pronunciado waisiwig): What You See Is What You Get (lo que ves es lo que obtienes). De muchas maneras, este es un término que puede aplicarse al Islam. Lo que ves es lo que obtienes. En el Islam no hay una agenda oculta, no es arcano: no tiene rituales misteriosos, ni ceremonias sacramentales, ni prácticas mágicas. Todo es sencillo, frontal. Lo que ves es lo que obtienes. La forma de rezar, por ejemplo, en el Islam se explica a sí misma por completo. Puedes ver, al observarla, exactamente qué está ocurriendo. Es claramente y sin ambigüedades un acto de adoración. Lo que ves es lo que obtienes. Esto no indica ausencia de profundidad, por el contrario, significa que las acciones del Islam adquieren su significado interno y su profundidad no a través de confusas codificaciones externas, sino a través de la intención verdadera y sincera, y de la conciencia interna de la Divina Presencia que precede y da vida a todo fenómeno externo.

Por ello una de las cualidades humanas más importantes, la necesidad que es enfatizada en muchos versículos del Corán, es algo conocido en árabe como sidq. Sidq es una palabra extensa que significa sinceridad, integridad, veracidad, honestidad, que algo o alguien es lo mismo en su interior y en su exterior, que es consecuente de principio a fin. Como es el caso de todas las virtudes humanas, esta cualidad de sidq ha sido perfectamente ejemplificada por el Profeta Mujámmad (Bendiciones y Paz de Dios sean con él). Si sentía ira o placer, éstos eran claramente visibles en su rostro. La gente sabía exactamente a qué atenerse con él. Cuando hablaba con alguien, dirigía todo su cuerpo hacia esa persona. Su sinceridad absoluta era tangible. Fue siempre sincero con este mundo. Y odiaba las cualidades opuestas del engaño y la hipocresía.

Una vez cuando estaba caminado por el mercado en Medina, pasó junto a un mercader de grano que estaba sentado al lado de un montón de grano que estaba vendiendo. El Profeta (ByP) puso su mano en el montón y sintió cierta humedad en sus dedos. Le preguntó al hombre al respecto y éste le replicó “la lluvia lo mojó, Mensajero de Dios”. El Profeta reprendió al hombre diciéndole: “¿Por qué no lo pones encima del montón para que la gente pueda verlo? Aquel que nos hace trampa no es uno de nosotros”. De manera que estaba diciendo que el engaño y la hipocresía ponen a una persona fuera de los límites del Islam, que esta cualidad de sidq es un componente esencial de un Musulmán sea hombre o mujer. De hecho, el Corán y muchos otros dichos del Profeta dejan en claro que la hipocresía, que consiste en dar la apariencia de ser algo cuando en realidad se es otra cosa completamente diferente, es una de las peores características que es posible tener, peor aún que la incredulidad total.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con el motivo de esta charla: Islam y Dinero Real? La respuesta es: tiene todo que ver. Porque el hecho es que los pesos en tu bolsillo definitivamente no son lo que aparentan ser. Lo que ellos proclaman ser es un simple medio de intercambio, tú entregas seiscientos pesos y te entregan una libra de papas. La realidad, sin embargo, es algo muy diferente a esto. Lo que en realidad son esos pesos no es tanto un medio de intercambio como un medio de control. Para entender esto es necesario regresar en la historia un poco y ver cómo los pedazos de papel que ahora conocemos como dinero comenzaron a existir.

Originalmente, y casi universalmente, el dinero tomó la forma de monedas de oro y de plata. La gente que tenía grandes cantidades de oro y plata acostumbraban entregarlas a los orfebres, quienes debido a la naturaleza de su comercio con metales preciosos y lingotes, solían tener cuartos seguros acorazados. A cambio, el orfebre les entregaba un comprobante o recibo por lo que le habían depositado. Después de un tiempo, algunas personas comenzaron a utilizar estos recibos en lugar del oro en sí mismo, transfiriendo el recibo a nombre de otra persona cuando pagaban una deuda grande. El orfebre cobraría por el almacenamiento y por cualquier servicio de este tipo que realizara. De esta forma, las notas privadas emitidas comenzaron a hacer su aparición como medio de intercambio, pero aún equivalían exactamente al oro en posesión del orfebre y su volumen total era muy pequeño en comparación con las transacciones normales en efectivo que generalmente tenían lugar.

Después de un tiempo, sin embargo, los orfebres se dieron cuenta que los depósitos que tenían a nombre de otras personas, tendían a permanecer en un nivel más o menos constante, así que comenzaron a emitir recibos extra para determinadas cantidades de oro, por encima de los que habían entregado, con los que la gente podía pagar en efectivo si lo deseaban. Estos fueron utilizados para pagar por las cosas por sí mismos, y también de forma incremental, cuando las circunstancias lo permitían, como préstamos por los que la gente debería pagar con intereses, lo que les permitía incrementar sus reservas de oro sin pagar nada en absoluto. La gente que tomaba las notas también las utilizaba en lugar del oro y la plata que éstas decían representar. Esto, propiamente dicho, constituye el origen de las notas de papel que hoy conocemos como billetes. Lo importante a considerar es que una gran proporción de esas notas emitidas por los orfebres eran completamente ficticias y no estaban respaldadas por ningún oro en absoluto. El dinero se ha conjurado de la nada. Esta transacción, que fue y sigue siendo, francamente fraudulenta, refleja exactamente la forma como los pesos en tus bolsillos han llegado a existir.

Pronto se hizo obvio que esta actividad de literalmente crear dinero de la nada era extremadamente lucrativa, y los orfebres involucrados pronto renunciaron a sus oficios honorables de convertir el oro en bellos objetos. Añadieron a la emisión de papel moneda otras dos transacciones complementarias: el procesamiento de letras de cambio y la negociación de préstamos, e inventaron el nuevo y enormemente poderoso negocio de la banca. Este proceso no ocurrió de la noche a la mañana y evolucionó gradualmente entre mediados del siglo XVI y mediados del XVII, cuando de manera inesperada surgió como la fuerza a tener en cuenta. En Inglaterra, el Conde de Clarendon, una figura importante en el gobierno de la época, escribió en la década de 1660: “Los banqueros son una tribu que se han levantado y crecido en la época de Cromwell y de la que nunca se había escuchado antes de los últimos problemas (refiriéndose a la Guerra Civil Inglesa) hasta cuando todo el comercio del dinero había pasado a través de las manos de los escribanos (la gente que escribía contratos y préstamos negociados), en su mayoría eran orfebres.”

Hubo sin embargo, un elemento introducido recientemente sobre el cual todo el edificio de la banca depende y ese elemento fue la usura en su forma más extendida de cobrar intereses por el dinero prestado. Sin esto, la banca no habría sido posible. Actualmente, el porcentaje de interés y sus fluctuaciones y los efectos abiertos y ocultos de ello en nosotros es gran parte de nuestras vidas, al punto que es difícil imaginar el mundo sin ello. Olvidamos por completo que hasta el siglo XVI estuvo totalmente prohibida la usura y que esta prohibición no sólo deriva de los decretos divinos de la Biblia y del Corán sino también de su condena universal y rechazo por todas las escuelas filosóficas grecorromanas. En este sentido, las tradiciones religiosa y secular hablaron con una sola voz, conociendo los efectos potencialmente catastróficos de la usura una vez es introducida en los asuntos humanos.

Sin embargo, poniéndose a sí mismos por encima del consenso combinado del mandato Divino y de la sabiduría humana heredada, algunos líderes de la Reforma, y notablemente entre ellos Calvino en Ginebra —sin duda, actuando bajo la presión de poderosos intereses comerciales contemporáneos— decidieron que ellos eran más sabios y legitimaron el cobro de intereses sobre los préstamos. Esto abrió las compuertas a un torrente que en el lapso de un tiempo muy breve, ha cambiado todo el panorama político y económico de Europa, y ha envuelto ahora el globo entero.

No es este momento para trazar el desarrollo de todos los cambios que tuvieron lugar, baste con decir que los peores temores de nuestros ancestros se hicieron realidad y el poder rápidamente se concentró en las manos de cada vez menos financieros que controlaron los asuntos políticos desde detrás de escena, sin tener responsabilidad social por ninguno de los millones de seres humanos que en números cada vez mayores cayeron bajo su control. Uno de los grandes estudios de este proceso fue escrito por el historiador inglés R. H. Tawney. Su título es Religión y el Nacimiento del Capitalismo, y es una lectura indispensable para cualquiera interesado en este tema. Dice en la página 88, hablando de los nuevos agentes del poder financiero que no tienen lealtades políticas, financiados por católicos y protestantes por igual, y que frecuentemente financian a ambos lados en un mismo conflicto, que ellos:

Representan en la esfera económica la moralidad tipificada en la política del Príncipe de Maquiavelo. Comparadas con estas dinastías financieras, los Habsburgo, Valois y Tudor (en otras palabras, las grandes casas reinantes de Europa) fueron marionetas bailando sobre cables manejados por un poder económico para el que las luchas políticas eran irrelevantes excepto como oportunidades para ganar.

Y ese fue apenas el comienzo de la historia.

En este punto es importante recordar que no he ido en algún tipo de excursión histórica recóndita. Al referirme a estas cosas aún estoy hablando específicamente sobre los pesos en tu bolsillo: sobre lo que ellos representan y cómo ellos llegaron a estar allí. Fue precisamente su habilidad de crear dinero de la nada mediante la emisión de papel, que pretendía ser oro pero de hecho no estaba respaldado por nada —tal como tus pesos—, lo que le dio a esta gente el poder que tenían sobre los demás.

Mientras hubo al menos una conexión nominal con el oro, las burbujas crediticias creadas por los financieros y su dinero falso al menos tenían una conexión a tierra, y eventualmente explotaban dejando muchos miles de pobres en diferentes momentos y en diferentes lugares a medida que se hacía claro que el papel en realidad no valía más que la tinta impresa en él. Pero cuando, en 1972, el presidente Nixon rompió el nexo entre el dólar y el oro, una nueva situación comenzó a existir. Ya no había restricción alguna sobre la creación de crédito o “dinero bancario”. Fue el sueño de los financieros hecho realidad, pero rápidamente se convirtió en un escenario de pesadilla para todos excepto para un minúsculo porcentaje de la población mundial, aunque muy pocas personas son conscientes de ello. Incitado por una comunicación electrónica mundial y por mercados que han proliferado a una escala sin precedentes, la burbuja crediticia se ha expandido a lo que sólo puede describirse como dimensiones demenciales.

El dinero que ahora es creado y que en su mayor parte sólo existe como señales electrónicas volando de un computador a otro por el ciberespacio ya no puede ser contado. Para darles cierta idea del estado loco al que las cosas han llegado, se ha calculado que la cantidad de dinero que cambia de manos diariamente sólo en el mercado del cambio de divisas internacional, que es apenas uno entre cientos de otros mercados, es del orden de trillones de dólares y equivalente al total anual del volumen mundial de negocios en bienes reales. No habría suficiente papel para hacer todo ese dinero aún si toda la madera del mundo fuera usada para ello, y si las notas para hacer semejante suma fueran puestas una sobre otra en una pila, ¡llegarían más allá de la luna! Esto parecería como algún tipo de broma loca si los efectos no fueran tan desesperantemente graves para los seres humanos como individuos y como naciones, y de hecho para el planeta entero.

No hay persona en el planeta que no viva y muera actualmente en deuda sea que lo sepa o no, y un siempre creciente número sólo lo sabe bien a medida que sus deudas personales con los bancos y agencias crediticias crecen y crecen, causando terrible ansiedad y estrés, y no con poca frecuencia, llevándolo a cometer crímenes y a veces suicidio. La situación de la deuda nacional es notoria. Aún las tierras más ricas en términos de recursos naturales están en deuda irremediable con las finanzas supranacionales, y el ingreso total de la nación de muchos países pobres ni siquiera cubre los pagos de los intereses del dinero que deben, mucho del cual ha sido prestado para financiar grandes megaproyectos cuyo daño ambiental incalculable a la cada vez más frágil estructura de la tierra se hace más y más evidente día a día. Fadlun Khalid, quien se encuentra con nosotros hoy, ha trabajado mucho en este campo y seguramente es capaz de hacer esta denuncia general mucho más específica, si alguno está interesado en descubrir con más detalle cómo el sistema financiero está destruyendo la trama misma de la tierra que habitamos. Y esta es sólo la punta del iceberg de los efectos perjudiciales del sistema financiero mundial. Y es apenas un porcentaje infinitesimal de la población mundial, quienes son virtualmente desconocidos pero que saben cómo manipular la situación, los que pueden sacar la “espuma” de billones del tope de la montaña de dinero, y manejar la riqueza y el poder en una medida nunca antes conocida en toda la historia de la humanidad.

Nuestro chej, Abdalqadir As-Sufi, resume la situación actual de forma gráfica en su reciente libro, Técnica del Golpe de Banco:

Estamos tiranizados, esclavizados y endeudados por una élite totalmente no elegida cuyos nombres ni siquiera conocemos. Con títulos hereditarios abolidos y con riqueza hereditaria hecha imposible para las masas a través de un sistema tributario de amplio espectro, [1] el caso de esta élite sigue siendo una anomalía. Su riqueza y sus tierras crecen en espiral en estadísticas casi incalculables, más allá de los sueños de Alejandro Magno.

No tienen lealtad racial. No tienen lealtad de clase. En realidad no tienen lealtad nacional. En defensa del humanismo, puede decirse que ellos no tienen lealtad humana. Insistiendo en su compasión ellos defienden los Derechos del Hombre [2], seguramente en la certeza de que la defensa de esa retórica vacía los distraerá a ustedes de cualquier intento de abstenerse de su sistema monetario y de vivir sin la banca. Son una oligarquía. Eso no quiere decir que sean oligarquía en el sentido platónico, ya que es en la naturaleza del vínculo social moderno que hay una disyunción entre ellos y la especie humana, en lugar de que estén en la cumbre de la sociedad humana como en el modelo primitivo. Todos los crímenes unidos de todos los criminales en el mundo, no se equiparan a la enormidad de este crimen que ellos cometen a diario a través de su continuada aplicación del sistema usurario. La contaminación del océano es su logro. El envenenamiento de la tierra es el resultado de sus programas. El aire tóxico de las megaciudades es el resultado directo de su existencia. Las millones de muertes causadas por los levantamientos esporádicos por todo el mundo de los pobres expulsados de sus tierras, quienes en la miseria abyecta hostigan a sus vecinos, los pobres del mundo hurgando en vertederos son para ellos, un infortunado efecto colateral de sus políticas monetarias.

No podemos sentarnos aquí y actuar como si esta situación lamentable no tuviera nada que ver con nosotros. Los pesos en nuestros bolsillos no son el medio de intercambio que pretender ser, son precisamente el instrumento financiero que ha permitido que se produzca la situación actual y que continúe proliferando. Nuestra participación voluntaria en el proceso es lo que lo mantiene en funcionamiento. No somos más que los forrajes de la usura, en connivencia activa en la destrucción del planeta en que vivimos.

“Pero no hay nada que podamos hacer al respecto”, escucho a gente decir, “no tenemos otra alternativa”. Eso ya no es cierto. Tenemos una opción. Hay algo que podemos hacer pero que sólo puede encontrarse dentro de los parámetros de una comunidad Musulmana funcional. Sólo el Islam es capaz actualmente de mantener la autoridad de la ley divinamente revelada y proveer los medios para cortar el engaño mágico de la red omnienvolvente de los usureros. El marco jurídico divinamente revelado para un entorno comercial totalmente libre de las maquinaciones de los usureros sigue siendo vigente y está esperando a ser reimplementado, pero nuestra principal arma es el dinero en sí mismo. El dinar de oro y el dirjam de plata son exactamente lo que ellos dicen que son: nada más ni nada menos que 4.3 gramos de oro sólido y 3 gramos de plata sólida respectivamente, que en verdad son simplemente un legítimo, divinamente sancionado, medio de intercambio. Esto y sólo esto puede restablecer el balance y la justicia a las transacciones comerciales del día a día que son la sangre vital de cualquier sociedad humana normalmente funcional, y que desempeñan un papel tan importante y vital en la vida de cada ser humano.

Así como el bastón de Moisés (Paz de Dios sea con él) cortó a través de la sofisticada hechicería de los magos del Faraón y mostró que era la ilusión sin fundamento que era, así el dinar de Mujámmad (ByP) cortará a través del igualmente mágico engaño del sistema monetario de los usureros y mostrará aquello que realmente es: pedazos de papel sin valor y números evanescentes en el ciberespacio sin valor real alguno. El dinar de oro pondrá el poder económico de nuevo en las manos de las personas ordinarias, donde pertenece. Eso es Islam. Esa es la guía Divina en acción. Lo que ves es lo que obtienes.

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NOTAS

[1] En el original: powerful taxation, se refiere a los intereses e impuestos omnipresentes en nuestra vida, y que nos mantienen en deuda permanente. [Nota del Traductor].

[2] Al respecto léase La religión de los derechos humanos (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/la-religion-de-los-derechos-humanos.html). [Nota del Traductor].

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