sábado, 19 de septiembre de 2009

Leyendo la economía de Rodolfo Llinás

Leyendo la economía de Rodolfo Llinás

Por: Said Abdunur Pedraza.

Que la economía mide algo que no existe, que el valor de las cosas está en el cerebro y no en la realidad, y que el capitalismo ya demostró que no funciona, son algunos de los planteamientos del científico colombiano nominado al premio Príncipe de Asturias y a premio Nobel de Medicina.

Rodolfo Llinás, director del departamento de Fisiología y Neurociencia de la escuela de medicina de la Universidad de Nueva York, es llamado neurocientífico (médico neurofisiólogo), pero a él no le gusta etiquetarse ni inscribirse en un campo particular del conocimiento. Ha dicho que él entra en los campos de la ciencia a los que lo lleven sus estudios, por eso incursiona en la economía como en muchas otras ciencias. Se diría que tiene un método “marxista”, en el sentido de que fue así como Marx estudió la sociedad de su tiempo: incursionando en la historia, la filosofía, la economía, la política, etc. La ciencia parcela el conocimiento pues éste es muy vasto, pero muchas cosas no pueden ser comprendidas si se ven solo desde una de estas parcelas. Por ello, Llinás (como pocos científicos) se mueve entre ellas según sus necesidades investigativas. Él afirma:

"Es incorrecto decir que mi trabajo es síntesis de fisiología con biología, con zoología, entre otras ciencias. Mi interés es explicar cómo son las cosas. El problema es que esos cajones del saber («esto es física, esto es química, etc.») son artificiales, por lo cual yo no los respeto. El mundo es uno." (tomado de Conversaciones con Rodolfo Llinás).

Mi experiencia más recordada en torno al nombre de Llinás fue una noche en que hacía zapping y me encontré con una entrevista que le hizo Caracol cuando presentó su libro "El Cerebro y el Mito del Yo" en Bogotá (libro prologado por Gabriel García Márquez). Al mismo tiempo, en Señal Colombia pasaban una repetición de la entrevista hecha a Ernesto Sábato en el programa Palabra Mayor. Fue muy interesante saltar de un canal a otro mientras los dos, desde perspectivas muy distintas, hablaban del mismo tema y llegaban a la misma conclusión: la mente humana no ha evolucionado un ápice en más de 7.000 años. Seguimos pensando, actuando y razonando de las mismas maneras que los antiguos. Es fácil comprender esto cuando vemos que la forma como razonaba Sócrates en los Diálogos de Platón hace más de 2.000 años es exactamente igual a la que utilizamos hoy día. Los argumentos, la información, el material con que trabaja la razón, cambian, pero los mecanismos del razonamiento siguen inmutables.

Eso significa, entre muchas cosas, que si en otro tiempo existió alguna civilización cuyas normas sociales, leyes y sistema económico y político, le permitieron brindarles a sus miembros equidad en las oportunidades de llevar una vida digna, ese mismo modelo social podría funcionar igualmente el día de hoy. También significa que los modelos que nunca lograron establecer sociedades equitativas y pacíficas, no lo van a hacer ahora. Y que las preguntas y los problemas cotidianos que tenemos en la actualidad en relación a lo que somos, de dónde venimos y para dónde vamos, son las mismas que han existido siempre, y si en algún momento una sociedad pudo brindarle suficientes elementos a sus miembros para que respondieran y/o convivieran sanamente con dichas inquietudes, los elementos de dicha sociedad serían igualmente útiles hoy día, cuando las personas parecen sentirse más perdidas que nunca.

Muchos se apresuran a decir que Llinás ha demostrado la inexistencia de Dios a través de sus estudios, cosa que él mismo jamás ha afirmado, si bien no es un hombre religioso ni cree que Dios tenga ni deba tener nada que ver con la ciencia. Posición válida en un mundo que pretende poner a la ciencia y la religión como enemigos irreconciliables, lo que no se compadece con la historia que muestra que la gran mayoría de los "hombres de ciencia" reconocidos por occidente fueron monoteístas creyentes (verbigracia Kepler y Newton; este último le dedicó más tiempo de su vida a la religión que a la ciencia, como se explica en La unidad ciencia-religión en Isaac Newton), y que la Ilustración nunca se habría dado sin el desarrollo científico e intelectual que promovió el Islam durante el Medioevo, particularmente en Bagdad y Córdoba, pero también en El Cairo, Toledo, Samarkanda, Damasco y otras ciudades (véase Sobre la Relación entre Religión y Ciencia). Digo promovió el Islam, porque está en el fundamento mismo del Islam la búsqueda de la ciencia y el conocimiento, pues a diferencia de las religiones que exigen la creencia a ojo cerrado o "fe ciega", para el Islam la fe surge del conocimiento. Es curioso que, siendo Llinás el estandarte de muchas personas que quisieran abolir la palabra “dios” del diccionario, de su boca salga esta afirmación:

“¿Dónde está el dinero que se gastó en todas las cosas que han pasado en los últimos diez años? Resulta que estaba en manos de poca gente, que en este momento es sumamente rica. Esa gente tiene, no billones sino trillones de dólares. Entonces, si estos individuos son además los individuos que rigen al mundo, es un problema gravísimo porque no se puede ni hablar, es una situación como quien no cree en Dios, es gravísimo.” (tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio).

La verdad es que, en palabras del mismo Llinás, apenas estamos empezando a comprender cómo funciona el cerebro (véase Empezamos a comprender cómo funciona el cerebro). Es un momento muy interesante, por supuesto, pero no significa que sepamos a dónde se va a llegar. La teoría del geosinclinal, por ejemplo, apareció como el inicio de la comprensión de cómo se forman las montañas y los terremotos. Pero nadie podía predecir que dicha teoría viviría 100 años, después de los cuales daría paso a la tectónica de placas. Cuánto tiempo estaremos en esta fase de empezar a comprender cómo funciona el cerebro, y a dónde nos llevará, está en el campo de la especulación.

¿Podremos algún día fabricar una mente artificial? ¿Habrá robots que sientan? No se sabe. Einstein vivió un momento fascinante en el que comenzaba a comprenderse el universo y sus leyes a un punto tal, que creyó firmemente que un día se obtendría una teoría de todas las cosas, cuyas complejas fórmulas matemáticas permitirían predecir cualquier evento en cualquier espacio-tiempo. En otras palabras, Einstein buscaba las fórmulas matemáticas con que Dios había determinado cada cosa en el universo. Pero esto resultó ser una quimera: es la cuántica, con su principio de incertidumbre, y no la relatividad, la que se ha acercado al desarrollo de una "teoría de todas las cosas", que por ser cuántica, no podrá hacer las predicciones con que Einstein soñaba. Y en todo caso, dicha teoría aún está lejos de consolidarse. A Einstein le pasó lo mismo que a Kepler, ambos quisieron encasillar a Dios en sus propias ideas de cómo debe ser y cómo debió crear el universo. La diferencia es que Einstein insistió en ello hasta el final de sus días (“Dios no juega a los dados,” fue su famosa frase en contra del principio de incertidumbre), mientras que Kepler por fin doblegó su orgullo, se rindió a la evidencia y promulgó sus tres leyes.

En definitiva, por muy genio que sea un científico, puede errar, y la ciencia es precisamente un complejo sistema de razonamientos, pruebas, errores, correcciones, descubrimientos e invenciones que a veces pareciera dirigirse exactamente a un punto y, de repente, gira en espiral ante un hallazgo insospechado o un razonamiento al parecer descabellado. Mientras, los problemas básicos de los seres humanos siguen siendo los mismos (y por tanto, las soluciones también).

Neodarwinista, Llinás asegura que el hombre no viene del mono, sino que es mono. Para muchos, este es un dogma sagrado que pone bajo tierra ya y para siempre la historia de Adán y Eva. Pero en términos genéticos, todos los seres humanos actuales provenimos de un “Adán” y una “Eva” (véase el sitio Web del proyecto Genographic, que desarrolla National Geographic con el apoyo de IBM). Si pensamos en la historia de Adán y Eva como la forma de explicarle a un niño de 6 años esta realidad genética, entonces la historia de Adán y Eva está más vigente que nunca. Por el contrario, la teoría de Darwin está comenzando a encontrar oposición en un grupo creciente de científicos que han reunido evidencias suficientes para pensar que la evolución no solo no ocurre en la naturaleza, sino que es una idea que ha mantenido a la ciencia estancada durante más de un siglo. (Véase el video Desmontando a Darwin.)

Por supuesto, al respecto hay mucha tela de dónde cortar. Sólo quiero plantear el hecho de que ni la ciencia puede responder todos los interrogantes del ser humano, ni la religión necesariamente choca con la ciencia, ni la existencia de Dios es algo que haya podido ser demostrado o rebatido por los científicos.

Pero hagamos un ejercicio intelectual: Digamos que Dios no existe (que Dios me perdone) y, por tanto, las religiones no tienen sentido. Igual, quedamos con el mismo problema de cómo hacer para que todos los seres humanos en el planeta podamos vivir con dignidad, de maneras pacíficas. Si ni el capitalismo ni el comunismo tienen la capacidad de darle oportunidades de vida digna a más de la tercera parte de la población mundial que hoy día vive en extrema pobreza (al respecto véase Incompatibilidades Fundamentales entre Nacionalismo y Pacifismo), y llevamos décadas con el cuento de una “tercera vía” que no ha pasado de ser demagogia de quienes buscan votos con promesas vanas de cambio, pues en últimas, todos los sistemas que se proponen hoy como opción tienen el mismo origen y comparten el mismo sustrato ideológico (al respecto véase La religión de los derechos humanos), entonces ¿nos toca sentarnos a inventar la rueda, a ver si damos con el chiste de cómo vivir todos en paz y sin que tres cuartas partes de la humanidad mueran de física hambre para que el resto se dedique al vicio y al trabajo extorsivo?

Abajo de estas líneas, anexo una interesante entrevista realizada a Rodolfo Llinás donde habla de su visión de la economía desde las neurociencias. Una visión que, en términos del entrevistador, “pone patas arriba al capitalismo.” Lo que me resulta particularmente interesante de las ideas que aquí expone Llinás, es su absoluta compatibilidad con el Islam, aunque él le pone un nombre tan nebuloso como contradictorio: “capitalismo al servicio de la gente y no de unos pocos.”

Retomemos: La mente humana no ha cambiado, por tanto es factible que las mismas normas de base que hayan sido aplicadas con éxito a una civilización antigua, sean efectivas al aplicarlas a nuestro tiempo sólo con adecuaciones en los detalles, pero manteniendo los mismos principios y valores. “Dios no existe,” pero esto no nos soluciona el cómo vamos a convivir en armonía los seres humanos, más bien complica las cosas, porque nos deja sin religiones como posibles respuestas. La necesidad sigue allí: la gente sigue matándose y sigue muriendo de hambre, y el planeta sigue contaminándose y sus recursos siguen agotándose. No tenemos tiempo de inventar lo que el hombre no ha sido capaz de inventar en 7.000 años, y en palabras del mismo Llinás, “la sociedad capitalista ha demostrado que no es la solución” (tomado de El sistema capitalista puede explotar). ¿Inventar algo totalmente nuevo de la nada? Absurdo. Ya que la mente no ha cambiado, y que no tiene sentido desechar los logros del pasado para ver qué se nos ocurre ahora, lo mejor es tomar lo que ya ha demostrado ser exitoso en la historia, una sociedad que realmente haya sido modelo de pacifismo, armonía y equidad (no una utopía, sino algo real, comprobado), y comenzar el proceso de adoptarla, de retomarla para poder desarrollarnos en ella. Se trata de tener una base cierta, en lugar de seguir tratando de mejorar un sistema probadamente dañino para el hombre y el planeta.

Llinás nos dice entre otras cosas, que no debería existir gran acumulación de capital en una sola persona, eso no se debe permitir. Nos dice que por ello, es necesario controlar y limitar la acumulación de riqueza. Nos dice también que se debe cambiar el sistema educativo, para que entendamos que no es posible aumentar de manera ilimitada el capital, y para que entendamos que el valor de las cosas no está en las cosas sino en nuestro cerebro, y que precisamente por ello, siempre habrá crisis económicas en este sistema. Dice:

“Hay que tratar de entender cómo se puede enseñar a la gente aquello de la realidad del valor, y eso es una cuestión que simplemente se olvidó hace muchos años porque la gente está en cuestiones casi de computación, en cuánta plata tengo en el banco, y se puede decir que, si tiene mucha es feliz y si no infeliz, sin darse cuenta de que el negocio de la vida es la vida, no el negocio.” (Tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio).

Pero sobre todo, cambiar el sistema educativo para que entendamos que no podemos ser individualistas, que debemos trabajar por el bien colectivo. Además, según Llinás, “lo mejor es diseñar un sistema en el que se le pueda enseñar a la gente lo que quiera saber y en el que se tenga clara la diferencia que existe entre el saber y el entender,” lo que es algo que recalca siempre el Islam: la búsqueda del conocimiento es obligatoria, pues dijo el profeta Mujámmad (Paz y Bendiciones de Dios sean con él):

“El conocimiento es mejor que las posesiones, porque el conocimiento te guarda a ti mientras tú guardas las posesiones. El conocimiento gobierna mientras que las posesiones son gobernadas. Las posesiones disminuyen al gastar, mientras que el conocimiento se incrementa con ello.” (Recopilado por al Bujari).

Pero el conocimiento no es mera acumulación de información. Cuando se sabe y se entiende, se tiene verdadero conocimiento, se adquiere sabiduría. Y para alcanzar sabiduría, se necesita que la búsqueda del conocimiento tenga un norte, que no sea un aprender por aprender. Se necesita una guía, unos valores, unos principios. Dice Llinás que la gente debe aprender lo que quiere saber, para eso se requiere que la gente primero sepa qué es lo que quiere, y eso tiene un trasfondo social profundo en la formación que recibimos desde la cuna. Implica crecer sanos en lo físico, espiritual, afectivo, psicológico... Implica una formación integral que tiene que ver con familias estables, con un entorno social y familiar sano, con acceso a educación de calidad, y con muchas cosas de la vida en comunidad que no pueden darse por iniciativas individuales sino por una estructura social coherente y bien diseñada. Se necesita una sociedad en la que no se recurra a masificar sofismas y manipulaciones con objetivos políticos o comerciales, y donde sus miembros sean personas críticas, de gran intelecto y de carácter fuerte, que no sean fácilmente engañadas y utilizadas. El Islam es un sistema social que compagina y garantiza todos estos elementos, para que todos los miembros de la sociedad tengan la posibilidad real de formarse integralmente y participen activamente de los procesos y de las decisiones que afectan a la comunidad.

Llinás también nos habla de cómo nos engañan y manipulan para que consumamos, y nos dice que se debería controlar la forma como se promocionan los productos y las porquerías que nos muestran en la televisión. ¿Control? ¿Censura acaso? Sí, es necesario. Esa falsa “libertad de expresión,” gracias a la cual, si estás a favor de una vida disoluta puedes gritar a los cuatro vientos tus opiniones, publicar fotos de tus orgías, y escribir grandes odas al alcohol y el desenfreno sexual, pero si estás en desacuerdo con el gobierno te desaparecen, te torturan, te califican de terrorista, es una de las grandes aberraciones de nuestra sociedad (véase La verdad sobre la guerra contra el terrorismo). Por un lado, le decimos a las nuevas generaciones que el fin de su vida es el placer, y no el placer de las cosas sencillas o de una vida plena, sino el placer de la autodestrucción y de la decadencia social. William Fernández, profesor de Neurología y Movimientos Anormales de la Universidad Nacional de Colombia, nos dice al respecto que “Llinás destaca nuestra desaforada búsqueda del placer, que nos puede llevar a ser superficiales y manipulables.” (Tomado de Acta Neurológica Colombiana vol. 20, #3). También nos recuerda Llinás que el cerebro se deteriora con el tiempo (“nunca se es tan inteligente como se fue de joven”), pero nos aclara que:

“Es posible atenuar ese proceso manteniendo un cuerpo sano, bien nutrido y evitando excesos y sustancias como el alcohol y las drogas. También es necesario mantener activo el cerebro: hay que pensar el mundo, leer, meditar. Lo que no se usa se deteriora.” (Tomado de El cerebro, su función y cómo se forman los pensamientos).

Por otro lado, mantenemos a los jóvenes (y a toda la sociedad) bajo un régimen del terror: puedes ser lo que quieras, menos comunista, socialista, rojo, de izquierda, opositor al gobierno, antigringo, anticapitalista, musulmán, árabe, virgen después de los 15, abstemio o defensor de la familia compuesta por padre, madre e hijos como única base posible de una sociedad sana y armónica. Si eres alguna de las anteriores, te va a caer el mundo encima. Por lo demás, no importa lo que hagas con tu vida o si decides quitártela, los suicidas también están de moda (góticos y emos), los asesinos seriales son personajes protagonistas de películas y series televisivas, los homosexuales son una escasa minoría en la sociedad, pero tienen más visibilidad que cualquier otro sector de la misma. En fin, puedes ser lo que se te ocurra (si es que se te ocurre algo distinto a lo que la publicidad te inserta minuto a minuto en el cerebro; más al respecto en De Engaños y Mentiras) mientras eso signifique que formas parte de un nicho de mercado. Si no consumes, o si atentas contra el statu quo, puede que haya una bala marcada con tu nombre, o quizás algo peor (Guantánamo es apenas la punta de un iceberg mundial, y la “limpieza social” es una realidad diaria en nuestras ciudades). A los que creen que hay que dar “libertad absoluta” para que cada quien haga lo que quiera, pues solo así la gente puede ser feliz, podemos oponer sencillamente las noticias diarias, incluidas las de farándula. ¿Acaso la sociedad gringa (el sueño americano) hace a la gente feliz? ¿Por qué entonces los niños se están disparando en las escuelas, y Estados Unidos es el país con mayor número de adictos a drogas duras, con mayor cantidad de casos de SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, y con los mayores índices de prostitución y de violencia intrafamiliar y callejera en sus ciudades importantes? (al respecto véase La nueva derecha frente al Islam). Llinás afirma: “El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un fin en sí mismo, sino el medio para un fin” (tomado de El Cerebro y el Mito del Yo), e insiste en que debe haber control en la sociedad y en particular, en la economía:

“Hay una hipótesis que estaba mal y es que [al capitalismo] no hay que controlarlo. El capitalismo no controlado es la muerte del capitalismo. Tiene que [haber] una regulación real, tiene que ser regulación pura.”

También nos dice que el inmediatismo no deja pensar con claridad y hace que cometamos estupideces, que es el amor al poder que brinda el dinero y no al dinero en sí mismo, lo que hace que la gente quiera acumular más y más. Por último, nos dice que aunque las personas no actúen de acuerdo a patrones fijos, no significa que no se puedan cambiar.

Ahora bien, lo que quiero plantear es lo siguiente: unamos estos últimos párrafos, en el contexto de lo que he venido diciendo, y comparémoslo con mi propuesta sobre el Islam como modelo de sociedad, olvidando por ahora su aspecto religioso y centrándonos en el sistema socio-político-económico-legislativo-jurídico-moral que plantean el Corán y el ejemplo del profeta Mujámmad.
  1. No debe haber acumulación exagerada de riqueza en una sola persona. No significa que todos debamos tener lo mismo, o que no deba existir la propiedad privada, sino que debe haber una mejor distribución de la riqueza. ¿Cómo se logra eso? En el Islam, las personas pudientes deben entregar el azaque, que es un 2.5% anual de sus ganancias libres (es decir, después de pagar todas sus deudas y responsabilidades) a los pobres o a causas sociales. Piensa en cómo sería tu país si solo sus 10 ciudadanos más ricos invirtieran de forma real y efectiva el 2.5% anual de sus ganancias en mejorar las condiciones de vida de los menos favorecidos durante apenas 10 años. La distribución de la riqueza es una preocupación creciente pero reciente en la sociedad capitalista occidental. El Islam la ha tenido en cuenta desde hace más de 14 siglos. Pero no solo eso. Es parte fundamental del modo de vida islámico no vivir en pos del dinero. Está bien ser buen negociante, está bien tener dinero, pero no vivir por ello. Es más importante esforzarse en cumplir las leyes, en tener una buena vida en sociedad, en ayudar al desarrollo de todos los miembros de la comunidad, que dedicarse de lleno solo a acumular riquezas. Ser adicto al trabajo (ser adicto a lo que sea, en general) no es admisible en el Islam, y los psicólogos saben que no es sano para el individuo, para su familia, ni para la sociedad.

  2. Debe controlarse la acumulación de riqueza. Es un mandato en el Islam no solo pagar el azaque, sino dar sádaca, es decir, cada persona debe esforzarse en ayudar al prójimo dentro de sus posibilidades: desde ayudar a alguien con su carga o brindarle consejo, hasta invertir en grandes proyectos sociales. Esto no se hace porque una autoridad policíaca obligue, sino por conciencia social, que se logra gracias al sistema educativo islámico.

  3. Cambio en el sistema educativo (al respecto recomiendo la lectura del artículo Universidad y Políticas Culturales). El sistema educativo islámico se inicia en el hogar: la mujer, que ha sido preparada física, intelectual, moral y espiritualmente, que ha tenido un desarrollo integral como persona, es idónea para criar a los hijos, dándoles buen ejemplo y enseñándoles todo lo que ella sabe. Para poder cumplir con semejante labor, requiere el apoyo del hombre, que se encarga de darle todo lo que ella necesita en todos los aspectos: económico, afectivo, intelectual, etc. La mujer también requiere del apoyo de la sociedad para cumplir con su labor de garantizar que la próxima generación de seres humanos sea emocionalmente sana, socialmente activa, con valores fuertes que le permitan construir una sociedad equitativa. El apoyo de la sociedad se da en múltiples frentes: la mujer debe tener oportunidades de crecer intelectualmente y para ello debe contar con una buena educación. La mujer no debe ser sometida a ninguna forma de explotación comercial ni debe ser reducida a objeto. El respeto por los derechos de la mujer se verifica a todo nivel en la sociedad. Esto está garantizado por una parte, en el Corán y la Sunna, y por otra, en la completa dedicación de los musulmanes a cumplir con dichas leyes. (véanse los artículos La mujer en la cultura árabo-musulmana y Derechos y deberes de la mujer en el Islam). En una sociedad donde no exista un esfuerzo continuado, permanente y universal porque todos sus miembros gocen de una buena formación y reciban educación de calidad, jamás habrá armonía, convivencia pacífica y vida digna para todos (al respecto véase Con Ignorancia no hay Paz y ¿Los Hombres son Superiores a las Mujeres?)

  4. “El valor de las cosas no está en las cosas sino en nuestro cerebro.” En efecto, es importante mantener una mentalidad sana. El alejarse de los vicios, tener una disciplina, llevar una vida equilibrada y no tener excesos, se ve reflejado en todos los aspectos de nuestra vida y nuestra sociedad, pues en nuestra mente está cómo vemos el mundo, cómo interactuamos con él, cómo nos comunicamos con los demás. Si no cuidamos nuestra mente, no vamos a tener buenas herramientas para ser parte de un mundo armónico. Además, el cerebro se deteriora, y hay que cuidarlo con una buena alimentación y con la abstinencia del alcohol, el tabaco y las drogas (al respecto véase El mal del tabaquismo y ¿Es peligrosa la carne de cerdo?). La vida islámica es una vida sana, sin vicios, donde la mente se ejercita a través del estudio continuo, y a través de la disciplina en todos los aspectos de la vida (véase El Alcohol en el Islam). Por otro lado, si le damos valor a lo material, si creemos que en acumular cosas está la felicidad, tendremos una sociedad... bueno, tenemos esta sociedad tal y como está (al respecto véase Armados contra los pobres). Si en cambio, le damos valor a la vida en comunidad, la solidaridad, la amistad, el respeto por las normas sociales que nos permiten vivir en armonía, entonces el mundo será un mejor lugar para todos. El Islam permanentemente enseña que debemos vivir en armonía, que la hospitalidad y la solidaridad son dos valores que deben cultivarse con esmero, que no debe uno irse a la cama con la barriga llena si sabe que su vecino tiene hambre, que uno debe desear para el prójimo lo que desea para sí mismo, que no hay razones para envidiar a nadie, y que es necesario mantener siempre los lazos familiares, respetar a los padres y tener buenas relaciones con los vecinos, sean estos musulmanes o no. En el Islam, las riquezas son secundarias; el ser humano, la comunidad y el conocimiento tienen prioridad sobre ellas.

  5. Se debería controlar la forma como se promocionan los productos: dice Llinás que nos engañan al mostrarnos mujeres semidesnudas para que compremos cosas, y que esa manipulación es grave. Mientras permitimos que Shakira sea el modelo a seguir para las adolescentes, que Paris Hilton aleccione a la gente a través de sus programas de televisión, impartiendo su “filosofía de vida”, y que las mujeres se desnuden para vender hasta una tuerca, las nuevas generaciones tendrán la mentalidad de que todo se logra con el cuerpo, que en el derroche y la rumba está la felicidad, y que hay que hacer lo que sea para alcanzar el éxito, porque solo así podrán tener un lugar en el mundo. Necesitamos una sociedad que se preocupe más por el bien de cada uno de sus individuos y de toda la comunidad, y menos por el beneficio económico de unos pocos que nunca vemos, pero que son los que realmente reciben la mayor parte de las ganancias de todo lo que se vende (incluyendo a Shakira, que en últimas no es más que mercancía, no importa cuánto dinero tenga, pues hay alguien detrás de ella ganando mucho, mucho más, y seguirá ganando cuando ella ya no venda, pues estará vendiendo a otra, y a otra...). En el Islam la dignidad humana es primordial, el cuerpo humano merece respeto y no debe ser utilizado en forma alguna para promocionar o vender, ni puede ser usado como mercancía en sí. El trabajo debe ser remunerado con justicia y nadie debe vivir de explotar a otros. Toda forma de prostitución, de ostentación y de egolatría es contraria al Islam, que promueve una vida menos individualista y más consciente del bienestar colectivo. El control del que habla Llinás existe en el Islam principalmente como autocontrol: en la educación islámica, en los principios y valores que nos transmite el Corán, en la conciencia social del musulmán, y en su absoluta dedicación y entrega al cumplimiento de la ley coránica, están los controles que impiden que se manipule y se engañe a las personas con fines mercantilistas o para obtener cualquier beneficio personal. Los hipócritas y los mentirosos están considerados entre los peores criminales para el Islam. Imaginemos entonces qué pasaría con nuestros políticos y con nuestros medios de comunicación en una sociedad islámica. (y con nuestros medios de comunicación, al respecto véase De Engaños y Mentiras).

  6. El inmediatismo nos hace cometer estupideces. Por eso debemos razonar antes de hablar y de actuar, debemos alimentar nuestro intelecto a lo largo de toda nuestra vida, para tener herramientas de razonamiento en las diferentes situaciones que se nos presentan. Debemos reflexionar con base en unos principios sólidos, antes de hacer las cosas a la ligera. En el Islam, no solo la búsqueda permanente del conocimiento es una obligación, y el razonamiento es parte fundamental de la forma de vida islámica, sino que además, el Corán y la Sunna (el registro de lo que dijo e hizo el profeta Mujámmad) proveen una guía que sirve de base para tener siempre un norte claro en cada cosa que se hace. Hay unos principios, unos valores, una moral y unas reglas fundamentales que se siguen incluso en las situaciones más exóticas e inesperadas; eso y la preparación intelectual, unidas a la disciplina del musulmán, ayudan a tomar mejores decisiones en momentos de crisis.

  7. Para Llinás, no es el amor al dinero lo que hace que la gente busque acumular desenfrenadamente, sino el amor a ese poder ilusorio que da el dinero. Se cree que la cantidad de dinero y bienes determina el éxito y la felicidad. La gente admira a los grandes artistas que llevan joyas costosas, autos lujosos, y consumen ingentes cantidades de finos y mortales sicotrópicos. Es el deslumbramiento de los medios: los cantantes y deportistas famosos siempre se ven bien, alegres, felices, pero ¿llevan vidas plenas? Los aficionados a las noticias de farándula y a los pasquines donde publican los paparazzi saben que no hay tanta perfección ni tanto goce en la vida de los famosos, más bien hay mucho conflicto, desorientación, depresión, líos afectivos y legales, etc. El Islam enseña que todo poder es mera ilusión, y ello está de acuerdo con las teorías de Llinás: el dinero da poder porque permite tener cosas a las que socialmente se les da valor. Pero las cosas, según nos recuerda Llinás, no tienen valor por sí mismas (por ello la economía es una ciencia más que inexacta, nebulosa: mide algo que no existe), el valor es algo que nosotros les damos. El valor no está en las cosas, está en el cerebro, nuestro cerebro. Por tanto, el valor es una ilusión, y el poder que se supone brinda ese valor es doblemente ilusorio. Si de un día a otro todos nos pusiéramos de acuerdo en que el oro no vale nada y que lo que es valioso es el aire, pero por ser valioso nadie puede apropiárselo ni comerciar con él, sencillamente el sistema económico como lo conocemos dejaría de existir, el dinero sería mero papel impreso, y las joyas de oro serían meros adornos brillantes sin ningún valor comercial, como lo eran para los pueblos indígenas americanos antes de la llegada de los españoles. Precisamente por ello, nos dice Llinás que la actual crisis económica es irreal. “Se trata de una crisis hecha por el hombre y no es una crisis real. Una crisis real es un terremoto y la muerte de tantas personas. Una crisis económica es totalmente organizada y generada por los humanos, pero no es racional, ahí es donde está el asunto serio. […] Yo siempre lo he dicho y todo el mundo lo sabe: jugar a la bolsa es un tahurismo, es como jugar a la ruleta, y peor. La ruleta es mucho mejor porque se ve el dinero que mueve, pero allí no se mueve nada. Se mueven valores que son teóricos, es decir una acción vale más o menos pero, cuando se cae, el dinero desaparece.” (Tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio). El Islam prohíbe los juegos de azar, que son una forma de estafa (la película Casino, de Martin Scorsese, es muy diciente al respecto), y enseña que es en la vida en comunidad, en el ayudarnos mutuamente, y en las cosas sencillas que compartimos a diario, donde está lo que realmente necesitamos para sentirnos bien. También enseña que no se debe meter uno en la vida de los demás y escudriñar su intimidad, y que el chisme es uno de los peores males de la sociedad. Esto es importante si tenemos en cuenta que muchas veces se crea pánico a través de falsos mensajes de correo en Internet, que inician como chismes y se convierten en vox populi, ya sea para dañar a una persona o empresa, o para favorecer a alguien económicamente haciendo que la gente compre su producto aunque sea innecesario e incluso riesgoso (véase el video Operación Pandemia y el artículo El falso caso del matrimonio de 450 niñas en Gaza).

  8. El problema de la destrucción ambiental está en que nuestra sociedad pone el desarrollo tecnológico y el consumismo masivo muy por encima del respeto por el medio ambiente. El Islam enseña que la sociedad debe desarrollarse de forma integral, para bien de la comunidad, y que la destrucción del medio ambiente jamás será beneficiosa para la comunidad. El Islam prohíbe todo tipo de maltrato, sea contra animales o contra seres humanos, pero además da pautas para que todos en la sociedad puedan vivir bien, es decir, en armonía con la comunidad, con el medio ambiente, y consigo mismos. (Véase El Islam y la Administración de los Recursos Hídricos).
Con lo anterior, concluyo que: El Islam es una forma de vida integral que permitió que un grupúsculo de tribus sin mayor cultura, sin artes ni ciencias, se convirtiera en la mayor civilización de su tiempo y durante mil años, y en una de las civilizaciones más avanzadas de toda la historia, y esa transformación tan radical se dio en apenas 80 años. Semejante logro no tiene par. Los europeos que tuvieron la oportunidad de conocer a Córdoba en el medioevo, creían haber sido transportados a otro mundo: mientras París y Londres eran básicamente, morideros donde la gente vivía en medio de la podredumbre, Córdoba estaba llena de luz, espacios abiertos, fuentes públicas... Mientras en Europa había poquísimos libros escondidos en los monasterios, las ciudades del Islam contaban con calles completas de librerías llenas de las grandes obras de los griegos, persas e indios (obras que habían sido declaradas heréticas por la Iglesia y quemadas en toda Europa), así como los grandes avances literarios, científicos y artísticos de los musulmanes. Los cristianos, judíos, incluso los gitanos, que eran perseguidos, torturados, expropiados y asesinados en Europa, vivían en paz y mantenían su religión y sus costumbres en tierras del Islam. Las mujeres judías, sometidas por leyes completamente misóginas, acudían a los tribunales islámicos, pues el Corán es el primer documento escrito en la historia en el que se dan amplios derechos a la mujer. (al respecto véase La liberación de la mujer a través del Islam). El nivel de vida era muy superior en la España islámica que en el resto de Europa, gracias al modelo económico islámico, y había mejor repartición de la riqueza también: mientras Europa vivía sumida en el feudalismo que esclavizaba a los campesinos, los campesinos de Al Ándalus (la España musulmana) eran dueños de sus tierras y la producción local era suficiente para exportar, de modo que no habían señores feudales ni grandes terratenientes. Y como ya dije, la mente humana no ha cambiado en siete mil años, las normas sociales, morales, económicas y políticas que permitieron que esta civilización fuera exitosa hace 14 siglos y que mantuviera tal éxito a lo largo de un milenio, perfectamente pueden hacer que construyamos con base en ellas, una sociedad mucho mejor que la que tenemos.

Estoy de acuerdo con Llinás en que se requieren normas, controles, regulación, para que la economía funcione mejor para todos y no solo para unos cuantos. Que no debemos pensar solo en individual (como nos enseñaron en la escuela al meternos el ideario liberal burgués que triunfó en la Revolución Francesa, y que es el sustento del sistema capitalista tanto como del socialista) sino en colectivo, cosa que no es para nada imposible: la mayoría de las culturas indígenas americanas dieron más valor a la comunidad que al individuo. Y también estoy de acuerdo en que las personas pueden cambiar, y que por lo tanto, con esfuerzo y dedicación, sí podemos hacer de este mundo un lugar mejor para todos.

Ahora bien, ¿por qué recurrir al Islam como modelo de sociedad y no, por ejemplo, a alguna sociedad indígena americana, o a alguna antigua cultura europea como la celta? Por tres razones:
  • Las antiguas culturas europeas fueron destruidas por el Imperio Romano y las antiguas culturas indígenas americanas fueron destruidas por el Imperio Español. Los pocos pueblos que han logrado sobrevivir hasta ahora y mantener parte de su cultura, se han visto contaminados por la cultura occidental a lo largo de más de 5 siglos en América, y de milenios en Europa. Ninguna de esas culturas tiene registros históricos de sus sistemas económicos, sociales y políticos, y muchas tienen o han tenido tradiciones bárbaras (principalmente sacrificios humanos) como parte del desarrollo de su religión y de su política.

  • La gran mayoría de esas culturas jamás se constituyó en civilización, sus modelos sociales no serían capaces de enfrentar los retos de manejar una sociedad de millones o cientos de millones de miembros.

  • Ninguna de esas culturas mostró históricamente una capacidad de convivencia pacífica de múltiples etnias, nacionalidades, culturas y religiones al nivel que se dio en el mundo islámico durante el medioevo, ninguna construyó ciudades con grandes infraestructuras en las que las comodidades no eran privilegio sólo de una casta o clase social, y ninguna creció tanto y se desarrolló tan rápido como la civilización islámica.

Teniendo en cuenta que estamos destruyendo el planeta, el tiempo está en nuestra contra, no tenemos siglos para construir una nueva civilización, y sólo el Islam ha sido capaz de transformar unos pocos pueblos bárbaros en una gran civilización en menos de un siglo.

Entonces, si es tan fácil, y está históricamente demostrado, ¿por qué no se hace? ¿Dónde está el truco para que eso funcione?

Primero que todo, debo decir que la exposición del tema en este artículo es demasiado somera y superficial. Para explicar cada aspecto de la sociedad islámica, cómo funciona, y cómo encaja perfectamente en los demás aspectos de la misma, se pueden escribir decenas de libros (de hecho, ya se han escrito). Es un sistema completo, y su implementación requeriría renunciar al sistema que tenemos hoy día: el capitalismo. Una norma islámica básica es que está prohibida la usura: no se puede, bajo ninguna circunstancia, cobrar o pagar intereses. Solo aplicar esa simple norma significa el fin del sistema financiero actual. Eso no les gustaría a esos pocos que a través de los bancos acumulan casi toda la riqueza del planeta. (véanse los artículos Los intereses y su papel en la economía y la vida y Economía con Humor).

Es decir, hay muchos intereses económicos y políticos de por medio, dispuestos a hacer lo que sea para evitar que el Islam tenga el más mínimo chance de ser implementado nuevamente, así sea en una lejana provincia (¿alguien ha hablado de lucha antiterrorista? ¿De propaganda anti islámica?) Al respecto, véase la nota Islam y Terrorismo). Igualmente, el Islam abarca muchos otros temas, que lo hacen un sistema completo, no se requiere del capitalismo, el socialismo, el feudalismo, ni ningún otro sistema para que sobre él se implemente el Islam, éste es autónomo, completo e independiente, una opción distinta e históricamente probada. Véase, por ejemplo, el artículo El Islam y el Derecho Internacional. Por ello, debe quedarnos claro que hoy día no existe un solo país que funciones de modo islámico, ningún país se rige actualmente de forma total por la ley islámica, y todos son estados-nación, un concepto liberal-burgués que no existe en el Islam. Esto se debe, en parte, a que los imperios occidentales durante todo el siglo XIX, y los Estados Unidos en el siglo XX, han intervenido permanentemente en los países de población musulmana en lo cultural, económico, militar, político y social, colonizando y sometiendo a los pueblos islámicos, y luego estableciendo alianzas con gobernantes corruptos, promoviendo y financiando guerras, estableciendo gobiernos títeres a su servicio, etc. Para colmo, el único país que reclama ser enemigo de occidente y “defensor del Islam” a ultranza, no es islámico sino chiita, es decir, defiende unas creencias, una forma de vida y unos valores distintos a lo que llamamos históricamente Islam (al respecto, véase Irán no es Islam y Lo que No es el Islam). Todos los países de población mayoritariamente musulmana hoy día, han acogido el sistema capitalista en mayor o menor medida. Por tanto, no nos sirven como ejemplo de lo que sería una sociedad islámica en el mundo de hoy. Tenemos que retomar el Islam en toda su dimensión para poder construir de nuevo una civilización amigable con lo humano. Tenemos que retomar la sociedad islámica tal y como fue establecida en el Corán y como fue vivida y enseñada por el Profeta Mujámmad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), por sus compañeros, y por las tres primeras generaciones de musulmanes, lo que incluye por supuesto el ejemplo y la sabiduría que nos legaron los cuatro califas rectos (Abu Bakr, Umar, Uzmán y Ali) y los fundadores de las cuatro escuelas de jurisprudencia islámica (Abu Hanifa, Málik, Shafí e Ibn Hanbal).

Pero también debo decir que sí hay un “truco”: He expuesto el Islam como sistema socio-económico-político perfectamente compatible con las ideas de “neuroeconomía” de Rodolfo Llinás. Pero hay un punto de quiebre: ¿Cómo garantizar que los miembros de la sociedad islámica realmente cumplan con las leyes escritas en el Corán y la Sunna para que el sistema sea puesto en práctica y funcione como está planteado? Ya vimos que no es una utopía, en el pasado el Islam ha mostrado su efectividad para construir una civilización equitativa, avanzada, humana. Ya ha sido una realidad durante alrededor de un milenio. Pero no hubo nunca una fuerza policial altamente entrenada que obligara a los musulmanes a cumplir con la ley, a darle buena vida no solo a los demás musulmanes sino a las personas de otras religiones, creencias e ideologías, que llevaron una vida digna en tierras islámicas. No. Fue la creencia en Dios. La absoluta certeza de que el Corán fue revelado por Dios, que no es un invento de ningún hombre, y que por ello, cumplir con la ley de Dios no solo es bueno para cada individuo y para toda la comunidad, pues se trata de un modelo social dado a los seres humanos por su propio Creador para que vivan bien, sino que además, es el compromiso que asume todo musulmán de buscar agradar a Dios en cada acto de su vida (al respecto, véase ¿Quién es Al-Lah?)

En Ramadán, cada musulmán hace ayuno desde que sale el sol hasta que se oculta (al respecto, véase Breve nota sobre Ramadán). En Bogotá, con apenas unos pocos miles de musulmanes entre más de 8 millones de habitantes, nadie impide que uno al voltear una esquina se atragante de papas fritas. Igual ocurre con la mayoría de los musulmanes que viven en territorios no musulmanes. Nadie va a saber que uno rompió su ayuno. Entonces, ¿cómo es que el musulmán no lo hace? Porque sabe que Dios lo ve todo el tiempo, y sabe que ayuna para agradarlo a Él, de modo que no va a hacer trampa y dañar su propósito. De la misma forma, ¿qué hace que un musulmán tenga la disciplina para cumplir con 5 oraciones todos los días, 30 días de ayuno en Ramadán todos los años, además de mantener una vida sana, alejada de todo vicio? Su creencia en Dios y su deseo de cumplir con Su ley. El pensamiento colectivo al que Llinás espera que se dirija la especie humana, está en el Islam. Pero no somos solo entes colectivos ni podemos serlo, somos también individuales, y eso también está contemplado en el Islam. Las normas, controles y prohibiciones necesarios para que la sociedad funcione bien para todos, provienen del Corán y de la Sunna (tradición) del Profeta, pero no es un sistema policivo y restrictivo: el Islam da muchos beneficios y brinda muchas motivaciones para que esas normas sean aplicadas por todos sin necesidad de un régimen de terror, sino con base en el buen ejemplo, la educación desde el hogar, la búsqueda permanente del conocimiento, la conciencia social, y el amor al prójimo, todo ello fundamentado en el amor a Dios y el deseo de agradarle, de obrar de acuerdo a Sus mandatos y cumplir Su voluntad en agradecimiento por cada cosa que existe y por cada día que nos permite estar con vida en esta tierra, en el deseo de ganar Sus recompensas, y también en el temor devocional a Dios, en el deseo de no despertar Su ira ni ganar Su castigo.

Pero entonces, ¿debemos todos ser musulmanes, o debemos todos creer en Dios? Ya hoy día miles de personas están abrazando el Islam a diario, convirtiendo al Islam en la religión de mayor crecimiento en el mundo (al respecto, véase Romper Esquemas). De hecho, si no consideramos la cristiandad como un todo sino miramos las denominaciones cristianas por aparte, el Sunismo (Islam ortodoxo, tradicional y mayoritario) es hoy día la mayor denominación religiosa en todo el mundo, seguido en número de fieles por el Catolicismo Romano (véase Casi una de cada cuatro personas es musulmana). Sin embargo, no es un requisito ser musulmán para tener una vida digna dentro de una sociedad islámica. Dice el Corán que no cabe coacción en asuntos de fe, y que Dios guía a quien quiere. En otras palabras, no se puede obligar a nadie a creer en Dios, mucho menos a ser musulmán. Por lo tanto, eso no es problema. Como dije, en la civilización islámica encontraron refugio aquellos que estaban siendo perseguidos en Europa. Fue el trabajo conjunto de personas de diferentes etnias, nacionalidades, creencias e ideologías, en la Casa de la Sabiduría de Bagdad, y en otras ciudades como Damasco, Córdoba y Toledo, lo que disparó el avance científico, tecnológico y cultural de la civilización islámica durante el medioevo (y fue ese mismo trabajo el que llevó el avance musulmán a Europa y alimentó la Ilustración).

De modo que el Islam como sistema, es un modelo de sociedad que permite a todos sus miembros, musulmanes o no, vivir con dignidad, a cambio solo de respetar las normas de dicho sistema. Esto no es nada nuevo ni es extraño a nosotros. Nos guste o no, para vivir en esta sociedad tenemos que respetar la constitución y las leyes, con la diferencia que la constitución y las leyes de esta sociedad obedecen a unos intereses de acumulación de capital en unas pocas manos, leyes dictadas por unos senadores que muchas veces se ha demostrado son corruptos y tienen alianzas con narcos, mientras que las leyes islámicas garantizan una vida digna a todos y han permanecido inalteradas por 14 siglos. Si aceptamos vivir bajo las normas de esta sociedad que nos aliena y nos explota, ¿por qué no aceptaríamos vivir bajo unas normas que garantizaran bienestar para nosotros y los nuestros?

Llinás lo ha dicho, podemos cambiar. Los seres humanos no estamos condenados por un determinismo absoluto, ni por nuestros genes, ni por la educación que recibimos los primeros 6 o 10 años de vida. Nos construimos a nosotros mismos, en lo individual y en lo colectivo. El mundo hoy día es como es porque entre todos aportamos para que así sea, y entre todos podemos hacerlo distinto. La pregunta es: Si a Ud. le garantizan que tendrá una vida digna, con opciones reales de educación, vivienda, salud, en una ciudad con buena infraestructura, sin violencia en las calles, donde sus hijos no estarán expuestos a las pandillas, la drogadicción, la prostitución y el tráfico de personas, pero a cambio debe aceptar que el gobernante sea musulmán y que las leyes no sean dictadas por un senado sino que sean las leyes escritas hace más de 14 siglos en el Corán, ¿aceptaría, o preferiría alguna de las opciones de sociedad que hoy tiene a su alcance? Llinás nos dice que hay que tener fe en el sistema para que éste funcione:

La fe en este caso es la capacidad de gastar. Aunque no sea tanta como antes, es la que mantiene la economía. En una depresión no hay la suficiente fe, porque la gente no gasta el dinero. Hay que explicarles por qué hay que hacerlo.

¿Ud. tendría fe en el sistema capitalista, que jamás le ha brindado vida digna por igual a todos los miembros de sus sociedades, o tendría fe en una sociedad que demostró sus bondades en el pasado y que, está claro, podría perfectamente volver a funcionar?


EL VALOR ES UN ASUNTO DEL CEREBRO


Entrevista hecha en Bogotá por la revista Dinero en abril de 2009. Tomada de http://www.dinero.com/noticias-crecimiento/valor-asunto-del-cerebro/59027.aspx.

Limitar la riqueza personal, hacer riqueza para la colectividad. El neurólogo colombiano Rodolfo Llinás propone una teoría que se apoya en sus hallazgos sobre neuroeconomía y que pone patas arriba al capitalismo ¿Tiene razón el científico? Una entrevista polémica de Dinero.com y Revista Semana.

Cachaco, completamente cachaco. Arrolladoramente simpático y con un acento santafereño difícil encontrar, incluso en otros bogotanos. Así es el director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, el neurólogo colombiano Rodolfo Llinás.

El tema de su última visita a Colombia, la neuroeconomía. ¿Qué hace el cerebro para que las personas funcionen de una cierta forma cuando están produciendo, consumiendo o intercambiando bienes y servicios? ¿Cuál es el valor de las cosas?

Para los economistas profesionales, las respuestas de Llinás a esas preguntas son urticantes. Algunos estarían dispuestos a hacer un pacto con el médico. Se comprometerían a no hacer una jamás una operación cerebral, a cambio de que él dejara de opinar sobre economía.

Pero no es una buena época para los que quieren esos tratos. Llinás no está interesado en guardar sus hipótesis en secreto, y además golpea con su desparpajo natural uno de los cimientos sobre los cuales se construye la teoría económica: el valor de las cosas no está en sus características intrínsecas sino que está en el cerebro de las personas, dice.

La implicación de esta afirmación es enorme. Para el médico javeriano eso significa poner patas arriba al capitalismo. “Tener un capitalismo que esté en beneficio no de una persona sino de la sociedad”.

Rodolfo Llinás habló con Dinero.com y con la Revista Semana, de economía y de consumo. Para quienes concuerden con él o para quienes discrepen, las respuestas de este científico son materia de interés, de todas maneras.

¿La forma de decidir de las personas cambia cuando hay crisis?
Las situaciones de crisis producen un estado en el cuál la gente hace estupideces increíbles.

¿Tienden a tomar decisiones equivocadas?
Claro, Absolutamente. Porque no se puede pensar. El pensamiento requiere cierta cantidad de energía y si la gente – por ejemplo - ve que se le está desapareciendo la plata y que todos están vendiendo, ellos venden. Pero es mal momento para vender. El inmediatismo no los deja pensar claramente. Las personas no están generalmente educadas para entender que hay que esperar un poco a ver cómo va la situación.

¿Por qué los economistas no saben predecir las crisis?
Porque están mirando el problema desde afuera. Es una cosa que a veces no entienden. El problema de la economía es que el punto central no está fuera, sino dentro del cerebro. Es el concepto de valor Y si no se puede definir el concepto de valor, todo el andamiaje matemático se va a caer de vez en cuando.

La ventaja de la matemática, que es ciencia dura, es que uno sabe exactamente lo que está midiendo. Pero aquí ellos no tienen la menor idea de lo que están midiendo.

El problema es que el valor cambia directamente con la actitud de la sociedad. Si todo el mundo dice venda, yo no me quiero quedar atrás. Y de pronto vender es mala idea, pero es lo que todos están haciendo.

¿Entonces en vez de predecir, hay que cambiar los valores?
Hay que educar los valores. En esto, lo primero que hay que hacer es, que nadie pueda tener más de una cierta cantidad de plata. Lo tienen que limitar. La gente no entiende que no hay derecho, que no debía existir una persona que tuviera US$60.000 millones. ¿Una sola persona? No es posible.

Pero los economistas dicen que el deseo de acumular riquezas es el motor de las sociedades y de la innovación...
Si, pero entonces hay que ponerle control. Lo que hemos aprendido es que no se puede dejar sin control.

Con esa visión parecería que el deseo de acumular riquezas fuera como una enfermedad ¿En qué momento el gusto por la plata se vuelve enfermedad?
Los insectos chupan la sangre de sus ‘victimas’ con una especie de bomba muy poderosa. Pero tienen un sistema que les dice cuando están llenos. Si siguieran bombeando, estallarían. La enfermedad empieza cuando la gente que tiene la bomba no deja de bombear cuando le dicen, no bombee más.

Entonces habría que diseñar mecanismos sociales para limitar la acumulación...
Unos son los empresarios y otros los reguladores. Y tiene que existir ambos, porque si no el sistema se revienta.

¿Y cómo se le dice a un especulador que pare?
La situación es sencilla, porque eso puede ser: si usted gana más de cierta cantidad, se la quitamos.

¿Y eso no es un desperdicio social en términos de que se pierde el motor de la economía?
Es un desperdicio social si la gente cree que la única manera de hacer economía es aumentar de modo ilimitado el capital. Ese es el problema, que no se puede. El sistema educativo tiene que cambiar.

¿Cambiar hacia qué?
Es que es muy sencillo. Que no sea ‘yo’. Que seamos ‘nosotros’. La meta sería que en esta sociedad vamos a tratar de conseguir tanto dinero como sea posible, pero una sola persona no, porque eso no mejora la sociedad, la empeora.

Entonces el deseo por la plata se debe tratar como una adicción, como cualquier otra obsesión...
Es que la de la plata no es adicción a la plata, es adicción al poder que da la plata. Que yo soy mejor que usted porque tengo más plata, soy feliz porque tengo plata en el banco, soy infeliz porque no tengo plata en el banco. ¡Pero qué falta de originalidad!

¿Malo?
No digo que las adicciones sean malas. Pero hay que controlarlas.

Y otras obsesiones fuertes como las amorosas ¿También hay que limitarlas?
Las adicciones de ese tipo, que generalmente no tienen efectos secundarios, no tienen ningún problema. Pero claro, usted no tiene derecho de querer a esa persona tanto como para comerse sus brazos. Te quiero tanto que me vuelvo antropófago. Sería una bestialidad.

Y entonces, ¿su solución?
Tener un capitalismo que esté en beneficio no de una persona sino de la sociedad.

ASUNTOS DE CONSUMO

En consumo a uno lo pueden condicionar para que tome decisiones de una manera específica...
Si. Mire en la televisión. A uno le venden una máquina de escribir con una mujer bella, como si las dos cosas estuvieran relacionadas. Entre menos vestido tenga, venden más. En esta situación lo están engañando.

El manejo de esas asociaciones y relaciones cerebrales es una manipulación
Es muy eficaz, pero es grave. Es manipulación. Eso es engañar, absolutamente.

¿Y qué habría que hacer para evitar ese engaño?
Si se regulara lo que se puede decir en la televisión con respecto al producto. Es que cuántas porquerías no venden... Pero la televisión gana, el que vende las porquerías gana. Los únicos que pierden son las personas que compran.

Para salir de la crisis de estos días, se dice que hay que consumir. ¿Entonces cómo induce el consumo?
Es posible de manejar si se explica la situación. Si uno le explica a la gente que tienen que tener suficiente fe en el sistema. La fe en este caso es la capacidad de gastar. Aunque no sea tanta como antes, es la que mantiene la economía. En una depresión no hay la suficiente fe, porque la gente no gasta el dinero. Hay que explicarles por qué hay que hacerlo.

¿Cómo?
Sencillo. El valor de las cosas no cambia. Esa máquina de escribir es buena de todas maneras. Cuánto cuesta es una cosa diferente. Entonces no se va a acabar. Los edificios no se van a caer. Hay una realidad más allá de la plata, que es la que la gente tiene que entender. Que hay ferias y fiestas pero esa no es la realidad.

Difícil, ¿no?
Las personas pueden ser irracionales pero son entendibles. El hecho de que no haya patrones de acción fijos, no quiere decir que no se puedan modificar, o que no se puedan entender. Se pueden controlar, sobre todo si la sociedad los controla. No hay ninguna otra solución. Estas cuestiones sociales tienen unos problemas inmensos. Rodolfo Llinás termina de desayunar de manera extraordinariamente frugal. Un café con un pandeyuca, que disfruta claramente. Se levanta de la mesa y se encuentra con un grupo de gente que lo espera para poder hablar un momento corto con él o para conseguir un autógrafo en alguna de sus publicaciones. Esta especie de celebridad científica ya está en otro tema. El de la economía se quedó en la mesa, para que lo debatan los que quieran controvertir sus ideas. Y sin duda, eso ocurrirá.

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Manifiesto Hacker (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2011/02/manifiesto-hacker.html). 

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