lunes, 8 de junio de 2009

Seguridad modelo 1950

SEGURIDAD MODELO 1950

Autor: Marco Palacios


En 1950 el gobierno también chuzaba y los que chuzaban le informaban al Secretario General de la Presidencia, Misael Pastrana Borrero. Y como es usual, los resultados de las chuzadas eran más bien tragicómicos. Un artículo sobre la prehistoria del control telefónico, en los años en que el miedo a la subversión fue destruyendo la democracia. A veces la historia parece repetirse.

De decretos y de archivos quemados

En 1950 emergían los perfiles de un modelo de seguridad estatal con base en el estado de de excepción creado por el bogotazo y la manipulación del miedo que siguió. En aquel año cincuenta parecían dar fruto siete decretos de corte dictatorial emitidos por el gobierno nacional el nueve de noviembre de 1949 con base en los cuales: a) se declaró turbado el orden público y en estado de sitio toda la nación; b) en el afán de limitar el control de constitucionalidad se exigieron tres cuartas partes de los votos de la Corte Suprema para declarar la inexequibilidad de las leyes, es decir, se dio poder de veto a la minoría; c) se suspendieron por tiempo indefinido las actividades del Congreso de la República, las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales; d) se estableció la censura de prensa y radiodifusión; e) se prohibieron las reuniones públicas; f) se designaron los censores de la prensa escrita (uno por Diario) y, g) se amplió la jurisdicción de los consejos de guerra a ciertos delitos imputables a civiles[1].

Historiar el orden público con base en documentos oficiales en el crucial período de La Violencia es imposible toda vez que a comienzos de 1967 un grupo de altos funcionarios del Ministerio de Gobierno resolvió, aparentemente motu propio, incinerar “79 sacos que contienen el archivo de los años de 1949 a 1958 con correspondencia ordinaria“. La Jefe de Archivo y Correspondencia del Ministerio solicitó “retirar dichos sacos que solo contienen un archivo muerto. En esta oficina es imposible conservarlos. No hay espacio y el aspecto que presenta la oficina es horrible y el ambiente de olor insoportable” [2].Los pocos documentos salvados de la pira dejan ver la extraordinaria importancia histórica de la documentación incinerada y, entre las tareas menores que ya no pueden acometerse está la reconstrucción de la trayectoria del formato de los reportes de la Policía al Ministro de Gobierno[3].

De la escasa documentación sobre el orden público, preservada en el Archivo General de la Nación, AGN, podemos agrupar los siguientes asuntos: a) control de teléfonos o chuzadas, como se dice ahora, dedicado principalmente al espionaje de liberales; b) comunistas y sindicatos; c) tráfico de armas de Costa Rica; d) emisoras clandestinas y e) el complot desde Venezuela. Hay, por supuesto, otros asuntos como estafas, espionaje de extranjeros y transacciones económicas entre particulares. Digamos de paso que hay en estos reportes destellos de “individuos” nefastos para la seguridad colombiana que, bien sabemos, fueron destacados líderes de la democracia latinoamericana (y amigos de Eduardo Santos) como José Figueres de Costa Rica y Rómulo Betancourt de Venezuela.

Aquí nos limitamos, sumariamente, al primero y al último de estos asuntos que arrojan alguna luz sobre el espíritu de la seguridad de esa época colombiana.

Las chuzadas

El sábado 7 de octubre de 1950 El Siglo, diario de la familia del recién posesionado presidente Laureano Gómez, publicó en primera plana una nota de titular cáustico: “Uribe Holguín felicita a Carlos Lleras. Por su espíritu de colaboración política“. Titular engañoso porque la nota se limitaba a reproducir un cruce de cartas entre el Gobernador de Cundinamarca y el jefe de la Dirección Nacional Liberal, DNL. El 27 de septiembre de 1950 Carlos Lleras Restrepo se había dirigido al gobernador quejándose de que no podía conversar por sus teléfonos (de casa y de su oficina particular) debido a “ruidos extraños al fondo o con súbitas interferencias“. Y añadió: “Me haría usted un gran favor de amistad mi querido doctor, si pudiera librarme del control y desagradable vigilancia policíaca sobre mi vida privada, o al menos que ese control se ejerza con técnica suficiente para no dañarme completamente el teléfono y pueda yo así utilizar un servicio que estoy pagando puntualmente y que tengo derecho a que se me preste en forma correcta.” El gobernador respondió que los teléfonos de su despacho en la Gobernación y el de su misma casa presentaban un problema similar y prometió a su amigo averiguar con la empresa telefónica “a ver qué pasa“[4].

Comentando la noticia, Semana mencionó un decreto del presidente Ospina por el que autorizaba al Gobernador a controlar los teléfonos en Cundinamarca.[5] He buscado en vano el mencionado decreto en la historia de las leyes de la época. Tampoco encontré la legislación que autorizara lo que los partes de la policía llamaban “control de teléfonos“[6].

En efecto, en el AGN hay 32 reportes de chuzadas que cubren prácticamente todos los días hábiles de fines de septiembre a principios de diciembre de 1950. Cada reporte puede contener cuatro o más chuzadas. Estos partes estaban firmados por el Director del Departamento de Investigación de la Policía Nacional. Primero, el Teniente Coronel Manuel Agudelo G., quien envió el 25 de Septiembre un informe al Dr. Misael Pastrana B., Secretario Privado de la Presidencia. El coronel fue reemplazado por el Dr. Enrique Vargas Orejuela quien firma todos los partes aquí citados.

El mayor número de chuzadas lo ganaron la DNL, El Tiempo, Jornada, El Liberal, la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, y sindicatos importantes como el de Bavaria. En las casas, Eduardo Santos, Carlos Lleras, Gilberto Viera. Entre los más chuzados figuran, además, Roberto García Peña, Enrique Santos Castillo, Jorge Villaveces, Darío Samper, Alberto Galindo, Efraín del Valle, Julio César Turbay Ayala, Antonio Ordoñez Ceballos, Alfonso Palacio Rudas y Carlos H. Pareja.

Una breve inspección de las conversaciones de estos personajes resulta reveladora para el especialista en la historia política del período, en particular en el juego táctico de la oposición liberal, las divisiones internas (como el asunto Jornada y los gaitanistas o la discusión sobre si participar o abstenerse en las elecciones) así como las respuestas del gobierno. Pero hay otros aspectos que muestran las facetas triviales de la cotidianidad de la “democracia de caballeros” que empezaba a echarse a pique.

Así, dice un informe que “a las 7:25 pm del 23 de septiembre llama a la casa de Eduardo Santos, (ex presidente de la República, Primer Designado a la Presidencia y Director-propietario del diario El Tiempo, M.P.) un señor con ´asunto reservadísimo´ que se identifica como ´un sargento primero del ejército´.

Pasa el Dr. Santos “Haber, quién habla?”

El sargento- “Doctor Ud. Conoce al Doctor Luis Guillermo Bustamante?“

Santos - “No, no lo conozco personalmente pero sí lo he oído nombrar en la prensa“.

El Sargento - ”Bueno doctor; lo que yo le tengo que contar es un asunto muy importante y que nos interesa a todos“.

Santos - “Porque no le cuenta al Dr. Bustamante lo que sea, y que él venga acá a mi casa“.

Sargento - “Yo fuera personalmente a su casa, pero desafortunadamente no puedo porque estamos acuartelados y pedir un permiso sería peligroso pues podrían maliciar, pero para mañana voy a su casa de paisano, pues es muy urgente lo que tengo que contarle“.

Santos - “Pero para después de las seis que estoy en casa. Y tenga muchísimo cuidado con los teléfonos que están controlados, especialmente el mío“[7].

La semana anterior Santos había regresado al país[8] y pocos días después de esta llamada se produce la citada carta de Lleras a su amigo Uribe Holguín y uno presume que muchos de los chuzados pudieron estar “contra informando” y hasta divirtiéndose a costa de los detectives, como lo sugiere esta llamada del 6 de diciembre a las 2.10 pm reportada por el detective n° 559:

“Llamó una señora de la DLN (Dirección Liberal Nacional) y le contestó Mardoqueo Muñoz, a quien la señora le dice: ´Dígame cuántos muchachos hay y si almorzaron porque que les tengo un chocolatico´.

-Mardoqueo, ´llegaron nueve y faltan otros´.

- NN, ´Envíeme seis después me manda los otros y me da los datos de cuantos llegaron. Mi dirección es carrera 8ª # 20-6´“[9].


El complot de Venezuela

Colombia y Venezuela han jugado, recíprocamente, un papel de contrapartes en los juegos faccionales internos. Es bien sabido que Venezuela fue un refugio de liberales exilados en la época de La Violencia y que Betancourt fue un coco del gobierno de Ospina Pérez. De las diversas referencias a un complot contra el estado colombiano que se fraguaba en el vecino país hay una que amerita una trascripción completa por su carácter delirante y porque muestra el grado de estupidez a que pueden llegar los servicios de inteligencia cuando no cuentan con los recursos materiales adecuados y se alimentan de la retórica de los amos a los que sirven.

“Octubre 24 de 1950

Secretario Privado Presidencia de la República.

Ref: Varios asuntos sobre orden público

Por vía informativa me permito trasmitir a ese despacho la siguiente información llegada a este Departamento.

´Una mujer mona de unos 23 años, habla inglés y portugués, poco castellano, viaja de Colombia a Venezuela. Tiene una marca en la axila izquierda con el número 725. Lleva siempre una cámara fotográfica. Se dice escritora. Es enlace entre la Dirección Nacional Liberal y la oficina comunista de Venezuela. Está en Bogotá y va a El Tiempo ahora todos los días.

El doctor López Velázquez, político colombiano, está en Caracas, tiene de secretario privado un muchacho de unos 20 años, mono, gordo.

Fernando Soler Gómez, ex oficial está en Caracas, tiene certificado de buena conducta, expedido por la Policía de Bogotá. Participó en el 9 de abril con las radios clandestinas, desde la laguna de Fúquene.

Fernando Forero, Ingeniero, está en Caracas y tiene pasaporte.

José Antonio de la Rocha León puede estar todavía en los Llanos. Mal elemento.

Luis Carlos Cortés Castillo, ex teniente de la Policía del régimen liberal, tiene misión comunista.

Un coronel retirado que probablemente está en Caracas como exilado.

Emelina Velázquez de Bautista, casada con Juan, está en Caracas.

Plinio Mendoza Neira, está en conexión con los revolucionarios.

Francisco J. Chaux, está en conexión con los revolucionarios.

Todos estos están comprometidos en un complot comunista para invadir a los tres país (sic) (Colombia, Ecuador y Venezuela) con bases aéreas en los Llanos, en los campos de la compañía Shell, en La Hermosa (Caño).

En dos ciudades de Colombia hay armas y explosivos por ocho millones de dólares, como parque de reserva.

Pedro José Abella, tolimense, Jefe de las guerrillas clandestinas que han matado a la Policía, puede estar en Caracas, veterano de la guerra en España contra Franco, tiene conexiones muy estrechas con una asociación comunista.

En El Calla (sic)- Lima se venden armas para la revolución en Colombia, y las armas que tienen en el Tolima fueron traídas de allá. En el Tolima hay cerca de 4.000 fusiles, en Bogotá, en todos los barrios existe una organización armada; guardan las armas especialmente en los techos de las casas. En Bogotá hay cerca de 5.000 fusiles y 25 fusiles ametralladoras. En el Llano hay dos ametralladoras Tompson (sic).

Mateo Leal, Tesorero de Eliseo Velásquez. Posiblemente está en Bogotá.

N. Monroy viaja a Sogamoso. Usa bigote, pelo negro, una mano lisiada.

Vigilar mucho el Meta y el Cravo Sur, especialmente el lugar denominado La Hornilla, fundo, a la margen derecha bajando están los subterráneos donde albergan los cuarteles generales y donde iban a poner una radio clandestina.

Comunicar a Caracas que Arévalo Cedeño está preparando en Venezuela lo mismo que para Colombia (la invasión).

En estos días viajó a los llanos una comisión colombiana con el fin de preparar los campos clandestinos.

El secretario del gerente del Banco de Colombia pasa por conservador, y es liberal, y está en todos estos secretos.

Un Capitán de la Brigada de Institutos Militares está con los revolucionarios.

Eliseo Velásquez pasó a Venezuela a firmar un contrato de entrega de los campos de aterrizaje; esperan una invasión de 70 aviones rusos, manejados por mejicanos.”

De Ud. Atentamente,

Enrique Vargas Orejuela

Jefe del Departamento de Investigación

Policía Nacional.”[10]

Un sancocho con todos los ingredientes del mal: una monita, enlace de la DNL con “la oficina comunista de Venezuela“; unas ametralladoras Tomson (sic) traídas del Perú y miles de fusiles guardados en los techos de las casas de “todos los barrios de Bogotá”; unos cuarteles subterráneos en el Cravo Sur; un Eliseo Velásquez que “pasó a Venezuela a firmar un contrato de entrega de los campos de aterrizaje; esperan una invasión de 70 aviones rusos, manejados por mejicanos“.

Nombres rociados al azar donde figuran los respetables Francisco José Chaux y el beligerante Plinio Mendoza Neira, refugiado en Caracas, y un coterráneo boyacense un “N. Monroy que viaja a Sogamoso. Usa bigote, pelo negro, una mano lisiada.”. ¡Ah! Sogamoso, la puerta al llano, la puerta al infierno.

Todo sería una mala comedia de no mediar el lado siniestro de estas alcantarillas del poder político en trance de dictadura. La mentira que se alimenta de la mentira: el círculo de la retórica fascistoide.

Notas de pie de página

[1] Decretos extraordinarios y decretos reglamentarios de leyes expedidos por la rama ejecutiva en desarrollo del artículo 121 de la Constitución Nacional, durante del año de 1949, Bogotá, Imprenta Nacional, 1950.

El 28 de noviembre de 1949 los dirigentes del Partido Liberal, encabezados por los ex presidentes López y Santos; Carlos Lozano y Lozano, Darío Echandía y Carlos Lleras Restrepo, dirigieron una carta “de muchas firmas” al presidente Ospina Pérez protestando por esta legislación que llamaron de “golpe de estado”. Carta publicada en el folleto El golpe de estado del 9 de noviembre, (sin fecha ni pie de imprenta) copia en AGN, Ministerio de Gobierno (del Interior) Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 10, Propaganda subversiva, 1950

[2] Ministerio de Gobierno Acta número 1 del Comité de Archivo y Correspondencia, Bogotá, 1967. El Dr. Mauricio Tovar del AGN me suministró amablemente copia.

[3] Por ejemplo, Comunicación del Teniente Coronel Alberto Gómez Arenas, Director General de la Policía Nacional, al Ministro de Gobierno, 4 diciembre de 1950 sobre situación de la policía en la región de Chaparral, AGN, Ministerio de Gobierno, Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 9, Situaciones de orden público.

[4] El Siglo, 7 de octubre de 1950, pp. 1 y 12

[5] Semana, 14 de octubre de 1950, p.5

[6] El Decreto Extraordinario 477 de 1950 (Diario Oficial 27.255 de febrero de 1950) establece un control de comunicaciones telefónicas, pero no de chuzadas.

[7] AGN, Ministerio de Gobierno, Despacho del Ministro. Caja 2, Carpeta 9, Situaciones de orden público.

[8] Semana, 16 Septiembre 1950, p. 6

[9] Ibídem.

[10] Ibid.

Revista virtual Razón Pública - Colombia Plural/Inestco

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jueves, 4 de junio de 2009

Desempleo e iniquidad

Desempleo e iniquidad 

Autor: Rodolfo Arango


LAS GANANCIAS DEL SECTOR FINANCIERO reportaron $3,1 billones entre enero y abril de 2009. Un billón más que en el mismo período del año 2008.

En contraste, el desempleo llegó a 12,1% en abril de 2009, esto es, dos millones y medio de personas, en contraste con el 11,1% del mismo mes el año pasado. El 60% de la población económicamente activa pertenece al sector informal, lo que conlleva su precario cubrimiento en salud y pensiones. La iniquidad no termina ahí. Los beneficios y ventajas otorgados por el Gobierno a los ricos y el deterioro de la situación laboral de los pobres contrastan con la favorabilidad del presidente Uribe: 82% en los estratos 1 y 2. ¿Cómo explicar el fenómeno?

Las exorbitantes ganancias de los bancos y algunos empresarios, la desmejora salarial de los trabajadores y el aumento del respaldo electoral se logran gracias a una eficaz estrategia gubernamental. La política económica del Gobierno se la juega por el abaratamiento de los costos del capital y por el incentivo de las exportaciones mediante exenciones tributarias y el desmonte de las garantías laborales. La ley laboral que amplió la jornada laboral y disminuyó el pago de horas extras y dominicales con el pretexto de crear más puestos de trabajo, empeoró la situación para los asalariados de más bajos ingresos y no generó más empleo.

El otro cuerno de la estrategia, la política de asistencialismo popular, canaliza dineros públicos con destino a dos millones de familias en acción para aceitar la campaña presidencial del espíritu en la encrucijada o de su sucesor encarnado en el ex ministro de Agricultura o en el de Defensa. Mientras tanto la coalición de Gobierno tramita una ley que otorga beneficios a personas mayores que no alcancen a cotizar el tiempo mínimo legal para gozar de una pensión. El clientelismo institucionalizado al servicio de la reelección pese al contexto de creciente iniquidad económica y social. El cambio de tercio se cierra con la retórica propuesta oficial de establecer un subsidio de desempleo, pagable exclusivamente por los trabajadores. El menosprecio hacia el trabajador como fuente de la riqueza se ve reflejado en la pretendida superación del Estado Social de Derecho que el Presidente proclama mediante la estrambótica nueva forma de Estado: ¡el Estado de opinión!

La ausencia de políticas públicas generadoras de empleo y favorables a los usuarios del sistema financiero contrasta con la baja de las tasas de interés por parte de la Junta del Banco de la República para los préstamos a los bancos. La reducción del costo del dinero para los financistas no se ve reflejada en una baja apreciable de los intereses a los usuarios. El alto endeudamiento de los hogares colombianos en la crisis reporta enormes ganancias para los dueños del capital. El aumento de las ganancias del sector es ciertamente comprensible. En contraprestación sus dueños apoyan irrestrictamente al Gobierno. Contrasta la omisión gubernamental con la iniciativa del gobierno Obama para proteger al usuario del sistema financiero de los abusos y cobros excesivos de la banca. La política económica y de empleo adelantada en el último lustro deja al país mal situado en una perspectiva de largo plazo. El trabajo formal y autónomo, dignamente remunerado y con seguridad social, ha sido reemplazado por dádivas y beneficios. Culturalmente el retroceso es perceptible. La ética del empleo digno y con remuneración equitativa es sustituida por el asistencialismo de caudas sumisas políticamente y dependientes electoralmente.

Artículo original en: http://www.elespectador.com/columna143914-desempleo-e-iniquidad


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sábado, 16 de mayo de 2009

Festival Palabra en el Mundo, en Bogotá

Festival Palabra en el Mundo, en Bogotá

Discurso de Presentación, por Said Abdunur Pedraza.


Poster del evento llevado a cabo en Bogotá dentro del Festival Palabra en el Mundo.


Festival Palabra en el Mundo es organizado por la revista literaria Isla Negra (Argentina) y se lleva a cabo en simultánea en varios países. El evento en Bogotá fue organizado por Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista, con el apoyo de Las Filigranas de Perder, Fundación En Arcadia Ego y el programa Libro Al Viento.


Desde que tengo memoria, he escuchado a todos hablar de paz. Y mientras todos hablan de paz, en las noticias, desde que tengo memoria, he visto un continuo desfilar de muertes y crímenes de toda laya. Y no hablo sólo de Colombia. En lo que llevo pisando esta tierra, han sucedido cosas como Vietnam, Afganistán (dos veces), Irán, Irak (tres veces), Malvinas, Ruanda, Bosnia, Camboya, Timor Oriental, Granada, Panamá, Sri Lanka, Libia. Hasta una guerra entre Ecuador y Perú. Y por supuesto, Palestina y el bloqueo a Cuba. Podría decirse que lo único que sabemos acerca de la paz, es hablar de ella. Pero quizá el problema está en que no hemos escuchado al otro, cada quien habla de paz en un monólogo nebuloso. O quizá que no hemos escuchado a los que deberíamos escuchar. Por ello, la organización Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista se esfuerza en recuperar la voz, a través de las letras, de quienes han sido silenciados a través del terror de los bombardeos, las dictaduras, los noticieros, los sufragios enviados por correo. Pero también nos interesa escuchar de nuevo la voz de los que siempre se han tomado la palabra. Nos interesa escucharlos a todos. Por ello, cualquier persona puede participar en el Concurso o ser parte de nuestra organización, con la única condición de haber cumplido 15 años de edad. Pero incluso quienes no puedan o no quieran ninguna de estas dos opciones, pueden enviarnos cualquier tipo de texto, literario o no, sin distingo de género o extensión, hablando de pacifismo, a favor o en contra, desde cualquier perspectiva. No sólo lo escucharemos, sino que lo divulgaremos a nivel mundial en por lo menos 6 idiomas.

Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista busca crear el ambiente mundial apropiado de reflexión y expresión en torno al tema del pacifismo, para que la Cumbre Mundial de Paz que Pacifistas Sin Fronteras ha convocado para Octubre en Bogotá, y la Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia que Mundo Sin Guerras iniciará también en Octubre desde Nueva Zelanda, ni pasen desapercibidas, ni sean después recordadas como grandes eventos que hicieron mucho ruido y poca mella. Pretendemos ser el arado que prepare la tierra para que estos dos eventos resulten en una siembra efectiva. Después tendremos que cuidar este cultivo entre todos para que la próxima generación pueda comenzar una cosecha.

A estos eventos se han unido muchas otras iniciativas, entre ellas el Festival Palabra en el Mundo, que desde hoy y hasta el 17 de mayo se realiza en simultánea mundial, en su tercera versión, organizado por la revista de poesía Isla Negra, para hablar de paz, alimentos y agua como problemáticas globales, a través de la poesía. El evento de esta noche es una actividad organizada y desarrollada por Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista como parte del Festival Palabra en el Mundo. Esperamos que lo disfruten.

(Bogotá, Colombia; mayo 14 de 2009)



"Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista", certamen organizado por el movimiento literario independiente "Las Filigranas de Perder" en el marco de la "Cumbre Mundial de Paz Bogotá 2009" y de la "Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia". http://sites.google.com/site/concursomundialpacifista/


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sábado, 2 de febrero de 2008

El Último Romántico

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

Por Said Abdunur Pedraza


I
Venía forjándose desde el XVIII
y el tiempo lo había abandonado en la orilla.
La doble equis había sumergido todo
en ríos purpúreos de frialdad fuera de ritual.
Aún así le costó trabajo aprehender el concepto.

Una conspiración cuadrangular le despertó
mientras dormía la resaca de una despedida brutal.
Ellas repitieron: El 1 va antes de la A, pero se negaba a descreer.
Debía lealtad a su ascendencia maldita.

Un día llegó a casa y encontró sólo el terreno, baldío,
y entendió por fin:
era un eternizador de dioses del ocaso.

Aquella mañana de intercambio de canciones
fraguó su derrota, y no lo notó.

Pero ya había perdido, 122 años atrás.

II
Si no podía mantener la fe
¿cómo resucitaría a Clarimonda?
El vino convertido en agua,
ni siquiera tenía a qué renunciar.

III
Recordó su antiguo club de la sopa casera.
Donde comían dos, comían tres,
y los comensales eran familia por cuchara,
siempre y cuando cada quien tuviera su cuchara,
su propia y única cuchara.
Ahora: sopa había, cuchara sólo una.

Uno no hace nación,
espada a su vaina.

IV
Las amorosas crueldades llegan con la luz
y los adornos se incineran en su propio oprobio.
El ángel de la muerte observa su sueño, protector, sin prisa.
El dolor es su frazada, no imagina dormir sin ella.

Más allá de toda salvación,
expulsado de su antigua religión,
ha aceptado la verdad.
Ahora sólo aspira algún día ver La Meca
siguiendo el mandato de von Schlegel,
y allí recitar a Goethe.

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martes, 22 de enero de 2008

Elena y Las Delicias

ELENA Y LAS DELICIAS

Por Said Abdunur Pedraza


Dedicado a las víctimas del régimen Ceauşescu


Elena no piensa en el fin. Esa palabrita está asociada con otra clase de gente, gleba, que encuentra el fin a cada paso. Fin de la comida, fin del trabajo, fin de la salud, y el fin por fin. Con ella no tiene nada que ver. Y menos ahora, que se mira en el espejo de su baño en Palacio. Elena incólume, incuestionable. Comienza a desvestirse con parsimonia, indivisible. Su cuerpo se va reflejando íntegro, inalcanzable, incorruptible, impenetrable.

—Puta —, le dice al reflejo amañado que le muestra el espejo. —Qué gorda estás.

Y no, no es que Elena haya sido alguna vez una sílfide, ni que jamás haya anhelado la forma y los recorridos de las modelos de pasarela. Es que hay límites, y su cintura los había rebasado todos. Aún así, Elena no pensó en el fin. Todo se reducía, según sus cálculos exactos, a una curvatura exagerada en el universo, un pliegue en las energías cósmicas, una desproporción en las balanzas espirituales celestes. Había frutas podridas en la canasta, su canasta, que le enturbiaban el aura y amenazaban con infestar sus poros de sucio moho.

Unas cuantas frutas podridas, no más. Eso nada tiene que ver con el fin. Era cuestión de hacer una limpieza, tirar las malas frutas, un procedimiento sencillo. Sin embargo, Elena, aunque indestronable, no tenía los brazos lo suficientemente largos para poner a funcionar las maquinarias necesarias. Necesitaba una extensión de su ser, y para eso estaba casada con el Mago de las Transmutaciones. Elena, la intocable.

Su esposo, en efecto, había hecho su primer gran acto de transmutación cuando era muy joven. El objeto que transmutó, fue su propio destino. ¡Ah! ¿Cuántos ilusionistas famosos se atreverían a asumir semejante reto? No nos digamos mentiras, se necesitan güevas; aunque quizás, también, hay que tenerlas demasiado grandes. El secreto estará, de seguro, en lograr el equilibrio entre ambas cosas.

Elena frente al espejo se ve reluciente en su canastilla personal de oro, acompañada por jugosos melones de agua y exquisitas peras maduras. Y ahí están, las manzanas pútridas jodiendo el regocijo de los demás. Así que se pone la pijama y espera a su marido en la cama, para morderle suavemente la oreja, al estilo de los años cincuenta, cuando lo conoció. El mordisco va acompañado de un susurro: “Tocará quebrar a unos cuantos de esos hijueputicas, pa’ que dejen la joda.”

Y es que, aunque Elena nunca hablaba de la postadolescencia de su marido, no olvidaba que él había pasado hábilmente de ser un raponero de poca monta y un perfecto güevón, a ser la mascota favorita de los gobiernos que deberían ser, si las cosas tuvieran un norte y un oeste, los más acérrimos enemigos de su régimen.

—Papi, hay que sacar las frutas podridas —, insiste Elena por segunda noche, inquebrantable, segura de que su Nicolai todo lo puede.

No importaba que su marido hubiera sido un ladrón de tan poca monta, que se hubiera robado un pinche maletín relleno no de billetes, sino de coloridos papeles del Partido Comunista. No importaba tampoco que hubiera sido un güevón de tal magnitud, que se hubiera dejado atrapar con esa belleza de paquete en sus manos. Lo que importaba era que al salir de la cárcel, ya se había hecho miembro oficial del Partido, y de ahí a la dictadura totalitaria apenas hubo un paso. Veinte, treinta años, en fin, un paso.

A Elena, por supuesto, no podían endilgársele los cien cadáveres que nunca aparecieron, que nunca estuvieron vivos, que no fueron parte de ninguna estadística. Elena, inmaculada, sólo había tenido un par de inocentes charlas maritales con su Nicolai. Los cien cadáveres del segundo año, de los que no se habló ni hubo registro alguno, tampoco se le podían achacar a los kilos de más que exhibía Elena en su bikini verde limón a orillas del Mediterráneo, inolvidable. Elena sólo se miraba al espejo y suspiraba en el oído correcto:

—No hay equilibrio en el mundo, hay que balancear las cosas.

Y los cadáveres no aparecían, no había muertos en los libros oficiales, sólo había fiestas en Palacio, conmemoraciones de los triunfos de Vladimir III de Valaquia, y dulces gemidos nocturnos de Elena frente al espejo, haciéndose apliques bioenergéticos, aromáticos, purpúreos, mientras alcanzaba pequeños simulacros de orgasmos. “Ya casi lo logras, papi, la balanza se va equilibrando, eres el Paladín de la Equidad”. Así que no había riesgo de que Elena pensara en el fin.

El lector sabe, por supuesto, que la dicha dura poco, y que la malquerencia en el mundo crece al mismo ritmo desaforado de la población humana. En efecto, las frutas podridas se reproducían cada vez más rápido, la infección se esparcía con el mismo tono alegre con que se quema la pólvora, obligando a Elena a tomar decisiones radicales. No podía perderse el trabajo noble de tantos años. Se requería una acción definitiva.

Elena, inamovible, se desvistió de nuevo frente al espejo, e hizo una leve mueca. “Maldita ballena”, le dijo al reflejo que le inventaba el espejo, indolente. Pero no pensó en el fin.

—Papi, esos perros nos están cagando la cara. Que no quieren que nuestra familia maneje todos los ministerios e instituciones. Que les parece horrible que la policía mantenga el orden y se tome en serio la paz del país. Que les escandalizan las fiestas de Palacio. Todo les aburre. Si se deprimen tanto, ¿por qué no se suicidan? Habrá que suicidarlos.

Elena no piensa en el fin. Aún ahora, detenida por las fuerzas militares que derrocaron a su Nicolai, se mira al espejo, imprescindible. Aunque quizás en el fondo, admite que se les fue la mano. Es que claro, los países de occidente se hacían los de la vista gorda con los cien muñecos anuales que no salían a relucir, que no flotaban escandalosamente en los ríos ni en las cloacas. La situación era manejable, y el régimen colaboraba, colaboraba mucho. Todo iba bien. Pero cinco mil en un día… Se habían pasado.

Quizás en el último instante pensó por fin en el fin. O quizás un poco antes, cuando le anunciaron que le iban a atravesar el cráneo con una pepa de plomo. O quizás no. Quizás aún frente al pelotón de fusilamiento, miró a Nicolai a su lado, y esperó que ejecutara una de sus transmutaciones. Y sí, los dos se transmutaron. Elena insalvable y Nicolai insostenible, se convirtieron en cadáveres que sí aparecieron, que sí fueron registrados, y cuyas fotos vio el mundo entero.

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El Último Romántico (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/06/el-ultimo-romantico.html).


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domingo, 10 de junio de 2007

Hematófagos en la Poesía

HEMATÓFAGOS EN LA POESÍA

Por Said Abdunur Pedraza


En 1816, en Villa Diodati, se dio la célebre reunión en la que se gestaron “Frankenstein o el Prometeo Moderno”, de Mary Shelley, considerado por algunos como el precursor del cyberpunk, y “El Vampiro”, de William Polidori, el primer relato de vampiros de la literatura occidental. El personaje central de El Vampiro se convertiría en antecedente primigenio del conde Drácula, que aparecería 81 años después en la obra de Stoker. Sin embargo, antes de este primer relato, fue publicado un buen número de poemas vampíricos que sirvieron de inspiración y precedente de todas las historias de vampiros hasta nuestros días.

Los Inicios

La tradición filosófica que iniciara Descartes en el siglo XVII, conocida como Racionalismo, llevó de forma paradójica a que en el siglo XVIII los seres y hechos sobrenaturales recibieran trato literario, con lo que surgió la novela gótica. Vino luego el impacto del romanticismo, que dominó la literatura europea entre los siglos XVIII y XIX, y acentuó el rechazo hacia la Ilustración y el Neoclasicismo, lo que redundó en el enriquecimiento de las historias de horror con la mentalidad y la postura propias de los románticos: culto al individuo, defensa de la libertad de creación y de expresión, insurrección contra la autoridad política, exaltación de los sentimientos, y por supuesto, tendencias al frenesí, la melancolía y el hastío del mundo. Los tratadistas del Renacentismo habían calificado como gótico (de la palabra godo, en relación a los pueblos germánicos que lucharon contra Roma durante casi un siglo) a todo el arte y la arquitectura de la Europa medieval. Así como para Roma lo godo se refería a todo lo bárbaro y atrasado, para los racionalistas lo gótico era inferior, despreciable. Esta postura fue cuestionada con severidad por aquellos que entendían que jamás habría existido Renacimiento sin todo el desarrollo anterior europeo, que además tenía (y tiene) una profunda deuda con el mundo islámico, pues como dijo el gran orientalista Gustave Lebon: "Del triple punto de vista material, intelectual y moral, son los arabo-musulmanes que han civilizado Europa". Los románticos buscaron las raíces de cada pueblo en su historia, en su literatura, en su cultura. A esto se debió la revitalización de los antiguos poemas épicos y de las leyendas y tradiciones tanto locales como orientales. Y el mito del vampiro, importado de las tradiciones de Hungría, Polonia, Moravia, Silesia y Serbia, nutrió la imaginación de los románticos pues encajó a la perfección en sus atmósferas oscuras y melancólicas, en su rechazo a los héroes universales que fueron sustituidos por figuras más complejas que celebraban al hombre corriente, y en su rescate de la poesía popular y los romances medievales. Además, el vampiro fue la figura ideal para representar a la aristocracia decadente que sobrevivía a expensas de desangrar al pueblo, para caricaturizar su sociedad, y para burlarse del cientificismo y el racionalismo.

Los vampiros y la poesía

Uno de los primeros escritores europeos que aluden al vampiro es Heinrich Ossenfelder, que publicó en 1748 un poema corto llamado “El vampiro”. Trata de un hombre que es rechazado por una dama religiosa de la que está enamorado, y que decide imponerle su sadismo como mejor y más poderoso que las enseñanzas maternas.

Mi estimada doncella recatada
seguidora firme e inflexible
de las enseñanzas que tiempo atrás
le inculcara su piadosa madre;
así como el vampiro inmortal
que siguiendo a la gente frente al portal de Theyse
se inclina como un verdadero creyente.
Ahora, refugiada sólo en su cristianismo
Usted desea que yo no la ame en absoluto;
quiero vengarme de Usted
por mi amor despreciado
y consumar la bebida
en un brindis por el vampiro.

Y al inclinarse con suavidad
de sus hermosas mejillas
el púrpura fresco libaré.
Temblará cuando la bese
será el beso del vampiro
y cruzará el umbral de la muerte entre mis brazos yertos.
Entonces le preguntaré
si mi instrucción ha resultado mejor
que la de su buena madre.

Un cuarto de siglo después, en 1773, Gottfried Bürger publicó su poema “Lenore”, una de las obras que más influenció el movimiento romántico. Una joven desesperada reniega de la Providencia por no tener noticias de su novio, que prometió desposarla al regresar de la guerra ya finalizada.

[…] Su madre la acariciaba con ternura,
con suaves palabras de aliento:
“Hija mía, que Dios te contemple
y te tranquilice, niña mía.”
“¡Oh, madre, madre! ¡Lo que se fue, se fue!
No comprendo cómo el mundo sigue rodando:
¿Qué piedad tiene Dios conmigo?
¡Pena, pena y aflicción, para mi pesado corazón!

“¡Cielos, ayúdenla!
¡Niña, reza un Ave María!
Grandes y sabios son los actos de Dios;
Él te ama y se compadece de ti.”
“¡Fuera, madre, fuera con esas mentiras!
¿Acaso Él ve mi desesperación, o escucha mi llanto?
¿Qué importa ahora esperar o rezar? […]

Esa misma noche llega el novio a su puerta y la lleva en furiosa cabalgata para desposarla. Intrigada por la prisa, le pregunta si acaso teme que los muertos, que viajan veloces, les den alcance. Él le pide que deje a los muertos descansar en paz. Llegan al fin, se trata de un cementerio, y su amado se transforma en un esqueleto que carga una guadaña y un reloj de arena. El vampiro creado por Polidori obedece a esta misma tradición que dice que un vampiro es una persona que ha sido maldita por sus crímenes, por haber cometido suicidio, o por haber renegado de Dios. Es la misma figura vampírica utilizada por Bram Stoker en su novela Drácula y por muchos otros autores en sus textos. Stoker hizo homenaje a la obra de Bürger en su relato “El Huésped de Drácula” de 1896, donde puso la frase “veloces viajan los muertos” en la lápida de la tumba de la condesa Dolingen de Gratz. Y quizá el propio Bürger hacía homenaje a Kaspar Stieler, autor del poema “Que los Muertos Descansen en Paz”, de inicios del siglo XVIII, en el que Filidor, a su muerte, promete a la niña Florilis que su fantasma regresará para atormentarla a menos que se corrija a tiempo.

[…] Mas orgullosa niña,
no imagines que te dejaré ir así.
Un rostro espectral,
parecido al mío, te atormentará;
te perseguirá mi fantasma e irá a la cama contigo.
Un opresivo sueño
te despertará frecuentemente.
Con dificultad creerás cómo entonces puedo asustarte:
Haré miserable tu vida con lamentos y golpes […]

Pero es en 1797 cuando el tema del vampiro es llevado a las más elevadas cimas poéticas, de la mano de Goethe, el mayor poeta alemán de la historia y profundo admirador y estudioso del Islam (el Diván, libro de poesía abiertamente islámico con referencias al Corán y la Sunna del profeta Mujámmad -ByP-, influenció a compositores como Schubert, Strauss y Schumman, que musicalizaron algunos de estos poemas. Más al respecto en Goethe y el Islam). La Novia de Corinto es un magnífico poema en el que se reúne la fuerza, la belleza y la dura crítica a la sociedad que serían características de los grandes relatos vampíricos. Una muchacha enamorada vuelve de la tumba para encontrarse con el hombre al que se había prometido, y al que no pudo entregarse en vida pues su madre la había forzado a hacerse monja.

[…] —¡Quieto, que el gallo cantó!
—¡Pero mañana a la noche!...
—¡Vendré, no tengas temor!

No puede ya la vieja contenerse;
la harto sabida cerradura abre.
—¿Quién es la zorra —grita— en esta casa
que al extranjero así se atreve a darse?
¡Fuera de aquí, en seguida!
Mas, ¡oh, cielos!, al punto reconoce
al fulgor de la lámpara a su hija.

De encubrir trata el frustrado joven
a su adorada con su propio velo,
o con aquel tapiz que a mano halla;
pero ella misma saca, altiva, el cuerpo.
Y con psíquica fuerza,
con un valor que asombra,
larga y lenta en el lecho se incorpora.

—¡Oh, madre! ¡Madre! —exclama—, ¿de este modo
esta noche tan bella me amargáis?
De este mi tibio nido, mi refugio
sin pizca de piedad ¿a echarme vais?
¿Os parece poco llevarme al sepulcro
al lograr apenas la flor de mis años?

Mas del sepulcro mal cerrado un íntimo
impulso liberóme; que los cantos
y preces de los curas, que acatáis,
para allí retenerme fueron vanos.
Contra la juventud, ¡agua bendita
de nada sirve, madre!
¡No enfría la tierra un cuerpo en que amor arde!

Mi prometido fuera ya este joven
cuando aún de Venus los alegres templos
erguíanse victoriosos. ¡La palabra
rompisteis por un voto absurdo, tétrico!
Mas los dioses no escuchan
cuando frustrar la vida de su hija
una madre cruel y loca jura.

Por vindicar la dicha arrebatada
la tumba abandoné, de hallar ansiosa
a ese novio perdido y la caliente
sangre del corazón sorberle toda […]

Siguiendo una tradición según la cual el vampiro es un espíritu que se apropia de un cuerpo y secuestra su alma para hacer de las suyas, y sólo con la muerte del vampiro es liberada el alma de la persona que poseía originalmente dicho cuerpo, Robert Southey publicó en 1799 su poema “Thalaba, El Destructor”. Thalaba y su suegro Moath visitan la tumba de su esposa e hija Oneiza, que se levanta del sepulcro. Thalaba, hechizado por el espectro, no atina a actuar en su contra, y es Moath quien atraviesa el cadáver con una jabalina. Entonces, muere el vampiro, y el alma de Oneiza, tras un destello azul, logra descansar por fin.

[…] “¡Ahora, ahora!”, gritó Thalaba;
y sobre la cripta de la tumba
se esparció un pálido resplandor,
como los reflejos de áureo fuego;
y en esta espantosa luz
Oneiza apareció ante ellos. Era ella…
Sus mismas facciones, alteradas por la muerte,
lívidas mejillas, azulados labios;
pero en sus ojos aparecía un brillo más terrible
que toda la horridez de la muerte.
“¿Vives aún, infeliz?”,
preguntó con apagada voz a Thalaba;
“¿y debo abandonar cada noche mi tumba
para decirte, en vano,
que Dios te ha abandonado?”
“¡No es ella! —exclamó el anciano—,
¡es un espectro, nada más que un espectro!” […]

En 1810, un grupo de burgueses criollos de la Nueva Granada, alentados a conseguir para sí el poder siguiendo las ideas liberal-burguesas de la Revolución Francesa, y organizados por Francisco José de Caldas y Camilo Torres, utilizaron el florero de Llorente como excusa para encender el polvorín de la rebelión "independentista" en la plaza central de Santafé de Bogotá. Ese mismo año se publicó en Londres el poema “El Vampiro” de John Stagg. Allí, Herman es interrogado por su esposa sobre su palidez, y él le cuenta que su amigo, muerto recientemente, lo visita cada noche y se alimenta de su sangre. La muerte es inevitable, y el esposo angustiado advierte que una vez haya bajado a la tumba, se alimentará de su amada. Para evitarlo, le suplica que en cuanto muera le atraviese el cuerpo con una jabalina. Una vez muerto, su esposa advierte a los habitantes del pueblo, desentierran al amigo encontrando su cuerpo incorrupto, y unen los cuerpos de ambos para atravesarlos con una larga estaca.

[…] El joven Segismundo, mi una vez querido amigo
pero ahora mi vil perseguidor
extiende su malevolencia
incluso para torturar mi alma.

Por la noche, cuando, envueltos en profundo sueño
todos los mortales compartimos un suave reposo,
mi alma mantiene espantosas vigilancias
más intensas de lo que el infierno apenas sabe.

Desde la tenebrosa mansión de la tumba
desde las profundas regiones de los muertos
el fantasma de Segismundo vaga
y me persigue horriblemente en mi cama.

Allí, vestido de forma infernal,
(de manera que yo no entiendo)
el duende yace cerca de mí
y bebe mi sangre vital […]

La figura del vampiro en la literatura romántica se consolidó por completo en 1813, cuando Lord Byron publicó el poema épico “El Giaour, Fragmento de un Cuento Turco”. Byron recurrió a una tradición griega que dice que el castigo del vampiro está en que debe alimentarse de sus seres queridos, a quienes no puede dejar de atormentar. También le da al vampiro el estatus de criatura odiada por excelencia: incluso los demonios y los espíritus se alejan de él, que es más abominable que ellos.

[…] tu cadáver de la tumba será arrancado;
luego, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de todos los tuyos has de chupar;
allí de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de vida secarás.

Aunque abomines del banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver viviente,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.

Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esa palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero concluir debes tu trabajo y observar
en sus mejillas el último color […]

Tres años más tarde, en aquella noche en Villa Diodati, mientras los invitados contaban historias de espantos a la luz de las velas bajo una intensa tormenta, el dueño de casa, Lord Byron, recitó de memoria un poema que Samuel Taylor Coleridge había programado a cuatro cantos, pero que abandonó inconcluso tras escribir dos entre 1797 y 1801. El poema, que se publicó ese mismo año de la famosa reunión, lleva por título el nombre de la protagonista, “Christabel”, una muchacha que decide darse un paseo por los alrededores de su castillo a pesar de que el clima le es adverso, y escucha un quejido que viene del bosque. Llevada por la curiosidad, encuentra a Geraldine, hermosa joven que le relata cómo ha sido violada por cinco soldados y luego abandonada a su suerte. Viéndola harapienta y temblorosa de miedo y de frío, Christabel la invita a dormir con ella. La tendencia lésbica de los personajes, apenas sugerida por el autor, fue duramente criticada en su momento.

[…] su vestido de seda y la ropa interior
cayeron a sus pies y, pleno a la vista,
mirad, su pecho y su costado:
¡una visión para soñar, no para describir!
¡Oh, protéjanla! ¡Protégete dulce Christabel!
Geraldine todavía no habla ni se mueve.
¡Ah! qué impresionante mirada la suya:
desde su profundidad, a medias mira
para quitarle algo de peso con enfermo intento;
y contempla a la doncella y busca tiempo.
Intempestiva entonces, como desafiada,
se repone altiva y orgullosa
y se recuesta al lado de la Doncella.
Y en sus brazos tomó a la joven.

¡Ah, vaya día!

Y en voz baja y con preocupación en su mirada
dijo estas palabras:
—Al tocar este pecho trabaja un conjuro
que señorea en tus palabras, Christabel […]

Geraldine es un vampiro psíquico, que más que alimentarse de la sangre de Christabel, busca perder su alma en la oscuridad de la maldad. Este poema inspiraría más adelante a Le Fanu para su bellísimo relato “Carmilla”, publicado en 1871, en el que la referencia al lesbianismo es mucho más directa que en el poema de Coleridge, y mucho más peligrosa, pues entonces Inglaterra ya vivía la era victoriana. Geraldine es también antecedente directo de Clarimonda, la vampira de “La Muerta Amorosa”, extraordinario relato de Théophile Gautier, publicado en 1836, donde el autor termina de dar a la vampira la forma de la femme fatale por excelencia. Clarimonda está en cierta forma inspirada también en el personaje del poema “La Bella Dama Sin Piedad”, publicado en 1818 por John Keats: Un caballero pálido y solitario cuenta su aventura con una bella dama que tras enamorarlo, lo condujo a su gruta y le arrebató la vida.

[…] En mi manso corcel la senté entonces
y no vi ya otra cosa en todo el día,
pues se inclinaba, entonando
una canción de hadas.

Encontró para mí raíces exquisitas
y miel silvestre y maná de rocío
y en una extraña lengua me dijo muy segura.
“¡De verdad que te quiero!”

A su gruta de elfos me condujo
y allí echóse a llorar y dio un suspiro,
y allí con besos le cerré los ojos
tan salvajes y tristes.

Y allí me durmió ella con sus leves canciones
y allí soñé, ¡qué desventura!
Tuve el último sueño que soñara
en la ladera fría […]

En “Las Flores del Mal”, poemario cuya edición ampliada se publicó en 1861, Charles Baudelaire, el poeta maldito por antonomasia, incluyó dos poemas que tocaban el tema del vampiro, aunque con una visión que ya se alejaba de la literatura vampírica clásica. En “El Vampiro”, Baudelaire retrata la desgracia de un hombre, esclavo de un amor maldito, a tal punto que ni el suicidio puede liberarlo.

[…] He implorado a la espada rápida
la conquista de mi libertad,
y he dicho al veneno pérfido
que socorriera mi cobardía.

¡Ah! El veneno y la espada
me han desdeñado y me han dicho:
“Tú no eres digno de que te arranquen
de tu esclavitud maldita,

¡imbécil! —de su imperio
si nuestros esfuerzos te libraran,
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro!”

Y en “La Metamorfosis del Vampiro”, poema censurado y retirado de “Las Flores del Mal” y luego recopilado en “Los Despojos” de 1866, Baudelaire nos muestra a un hombre víctima de una vampiresa letal, que termina convertida en mero esqueleto.

[…] Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
a fin de devolverle un beso, sólo vi
rebosante de pus, un cáliz pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
a mi lado, en lugar del fuerte maniquí
que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
en confusión chocaban fragmentos de esqueleto,
de los cuales se alzaban chirridos […]

El Final

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el romanticismo entró en decadencia y fue cediendo espacio al parnasianismo y el simbolismo en la poesía, y al realismo y el naturalismo en la prosa. En 1897 aparece Drácula, y todo el ideario estético, social y político que había servido de trasfondo a los poemas y relatos de vampiros, desaparece y es reemplazado por valores distintos. Drácula es un reflejo de su tiempo, y de alguna forma definió el camino que tomaría la literatura de la nueva era industrial. Contrario a la tradición romántica que se burló del cientificismo, revitalizando y valorando las leyendas eslavas, Stoker da la victoria al cientificismo representado en Van Helsing, como la única fuerza capaz de oponerse a la superstición representada en el conde Drácula. Stoker retorna a la visión racionalista, en la que la ciencia puede dominar con la fuerza de la razón al monstruo sobrenatural, y en la que la melancolía y las sensaciones extáticas que se apoderan de Mina Harker al ser liberado su espíritu juvenil y sensual gracias al influjo del vampiro, son dominadas por el pudoroso y estirado victorianismo representado por Jonathan Harker, que la devuelve a la cárcel de la vida hogareña inglesa al derrotar al conde y retornarla a su condición de esposa sumisa y silenciosa, virtuosa y recatada, reprimida y discreta. De esta forma, Drácula es la novela que sirve de lápida al movimiento romántico en la literatura inglesa, y a las historias clásicas de vampiros.

La uruguaya Delmira Agustini, poetisa que destacó dentro del modernismo, publicó a comienzos del siglo XX el poema “El Vampiro”, en el que los elementos mitológicos de la poesía de vampiros son reemplazados por una visión más íntima y cotidiana. Había muerto la poesía vampírica clásica y la imagen del vampiro comenzaba a transitar nuevos caminos.

[…] Y exprimí más, traidora, dulcemente
tu corazón herido mortalmente;
por la cruel daga rara y exquisita
de un mal sin nombre, ¡Hasta sangrarlo en llanto!
y las mil bocas de mi sed maldita
tendí a esa fuente abierta en tu quebranto […]

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