miércoles, 30 de junio de 2010

La Verdad

LA VERDAD


Por: Said Abdunur Pedraza


Cada grupo humano se constituye bajo la premisa de que tiene la verdad de su lado. Si un grupo de personas se reúne y forma una pandilla enorme, violenta y poderosa como la “Hermandad Aria” de Estados Unidos, es porque cada uno de ellos está convencido de que la “raza aria” es la única que tiene derecho a prevalecer sobre la tierra. Si otro grupo de personas se reúne y conforma una barra brava del Boca Juniors, es porque están seguros que ese es el mejor equipo del mundo y quien diga lo contrario puede salir mal librado. Y si alguien entra a formar parte de un cartel del narcotráfico, es porque está convencido de que esa es la forma real, verdadera, de obtener lo que desea. Del mismo modo, si alguien inicia un grupo de alcohólicos anónimos, es porque está convencido de que dicho grupo y su metodología es la luz que sacará de la oscuridad del alcoholismo a las personas.

A nivel corporativo ocurre algo similar. Si trabajas para Coca Cola no puedes decir nada que cuestione las maravillas del producto y la excelente organización de quienes lo producen, mucho menos revelar información sensible de la compañía. Ellos son los que realmente saben cómo hacer refrescos, por encima de cualquiera.

La publicidad se encarga de meternos en la cabeza ideas fabricadas respecto a quién tiene la verdadera verdad. Es un caso interesante este de la publicidad, básicamente los publicistas son personas que no tienen nada que ver con la verdad que tratan de incrustar en nuestros cerebros: generalmente tratan de vendernos algo en lo que ellos no creen. Además, se basan en los principios de la Propaganda, dictados por Goebbels, el genio que llevó a Hitler al poder, [1] aunque no crean en su ideología ni sus métodos. Son expertos en convencer a otros de cosas que no los convencen a sí mismos.

Eso también pasa muchas veces con las religiones. Muchos grupos religiosos son liderados por personajes carismáticos que saben muy bien cómo vender su “religión” y ganar posición, poder y dinero con ella, aunque no crean una sola palabra de lo que dicen. [2] Pero por supuesto, también están aquellos que sí creen en lo que predican y no solo se esfuerzan en aplicarlo a sus vidas, sino que no lo difunden por intereses personales, sino porque están convencidos de que tienen la verdad y deben compartirla con los demás; lo consideran una obligación moral.

Por tanto, que un grupo determinado crea que tiene la verdad, no es un problema en sí mismo. Nadie pertenecería a un grupo si creyera que ese grupo está en el error.

De la ideología fundamental de un grupo depende su dinámica en la sociedad, su interrelación con los individuos y los otros grupos. Algunos grupos giran en torno a organizaciones más grandes o instituciones que los agrupan. Las grandes empresas, por ejemplo, giran en torno a las bolsas de valores y los mercados. En ocasiones dos empresas llegan a acuerdos y establecen alianzas. En otras se da lo que es denominado “adquisición hostil”. Los carteles del narcotráfico pueden negociar entre ellos, pero en ocasiones se desatan también guerras por el control de rutas y territorio. Se nos machaca mucho que las religiones son las generadoras de guerras, y se nos muestra la brutalidad con que las Cruzadas se desataron contra el mundo islámico, o las atrocidades cometidas por la Inquisición (debería decirse “las inquisiciones,” porque las hubo entre los protestantes como entre los católicos). Pero no se nos menciona que ha sido el concepto liberal burgués de estado nación el que ha generado las mayores guerras de la historia. Qué, sino la defensa de la ‘patria’, llevó a las guerras independentistas, tanto como a las guerras civiles de secesión. Patria y libertad han sido los conceptos detrás de la guerra de Vietnam, la de Corea, las dos guerras del Golfo, las dos Guerras Mundiales... Pero en el fondo hablamos de lo mismo: el grupo de los que se consideran libres y defensores de la libertad, creen tener la verdad respecto a cómo debe vivir un “hombre libre.” Los miembros de una etnia, cultura, o grupos que comparten determinados rasgos históricos o culturales, creen tener la verdad respecto a ser autónomos de cualquier otro grupo y formar su propio estado nación.

Incluso en entornos de convivencia pacífica entre grupos disímiles, el choque de ideas y la defensa de cada grupo de su verdad pueden confundir con facilidad al hombre moderno, que quiere la verdad en pequeños cortes comerciales de menos de 3 minutos, y las soluciones a sus problemas en cápsulas fáciles de tragar. La solución facilista y barata surge en abundancia: “Nadie tiene la verdad, yo no sé cuál es la verdad y no pretendo tener la verdad”. Sin embargo, esto no es más que un sofisma de autoengaño para evadir la responsabilidad de tomar partido. Muchos confunden la neutralidad con el no tener posición. No, una persona ‘neutra’ tiene una posición clara, pero en una determinada situación, no defiende su posición sino que trata de mediar entre las posiciones en disputa. Una persona sin posición es, sencillamente, una veleta que se mueve hacia donde más sople el viento.

Y para tener posición, hay que tomar decisiones. Y la toma de decisiones es algo difícil para el hombre moderno, que no quiere asumir las consecuencias de las decisiones que toma. Es mejor dejar que otros decidan. Cuando se deja la responsabilidad en manos de otros, es fácil lavarse las manos si algo sale mal. Pero tarde o temprano, un ser humano se enfrenta a una situación en la que debe decidir por sí mismo, le guste o no.

Y la mejor herramienta en la toma de decisiones, es el conocimiento. [3] Lamentablemente, nuestra noción occidental de conocimiento se limita a la información académica, y creemos que una persona con muchos títulos universitarios colgados en la pared, es una persona de conocimiento, cuando generalmente no es más que un técnico muy bien preparado en su área, pero que poco o nada sabe del mundo, la vida, el ser humano y la sociedad.

Cuando se trata de hallar la verdad espiritual, el asunto se torna más complejo. Si se hace una búsqueda basada solo en la razón, resulta en una exploración científica de las religiones que en ningún momento permitirá alcanzar la espiritualidad buscada. Pero si la búsqueda se limita a las emociones y sensaciones, se estará viajando de mano de un subconsciente y un inconsciente generalmente desconocidos, que pueden ser manipulados por hábiles charlatanes.

El conocimiento como herramienta implica el conocimiento de sí mismo, el saber qué se está buscando, y el informarse bien sobre las opciones que se ofrecen ante uno. Sin embargo, esta idea resulta utópica y contradictoria: ¿conocerme bien a mí mismo para buscar la espiritualidad? ¡Si debo hallar el camino espiritual primero para conocerme a mí mismo! Entonces, ¿qué hacer?

No hay una respuesta sencilla a esa pregunta, y ese es el punto. El hombre de hoy busca respuestas rápidas, concretas y sencillas a sus preguntas. Es más fácil comprar un librito de autoayuda que supuestamente enseña a cómo ser feliz, cómo hacerse rico, o cómo hacer de tus hijos unos ganadores, que enfrentarse a la real complejidad de la vida y a la enorme responsabilidad que implica cada acto de nuestras vidas. Es más fácil cerrar la boca, no cuestionar, no criticar a nadie, y tratar de caerles bien a todos para evitar conflictos. Pero la tarea de agradar a todos es siempre ardua y frustrante.

Cada quien debe definir sus búsquedas, partiendo de una pregunta o un objetivo claros. En lo personal, un día debí decidir cómo era mi creencia en la divinidad y qué implicaba esta en mi vida. Si puede ser de utilidad para alguien, expongo muy brevemente cual fue mi razonamiento:

Llegué a un punto en el que descubrí que necesitaba hallar un camino concreto. Un barco a la deriva puede llegar a cualquier parte, y eso suena emocionante. Pero la realidad es que un barco a la deriva simplemente es arrastrado por las corrientes hacia donde ellas quieran llevarlo. Es mejor ser un barco con timón, bien guiado, dirigido a puerto seguro. ¿Y cuál es ese puerto?

Crecí en una sociedad eminentemente católica, de modo que tenía ya unas ideas preconcebidas sobre la divinidad, la religiosidad y la espiritualidad. Ningún ser humano parte de ceros, toda búsqueda humana se inicia con lo que nos han enseñado nuestros padres, maestros y amigos. No somos meros juguetes de los genes, somos seres culturales. De modo que, una vez me reconcilié con mi idea de Dios y mi formación católica, hice algunas reflexiones:

• Si Dios existe, Él es La Verdad.

• Si Dios es Uno solo, un Único Dios verdadero, La Verdad es Una sola.

• Todo ser humano nace y muere, esa es una verdad absoluta [4]. Por tanto, la premisa de que no hay verdades absolutas es falsa. Si Dios existe y es La Verdad, Él es La Verdad Absoluta.

• Si Dios es El Justo, no es posible que haya dejado a los seres humanos en tinieblas, debió haber revelado la verdad para que pudiéramos conocerla.

• Si Dios reveló la verdad, y es El Justo, esa verdad revelada no puede estar oculta o en poder solo de un pueblo o de una élite, debe ser una verdad que ilumine el camino de todos los seres humanos, y solo hay que buscarla para hallarla.

• Si la verdad está a disposición de todos los seres humanos, no hay pueblo elegido ni raza superior, y no importa dónde o cuándo nací ni en qué sociedad o contexto religioso: si busco la verdad podré hallarla.

• Siendo que la verdad emana de La Verdad, que es Dios, no puede estar adulterada por la mano del hombre, debe permanecer intacta, y debe ser perfecta. Solo eso probaría que es la verdad revelada.

• Si Dios es El Justo, no puede exigir que una persona tenga un doctorado en teología para conocer la verdad revelada, máxime cuando tres cuartos de la población humana es analfabeta, o escasamente sabe leer y escribir, o tiene apenas una formación escolar mínima. Tampoco puede hacer que tres cuartas partes de la población humana dependan de que unas pocas personas con doctorado en teología vayan a enseñarles la verdad. Por ello, la verdad debe caracterizarse por su sencillez. Estoy en completo desacuerdo con C. S. Lewis, quien afirmó en su libro “Mero cristianismo” que para él la verdad revelada es el Cristianismo porque sus dogmas son tan ilógicos e impredecibles que ningún ser humano pudo haberlos inventado. Por el contrario, confío en que Dios nos dio la capacidad de razonar para con ella poder identificar la verdad, por lo tanto, la verdad no puede ser ilógica y compleja, sino sencilla y comprensible. Quien esté buscando la verdad podrá hallarla y la identificará cuando la encuentre, no importa si es un campesino, un profesor universitario o un lustrabotas.

• La verdad no puede ser algo que deba aceptarse ciegamente, debe ser algo que sea racionalmente identificable. Pero la verdad tampoco puede ser algo que solo satisfaga el intelecto, debe ser algo que también pueda sentirse. En definitiva, la verdad debe poder reconocerse con la mente, los sentidos y el corazón, todo a la vez.

• Si Dios es La Verdad y ha revelado Su verdad a los hombres, la verdad revelada es el camino hacia La Verdad y el puerto seguro es Dios. Por lo tanto, la verdad no puede ser otra cosa que el camino hacia Dios.

• Si la verdad es el camino hacia Dios, quienes siguen ese camino viven de acuerdo a la verdad. Por tanto, la verdad es algo vivencial, no es mera información o conocimiento académico. Encontrar la verdad no consiste solo en creer en la verdad, sino en vivirla.

• Si la verdad es algo vivencial, no puede ser una experiencia individual, pues los seres humanos somos seres sociales. La verdad debe ser algo que vivo de forma individual, pero que se expresa en la forma como me relaciono con los demás, y por tanto, la verdad es también una vivencia colectiva, una forma de construir sociedad.

• Vivir la verdad genera sabiduría, lo que conlleva a conocer mejor la verdad. La verdad, entonces, mejora al ser humano y a la sociedad.

La historia fue la que me dio confirmación de estas reflexiones. Durante el siglo VII en Arabia, la sociedad que construyó Mujámmad junto con sus seguidores en Medina, y que luego se extendió a La Meca, y que a través de los primeros cuatro califas llegó a cubrir, en apenas 70 años, un territorio mayor al de cualquier imperio que haya existido, fue una sociedad que se convirtió en la luz del mundo en todos los aspectos, y que fue la civilización más avanzada científica, social, tecnológica y espiritualmente por alrededor de mil años. Los árabes no tenían siquiera arquitectura, jamás habían tenido un estado, por lo que esta civilización surgió de la nada, con base apenas en lo escrito en el Corán y en el ejemplo de vida que había dado Mujámmad. [5] Descubrir que el Corán se encuentra intacto gracias a la transmisión ininterrumpida tanto oral como escrita, y que la vida detalladamente registrada de Mujámmad es un ejemplo para la humanidad, me convenció de haber encontrado el camino.

Pero, ¿qué tiene que ver eso con la situación actual? Muchos dicen que el mundo islámico se encuentra hoy en su edad oscura. Los medios de comunicación no paran de bombardearnos con propaganda que dibuja a los musulmanes como terroristas despiadados. Y cuando uno, sin saber nada del tema, busca información sobre el Islam, resulta con una mezcla de información de diferentes sectas que solo crea confusión.

Bueno, mi respuesta a eso es que hallar la verdad no significa encontrar el final del camino. Todo lo contrario, es encontrar el comienzo del mismo. A veces es un poco más sencillo. Si para alguien la verdad está en el catolicismo, puede confiarse en la información oficial de la Iglesia de Roma que tiene sus representaciones legítimas tanto en el mundo virtual como en las iglesias católicas de todo el mundo. Muchas otras iglesias y grupos religiosos tienen asimismo sus organizaciones, agrupaciones y representaciones oficiales. En el caso del Islam, ya que es una religión sin clero y que, por tanto, no tiene nada similar a un Papa, obispo principal o colegio cardenalicio, puede ser un poco más complicado. En definitiva, la verdad no se encuentra en un panfleto de 3 página, ni en un librito de autoayuda de 100 páginas “para dummies”.

Decía que cada grupo cree tener la verdad. De uno depende decidir de qué grupo quiere formar parte. Es imposible no formar parte de ningún grupo, sea en un tema o en otro. Un grupo familiar, un grupo empresarial, un grupo deportivo... Y ningún ser humano está fuera de los grupos religiosos. Los que no tienen religión forman parte ya sea del grupo de los ateos o del grupo de los agnósticos. Y depende de cómo se mire el asunto, estos grupos serían religiones en sí mismos.

Cada religión que existe proclama ser la poseedora de la verdad. Cada una promete ser el camino de felicidad y salvación. Existen más de 4.000 religiones en el mundo, y es imposible que todas sean verdaderas. También es imposible conocerlas a todas lo suficiente como para decidir cuál de ellas es la verdadera. Pero aunque en América Latina lo que abundan son iglesias cristianas de todo tipo, existe todo un universo increíblemente diverso más allá del cristianismo. Quienes definitivamente no congenian con ninguna forma de cristianismo, tienen mucho por explorar aún.

Dice un dicho popular que ‘todo extremo es vicioso.’ Sería absurdo querer saber de todas las religiones y escoger una, ni siquiera es posible tener un conocimiento profundo de las 10 mayores religiones para decidirse por una. Igualmente absurdo es rechazarlas a todas y generalizar, pensar que todas son iguales, y declararse agnóstico por mera comodidad, porque es más fácil inventarse uno mismo una supuesta “relación personal”, individualista y egoísta con Dios, un Dios pensado a la medida de las necesidades propias. Esa “relación personal,” además, es un autoengaño: siendo seres culturales, el dios que cada persona se inventa y la forma que inventa de relacionarse con él, no es original ni autónoma. En realidad, lo que la gente termina haciendo, es un sincretismo de religiones: Con la meditación hindú se hace yoga después de haberse persignado al estilo cristiano, luego se encienden unas varas de incienso al estilo budista mientras se dirige una plegaria a la Pacha Mama, más tarde se le pide un deseo a una estrella y se visualiza por 15 minutos un auto nuevo con la esperanza de que la “ley de la atracción” funcione. Hoy día, ese tipo de pseudomasonería es muy común, pero quienes la practican no saben que en realidad forman parte del grupo de los idólatras. En ese mismo grupo se sitúan los que no tienen estas prácticas diversas, pero mezclan a una creencia de base (cristiana, por ejemplo) conceptos y creencias de otras religiones (la mezcla con elementos religiosos amerindios, budistas y neopaganos, es muy común). Por ejemplo, muchos católicos desconocen que hacer yoga va en contra de su religión. Incluso, muchos fieles de las tres grandes religiones monoteístas abrahámicas creen en la reencarnación, cosa que rompe por completo con las bases fundamentales de la fe en estas religiones.

En mi caso, partí de dos hechos simples:

1. No puedo ser ateo, definitivamente siempre he creído en Dios. Para mí es una cuestión de lógica. Todo el universo muestra un diseño intrincado. Nuestro cuerpo, nuestras células, el movimiento de los planetas, todo obedece a un diseño calculado y complejo. Y un diseño siempre indica que hay un diseñador. Es imposible que tanto orden haya surgido de la nada y por mero azar.

2. Soy monoteísta, por tres razones fundamentales: Primero, se me enseñó desde pequeño que no existe sino un único Dios verdadero. Segundo, he encontrado en la antropología evidencias de que el monoteísmo es el origen de todas las religiones [6]. Y tercero, me resulta apenas obvio que si existiera más de una divinidad, el universo sería un caos debido a las competencias, celos y problemas entre deidades (como las infidelidades de Zeus y los crímenes de Hera enloquecida por los celos; el intento de Ogún de fornicar con su propia madre y la consecuente ira de su padre Obatalá, quien ordenó ejecutar a todos los varones; el enfrentamiento entre Chibchacum, decidido a destruir la raza humana, y Bochica, que salvó a la humanidad, o el asesinato de Osiris por parte de su hermano Seth). Un ejército no funcionaría con dos comandantes, ni un reino con dos reyes, ni un país con dos presidentes, ni una empresa con dos gerentes. Ni siquiera una cocina funcionaría con dos chefs. Debe haber una cabeza, un líder que dirija y tenga la última palabra al tomar decisiones. El hecho de que el universo tenga un diseño específico y un orden establecido, indica que no pudo surgir del caos, y que hay Un Diseñador, Un Solo Creador, Un Único Dios.

Eso hizo que de todas las religiones del mundo, solo las tres grandes religiones monoteístas no fueran descartadas.

Por supuesto, la realidad no fue tan esquemática. Yo no estaba buscando religión, ni siquiera buscaba un cambio profundo en mi forma de vida. Pero a lo largo de varios años, se fue formando este esquema que ahora puedo resumir para aquellos a quienes pueda ser útil de alguna forma.

Incluso quien afirma no tener la verdad, cree que su verdad está en esa proclamación. Y todo ser humano necesita una brújula que le marque el camino. La verdad existe, porque si no existiera no existiría el error. Si cada quien tiene su verdad, nadie está equivocado, y sobre esa premisa es imposible construir una sociedad, pues una sociedad no es la unión de un número de individuos, cada uno de los cuales decide por sí mismo qué y cómo hacer las cosas. Una sociedad es un conjunto de personas que actúa hasta cierto punto de forma individual, pero también hasta cierto punto de forma colectiva, con base en unas ideas y objetivos comunes, y en un esfuerzo común. Y para ello se necesitan normas que apliquen a todos. El éxito de la aplicación de esas normas radicará en que la gente de la sociedad crea y sienta que son verdaderas, y es difícil que la gente crea en la verdad de una norma que es destructiva para el individuo o la sociedad, o que oprime a unos en beneficio de otros. En mi caso, creo en el Islam porque sus normas han probado ser útiles para construir una civilización mucho mejor que la que tenemos hoy día. [7]

La búsqueda de la verdad es un proceso propio, individual, pero acarrea una serie de consecuencias colectivas. Por ello, muchas personas al hallar la verdad, deciden cerrar sus ojos a ella, pues aceptarla les implicaría cambiar de vida, y ello podría acarrear la pérdida de todo aquello por lo que habían trabajado. Quizá sea cierto que la verdad no es para todos. Pero está allí, a disposición de todos por igual.

Yo hallé la verdad en el Islam. Es uno de tantos grupos que dice tener la verdad, pero su verdad me convenció. Y una vez la historia me convenció de que el Islam es un sistema socio-económico-político-religioso tan completo y bien hecho, lógico, funcional e históricamente probado, que ningún hombre pudo inventárselo, no me importó qué tantos grupos, sectas y opiniones divergentes pudieran haber dentro de la comunidad islámica. Lo que quedaba era encontrar ese Islam original, primigenio, verdadero, que dio origen a esa gran civilización. Con una ventaja: El Corán está ahí, al alcance de todos, y sigue siendo el mismo de hace más de 14 siglos. Es decir, hay un comienzo seguro, uno sabe por dónde comenzar a buscar. [8] En los seis pilares de la fe (creer en Dios, en los ángeles, en los libros revelados, en los mensajeros y profetas, en el Día del Juicio Final y en el decreto divino) y los cinco pilares de la adoración (la declaración de que no existe divinidad sino solo Dios y que Mujámmad es Su siervo y mensajero, las cinco oraciones diarias obligatorias, la caridad anual obligatoria, el ayuno de Ramadán y la peregrinación a La Meca una vez en la vida) está la base de las enseñanzas de Mujámmad y del mensaje del Corán, y aferrándose uno a esa base, puede diferenciar el verdadero Islam de las sectas minoritarias que lo han tergiversado.

Durante poco más de una década, todo lo que enseñó Mujámmad y todo lo que fue revelado en el Corán, estaba centrado en una sola cosa: enseñar correctamente el monoteísmo. Después de ese tiempo vendrían las disposiciones legales y otras cosas. Siguiendo esa misma metodología, la mejor forma de iniciarse en el Islam es asegurarse de aprender bien qué es el monoteísmo islámico, aprehenderlo, asimilarlo, asumirlo hasta el tuétano, que quede impregnado en cada neurona y en cada célula. Cuando uno entiende claramente que Dios es Uno solo, Indivisible, sin intermediarios ni copartícipes, Único dueño de toda adoración y alabanza, Único digno de ser glorificado, el Único en Quien debe confiarse y al Único al que debe pedirse ayuda, y con Quien podemos comunicarnos a través de la oración sin necesidad de clérigos, santos ni intermediario alguno, en cualquier lugar y momento, y que es Él el dueño de nuestra vida y de nuestro destino, y por tanto a Él debemos obedecer, y debemos agradecerle siempre pues todo proviene de Él, cuando uno entiende ese concepto y lo convierte en el centro y norte absolutos de su vida, puede distinguir lo correcto de lo incorrecto para no caer en la desviación de ninguna secta o grupo. Es una búsqueda permanente por aprender y practicar la verdad. No es lineal, y nunca termina.

Pasa con cualquier grupo, ningún grupo es homogéneo. Uno puede decir: el cristianismo es la verdad, pero ¡cuántas iglesias, posturas, teologías distintas! Luego puede decir, el catolicismo romano es la verdad, pero ¡cuántas comunidades, grupos, etcétera; incluso opiniones teológicas diferentes! Pareciese ser más fácil pertenecer al grupo de hinchas de un equipo de fútbol, pero seguro no hay solo una barra, sino diferentes barras que apoyan al mismo equipo con diferentes opiniones y metodologías, y a veces las barras de un mismo equipo se agreden entre sí.

Ante eso, pareciera más atractiva la idea de aislarse en casa, pero sinceramente, esa no es una opción. La vida es compleja, los seres humanos somos complicados. Podemos llegar a consensos, acuerdos, alianzas, treguas... Pero mientras haya dos seres humanos en comunicación, habrá lugar para diferencias. Y así como hay momentos para ceder y llegar a acuerdos, hay momentos para defender con convicción la verdad en la que uno cree. Es una dinámica, es la vida.


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NOTAS

[1] Véase "De Engaños y Mentiras" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/de-enganos-y-mentiras.html).

[2] Véase "La Biblia y el Corán frente a la pobreza y el hambre" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/la-biblia-y-el-coran-frente-la-pobreza.html).

[3] Véase "Con Ignorancia no hay Paz" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/con-ignorancia-no-hay-paz.html).

[4] Véase "Lo Relativo y la Verdad Absoluta" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2011/01/lo-relativo-y-la-verdad-absoluta.html)

[5] Véase "Sir Bernard Shaw, un escritor cristiano socialista ateo que coqueteaba con el Islam" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/02/sir-bernard-shaw-un-escritor-cristiano.html).

[6] Véase El Monoteísmo Primitivo y el Origen del Politeísmo (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/02/el-monoteismo-primitivo-y-el-origen-del.html).

[7] Véase "Leyendo la economía de Rodolfo Llinás" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/leyendo-la-economia-de-rodolfo-llinas.html).

[8] La mejor traducción al español del Corán disponible hasta ahora, puede leerse en línea o descargarse en http://www.nurelislam.com/coran/index.htm


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