domingo, 2 de agosto de 2009

Irán no es Islam

Irán no es Islam

por Néstor Pedraza

Los acontecimientos que han sucedido a los comicios de Irán del 12 de junio de 2009, han servido para mostrar al mundo la supuesta brutalidad del “estado islámico” contra manifestantes laicos reformistas, haciéndose un parangón con estados socialistas de antaño. Pero ni la situación es tan sencilla, ni tiene nada que ver con el Islam.






No sé qué está pasando en Irán. Y no es posible saberlo, gracias a la desinformación que todos los días nos arrojan los medios de comunicación. No sólo nos entregan una versión simplista y eurocentrista de los hechos, como muestra Txente Rekondo en el artículo "Un repaso post electoral en Irán" (http://www.kaosenlared.net/noticia/repaso-post-electoral-en-iran), sino que es demasiado evidente que los medios han tomado partido, por supuesto en apoyo a los intereses de las potencias occidentales, como muestra Abdelkader Mohamed Ali en su artículo "Irán y la sempiterna hipocresía de Occidente" (http://www.melillahoy.es/noticia.asp?ref=54927).

La victoria del actual presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad para un segundo período, estaba más que cantada. Los analistas más optimistas en contra de esta victoria, por mucho aspiraban a que las elecciones se fueran a segunda vuelta. A nadie le cabía en la cabeza una derrota de Ahmadineyad en primera vuelta. Sin embargo, la estrategia de su rival, Mir Hossein Mousavi, de autoproclamarse vencedor inmediatamente fueron cerradas las urnas, y la posterior denuncia de fraude, sirvió de disparador de una serie de revueltas que no son, como se ha hecho creer, manifestaciones en contra de un “gobierno ilegítimo que se aferra al poder por vías no-democráticas”, sino que responden a una situación socio-económico-política que se ha cocinado en Irán en las últimas décadas, gracias a prácticas corruptas de sus gobernantes y a la forma como las élites religiosas, sociales y políticas se han enriquecido rápidamente a costa de desangrar al pueblo. Tampoco se trata de una rebelión de los laicos demócratas contra un gobierno conservador religioso déspota. La configuración política de Irán es mucho más compleja.

Podemos decir que Mousavi es el candidato de Hachemir Rafsanyani, el hombre más rico de Irán, que fue dos veces presidente (la corrupción de su gobierno le permitió acrecentar su fortuna) y que es el mayor enemigo de Ali Jamenei, máximo líder espiritual del país, sucesor de Jomeini (cabecilla de la revolución). Rafsanyani y Jamenei son ayatolás, es decir, altos dignatarios del clero Chía iraní, y Rafsanyani ha estado buscando la forma de deponer a Jamenei para convertirse en la cabeza más poderosa de Irán. Por su parte, Jamenei ha apoyado a Ahmadineyad como defensor de la revolución iraní. Sin embargo, esta aún es una visión muy corta del entramado político de este país. El nombramiento de Esfandiar Rahim Mashaie como vicepresidente por parte de Ahmadineyad para su segundo período, le ha traído problemas con quienes lo apoyaban. Mashaie afirmó alguna vez que Irán era amigo de Israel y admirador del gran pueblo de Estados Unidos, lo que desató la ira de clérigos y dirigentes políticos de todas las líneas en el país. El nombramiento de Mashaie ha hecho que el apoyo de Jamenei hacia Ahmadineyad decaiga, como se lee en la nota "Irán: el vicepresidente niega haber renunciado" (http://www.clarin.com/diario/2009/07/20/um/m-01962040.htm). Por otro lado, el clero iraní no sólo está dividido entre Jamenei y Rafsanyani, también hay un amplio movimiento intermedio, como afirma Roger Hardy en su artículo para la BBC "Irán: la crisis alcanzó a los religiosos" (http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2009/07/090707_0210_iran_seminario_gm.shtml).

Tampoco se puede obviar la influencia que la intervención de las potencias extranjeras ha tenido en el país y la región. Rusia y el imperio británico intervinieron continuamente en Irán durante todo el siglo XIX para convertirse en la influencia hegemónica de la región. En el siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, las empresas británicas saqueaban a placer el petróleo iraní, hasta que el primer ministro decidió nacionalizar el petróleo, lo que fue impedido por la operación Ajax, un proyecto británico-estadounidense que derrocó al primer ministro e instauró en el poder al Cha, títere de las potencias anglosajonas, quien implementó en el país una serie de reformas de corte occidental, merced a un intenso régimen de terror.

El baño de sangre generó el descontento de la población, que fue encausado por el clero Chía, altamente organizado y jerarquizado (de forma comparable al clero católico) y opuesto a las reformas occidentalistas del Cha. Los partidos comunistas, la extrema izquierda y los intelectuales, perseguidos, torturados y asesinados por la policía secreta del Cha, pero minoritarios y poco organizados, apoyaron al clero Chía con la esperanza de poder capitalizar la caída del Cha a su favor. El ayatolá Jomeini, líder espiritual de la revolución iraní, volvió del exilio tras el derrocamiento del Cha, persiguió y asesinó a los comunistas, e instauró la mal llamada “república islámica” (sobre esta parte de la historia de Irán trata el comienzo de la película animada Persépolis). Para recuperar el control que tenían sobre el país gracias al Cha, las potencias occidentales incentivaron, fustigaron, financiaron y dieron acompañamiento a la guerra Irán-Iraq entre 1980 y 1988. Estados Unidos no sólo brindó entrenamiento y asesores militares, así como dinero y armas, a su aliado Saddam Hussein, a fin de que se mantuviera en el poder iraquí mientras desangraba al país con su régimen de terror, sino que también vendió armas a Irán: si los gringos lograban que ambos regímenes se destruyeran uno al otro, podrían imponer gobernantes títeres y solucionar de una vez por todas el asunto del suministro del petróleo de ambos países hacia el suyo.

El fracaso de la estrategia para acabar con el gobierno de los ayatolás en Irán, y el poder desmedido que obtuvo Hussein, que dejó de ser títere de los gringos para convertirse en la piedra en el zapato de los magnates petroleros encabezados por Bush y sus socios de negocios, los Bin Laden, fueron el origen de las dos guerras del golfo con Iraq y del actual enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Más allá de esto, el periodista francés Thierry Meyssan asegura en su artículo "La CIA y el laboratorio iraní (http://www.voltairenet.org/article160667.html) que lo que ocurre hoy en Irán es una forma evolucionada de la operación Ajax, es decir, que la CIA ha implementado una estrategia basada en telefonía celular e Internet para encender los ánimos, fomentar las protestas, magnificar los hechos e incrementar la confusión. El objetivo de la CIA sería desestabilizar al país, y fomentar una guerra interna que, financiamiento y apoyo soterrado mediante, derrote por fin el régimen Chía e instaure un gobierno tan títere y corrupto como el de Arabia Saudita.

No me cabe duda que a todo lo anterior, habría que sumar los intereses de traficantes de armas y otras mafias, que estarán relamiéndose de dicha ante las perspectivas que se les abren con la crisis iraní. Mafias gringas y británicas, claro, pero también rusas, chinas, coreanas, israelíes... Tampoco me queda duda que, aún con todo lo dicho anteriormente y los cientos de artículos y análisis al respecto, uno no tiene idea de qué es lo que, a todas luces, está ocurriendo en Irán.

Sólo una cosa puedo decir con absoluta seguridad: Irán no es Islam. Cuando alguien se declara ayatolá, o acepta tal designación en el marco de la doctrina del Imanato, se aleja del Islam. Ayatolá, o aya-tu Al-Lah, significa literalmente “el signo de Dios” o “el milagro de Dios”, pero ya que cada versículo del Corán se denomina aya, los ayatolás se declaran versos vivientes de la palabra divina. Decirse ayatolá es decir que el Corán está incompleto, lo que va en contra del propio libro sagrado, donde Dios dice:

“Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra ley religiosa y os he otorgado la medida completa de Mis bendiciones, y he dispuesto que el autosometimiento a Mí sea vuestra religión” (Corán, 5:3)

Y es decir que un humano ha sido designado por Dios para ser Su palabra viviente, para completar, mejorar o transmutar el Corán, lo que también va en contra del texto sagrado, pues dice Dios que él mismo protege Su revelación para que se mantenga inmodificada por siempre:  

“Ciertamente, somos Nosotros quienes hemos hecho descender, gradualmente, este recordatorio: y, ciertamente, somos Nosotros quienes en verdad lo protegemos de toda alteración” (15:9)

Por otro lado, declararse con autoridad de dictar leyes más allá o incluso en contra de lo que Dios ha revelado en el Corán, es una forma de idolatría, pues es ponerse como copartícipe de Dios, y ese es el pecado más grave y el único que Dios no perdona:

“En verdad, Dios no perdona que se atribuya divinidad a otros junto con Él, si bien perdona lo que es más leve a quien Él quiere: pues quienes atribuyen divinidad a otros junto con Dios se han perdido en un lejano extravío” (4:116)

Ni siquiera el profeta Mujámmad (SAW) tenía tal autoridad, y en varios pasajes del Corán consta cómo Dios lo amonestaba recordándole que sólo era un mensajero y que debía limitarse a obedecer (más al respecto en "Lo que no es el Islam", http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/lo-que-no-es-el-islam.html).

Por lo anterior, decirse ayatolá es estar fuera del Islam, en especial porque los ayatolás defienden la doctrina del Imanato, según la cual, después de Mujámmad (ByP) existieron 12 hombres infalibles (característica única y propia de los Profetas), y que además, son superiores a todos los Profetas con excepción de Mujámmad (ByP). Esa doctrina en particular, hace que los ayatolás y los eruditos del Chiismo estén fuera del Islam, así como todo Chía que adhiera a dicha doctrina (para una explicación de este tema véase "¿Los Chías son Considerados Musulmanes? Una Respuesta Equilibrada", http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/04/los-chias-son-considerados-musulmanes.html). Ahora bien, una revolución liderada y luego regida por una serie de hombres que no son Musulmanes, no tiene nada que ver con el Islam. Por otro lado, los ayatolás forman parte de una jerarquía clerical, que es propia del Chiismo. El Chiismo es una religión que cuenta con varias sectas, entre ellas alauíes, imamitas, zaidíes, septimanos, drusos, nizaríes, rafidís, fatimís, karamitas, hazaras y bektachis, siendo el Chiismo Duodecimano el mayoritario y el oficial en Irán. Mientras en el Islam no existe clero, pues no hay intermediarios entre Dios y el hombre, y es Dios quien decide a quién da Su luz (quién conoce, comprende y puede aplicar el Corán) y a quién no, para los Chías se necesita el clero, pues sin una formación especial y la transmisión del mensaje espiritual del Corán entre unos pocos iniciados, es imposible decodificar el “misterioso mensaje divino” (véase "El Concepto Chía del Imanato, Explicado", http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/12/el-concepto-chia-del-imanato-explicado.html). Como en muchas otras religiones, la idea de que Dios le habla sólo a una élite que está encargada de mostrar a los demás la verdad, es la justificación para que una clase clerical se asiente en el poder y domine todas las facetas de la vida de la sociedad. Esto está vetado en el Islam, donde no se puede vivir de la fe, ni traficar con ella, y donde el conocimiento es algo que todo musulmán, hombre y mujer, debe buscar permanentemente en su vida, y a la vez, cuanto conocimiento adquiera debe compartirlo de forma gratuita, pues todo, incluso el conocimiento, es prestado, pertenece únicamente a Dios. Ningún líder Musulmán es infalible. Sólo los Profetas fueron infalibles y no en todos los aspectos de su vida (transmitieron el mensaje divino de forma infalible, y jamás cometieron faltas graves, pero eran humanos y cometían errores). Y nadie puede proclamarse mejor o más importante que Mujámmad (ByP), Sello de la Profecía, ni siquiera que cualquier otro mensajero, pues los profetas fueron elegidos por Dios precisamente por haber sido destinados por Él para ser lo mejor de la humanidad (Él los protegió de cometer cualquier falta grave, y los errores que cometieron fueron señalados de inmediato por Dios y ellos se arrepintieron con prontitud y obtuvieron perdón. Más al respecto en "El Chiismo no es Islam", http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/el-chiismo-no-es-islam.html). Y por supuesto, no puede permanecer en el poder aquel que no se aferre a la ley coránica, pues esta misma ley ordena que todo mal gobernante, todo opresor, es decir, todo aquel que no gobierne ceñido al Corán y la Sunna, debe ser depuesto, y es obligación de todo musulmán combatir la opresión y el mal gobierno.
“¡Oh Vosotros que habéis llegado a creer! Sed firmes en vuestra lealtad a Dios, dando testimonio de la verdad con toda equidad; y que el odio hacia otros no os haga des­viaros de la justicia. Sed justos: esto es lo más afín a la consciencia de Dios. Y manteneos conscientes de Dios: en verdad, Dios está bien informado de todo cuanto hacéis” (5:8).

En conclusión, lo que ocurre hoy en Irán es mucho más complejo que lo que nos muestran los medios de comunicación, y es ocasionado por la corrupción de la clase religiosa y política del país, por la profunda influencia de los intereses occidentales, por el dinero occidental que fomenta la división entre las élites políticas y religiosas, por las estrategias mediáticas y de inteligencia que aplican las potencias para asegurar cambios favorables a sus negocios, y por la historia de intervención imperialista que occidente ha tenido en el país y la zona. Pero además, está totalmente desligado de lo que es el Islam y no refleja, en forma alguna, al Islam ni lo que debe ser una sociedad islámica. De hecho, ningún Musulmán puede participar en el ejército iraní ni apoyar a grupos armados de la Chía (véase "Sobre combatir bajo el mando de incrédulos", http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/11/sobre-combatir-bajo-el-mando-de.html). Hoy día, lamentablemente, no existe en el mundo un solo país que pueda ser llamado islámico, ningún estado se rige hoy por la ley coránica, pero entre el billón y medio de musulmanes que registran las estadísticas en el planeta, cientos de millones se esfuerzan en practicar el verdadero Islam y en vivir, tanto en lo individual como en lo colectivo, de acuerdo al único objetivo que mueve al musulmán: agradar a Dios en cada acto de su vida.


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