viernes, 24 de julio de 2009

Sobre la Burka y su historia

Sobre la Burka y su historia

por Said Abdunur Pedraza

La burka no se nombra en ninguna parte del Corán ni de la Suna, no es propia del Islam sino que tiene sus raíces en tradiciones paganas muy antiguas, y solo se utiliza en Afganistán. Más del 85% de la población musulmana está en países no árabes, principalmente en Asia (Indonesia, Malasia, China y países exsoviéticos), donde no existe la burka. Hasta el momento, he conocido a un buen número de hermanos musulmanes de Somalia, Pakistán, Estados Unidos, Inglaterra, Marruecos, Argelia, Mauritania, Turquía, India, Indonesia y Bangladesh, y jamás he visto personalmente a una mujer con Burka, ni he conocido a nadie que obligue a su esposa a usarla.

Ahora bien, eso no significa que la mujer no deba cubrirse. Dice Dios en el Corán (su interpretación en español):

"Di a los creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad: esto conviene más a la pureza y ciertamente, Dios está bien informado de lo que hacen. Y di a las creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad, y no muestren de sus atractivos en público sino lo que de ellos sea aparente con decencia; así pues, que se cubran el escote con el velo. Y que no muestren nada más de sus atractivos a nadie salvo a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos, los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de sus hermanas, las mujeres de su casa, aquellas que sus diestras poseen, aquellos sirvientes varones que carecen de deseo sexual, o a los niños que no saben de la desnudez de las mujeres; y qué no hagan oscilar sus piernas al caminar a fin de atraer la atención sobre sus atractivos ocultos." (24:30-31).

Lo que afirmo es que lo que conocemos como burka hoy día no es una vestimenta propia del Islam, aunque si una mujer quiere usarla para agradar a Dios, no está mal.

La burka que vemos en las imágenes de Internet y en la televisión, fue implantada en Afganistán por un líder fundamentalista que se hizo al poder gracias a la guerra contra el invasor británico, a comienzos del siglo XX. Este líder, que en contra de la ley coránica tenía un harén (el harén no es islámico, es una tradición que fue absorbida del imperio bizantino tras su caída), obligaba a sus esposas a usar la burka para que nadie más pudiera ver su belleza. Poco a poco, la nobleza comenzó a imitar a su rey, y así la burka se convirtió en prenda de uso corriente entre las clases altas afganas, como símbolo de estatus social. Más adelante, las clases bajas comenzaron a usarla por imitación de los más acomodados. Así como hoy en occidente vemos a niñas de los barrios pobres vistiéndose al estilo de Shakira, en Afganistán los hombres de los barrios pobres impusieron la burka a sus esposas para darse "caché", como decimos en Bogotá.

Tras la salida de los soviéticos de Afganistán, los talibanes impusieron la burka como vestimenta obligatoria para la mujer, cosa que no ocurre en los demás países con población musulmana. Las condiciones por las cuales la burka llegó a ser obligatoria en Afganistán son muy específicas: Afganistán fue invadido por el imperio británico en el siglo XIX con el pretexto de impedir la expansión rusa. Un tratado entre Rusia y Gran Bretaña le dio a Afganistán neutralidad y permitió que la influencia occidental penetrara en el país, en la forma de tecnologías modernas acompañadas de usos y formas occidentales de ver el mundo, que llegaron gracias al rey títere que los británicos tenían en el poder. Sin embargo, esta occidentalización produjo entre los líderes religiosos gran rechazo y surgió la oposición al rey. Durante la Primera Guerra Mundial, el rey afgano engañó a los turcos y negoció con los británicos la independencia del país a cambio de obstruir un ataque a India. El incumplimiento por parte de los británicos, el asesinato del rey, y el debilitamiento en que quedó Gran Bretaña luego de la guerra mundial, permitió una tercera guerra contra los británicos, que logró el reconocimiento de la independencia afgana en 1919. URSS fue el primer país en reconocer la independencia de Afganistán y se establecieron buenas relaciones diplomáticas y económicas entre ambos países.

El reemplazo de la tecnología y los productos británicos por los soviéticos y la amistad con la URSS no gustó a los antiguos colonizadores, quienes fomentaron el inconformismo de líderes religiosos y tribales, lo que llevó a un derrocamiento del rey y al establecimiento de un nuevo monarca pro-británico. El nuevo régimen conservador, la persecución a opositores, una nueva constitución, asesinatos y deposiciones de mandatarios, etc, mantuvieron al país en el caos, y la Segunda Guerra Mundial sirvió para que los ingleses y soviéticos (aliados contra el nazismo) ejercieran de nuevo presiones en el gobierno afgano, que expulsó del país a japoneses, alemanes e italianos.

La Gran Bretaña, debilitada por la Segunda Guerra Mundial, dejó un vacío que vinieron a llenar los Estados Unidos en forma de ayuda económica y técnica que, como sabemos bien en Latinoamérica, implicaba igualmente intromisión política y explotación de los recursos naturales a beneficio de las multinacionales. Esto hizo que el inicio de la guerra fría pusiera a Afganistán en la agenda de soviéticos y gringos por igual, en especial porque recibía ayudas de ambas partes, y cada vez en mayor medida de la URSS.

Una nueva constitución en 1964 dio alas a los marxistas para organizarse. Con el creciente apoyo de la URSS, los comunistas se dedicaron a impedir la aplicación de la nueva constitución, de corte democrático, apoyada por los asesores británicos y estadounidenses. En este tire y afloje entre las dos superpotencias del momento, el Partido Democrático Popular de Afganistán se hizo al poder en 1978. Los Estados Unidos aumentaron su ayuda subterránea a los líderes tribales y grupos fundamentalistas para que derrocaran al gobierno comunista, lo que llevó a una oleada de violencia, en la que fue asesinado el embajador estadounidense, hubo un golpe de estado y fue ejecutado el líder del partido comunista. Para evitar la caída del gobierno, la URSS invadió el país.

Por su parte, los gringos reclutaron y entrenaron en lo militar, ideológico y político a miles de fanáticos y mercenarios en todo el mundo, que apoyaban a los muyajidines afganos; les dieron dinero y armas, y los llevaron a Afganistán, donde con el liderazgo de la CIA y el apoyo británico, formaron guerrillas cuyo objetivo era convertir a Afganistán en el Vietnam de los soviéticos (y lo lograron). El corrupto dictador pakistaní y la corrupta monarquía saudí, ambos pro-gringos, apoyaron con armas y dinero a las guerrillas afganas, en contra de los principios del Islam (no luchaban por la causa de Dios sino para asegurar sus intereses particulares: Pakistán quería anexionarse a Afganistán, Arabia Saudita quería extender su doctrina monárquica, y los gringos querían asegurar la supremacía estadounidense en el mundo). Simultáneamente, los gringos, británicos y otras potencias de occidente, entrenaron y dieron armas y dinero al ejército de Sadam Hussein para que hiciera la guerra a Irán, donde fanáticos chías (no-musulmanes) habían triunfado con su revolución falsamente llamada "islámica" (véase Irán no es Islam).

La influencia cultural e ideológica de los británicos durante la invasión colonial, y luego el adoctrinamiento gringo y británico respaldado con armas y dinero, hicieron que en el último siglo el Islam se fuera perdiendo y se implantara una cultura basada en antiguas tradiciones tribales y en ideologías occidentales de corte fascista (que fueron también el origen del genocidio en Ruanda y en muchos otros lugares de África y Asia). Básicamente, mantener desestabilizado a Oriente Próximo ha sido una necesidad por el petróleo, y de la misma forma, mantener a Afganistán sometido y en constantes guerras ha sido necesario para mantener a Rusia a raya. La película Rambo III, de 1988, fue sólo parte de la propaganda con que Estados Unidos (que siempre negó su participación directa en la guerra) le vendió al mundo la idea de que tribus afganas pobres estaban en una lucha tan solitaria como heróica contra el demonio soviético.

La Perestroika conllevó el retiro de las tropas del ejército rojo de Afganistán en 1989, luego que el gobierno de Reagan elevara enormemente el apoyo bélico y económico a los guerrilleros afganos, lo que redundó en un costo muy alto en vidas para los bandos en disputa. Sin embargo, la repartición del pastel no fue tan sencilla, y el subsecuente gobierno del partido comunista se mantuvo hasta 1992, en medio de una guerra civil sanguinaria llevada a cabo con las armas y el dinero de ambas superpotencias. Tras la caída del gobierno comunista, el nuevo gobierno conformado por una coalición de tribus y grupos religiosos fue muy débil, con constantes luchas internas. El problema de los refugiados afganos en el exterior, así como el choque de intereses entre chías apoyados por Irán y grupos pro-saudíes apoyados subrepticiamente desde Arabia, mantuvieron vivo el conflicto interno, hasta que los talibanes (guerrilleros de la etnia pastún que habían sido entrenados y armados por la CIA, y que luego fueron organizados y apoyados militarmente por Pakistán) lograron hacerse al poder. Pero en lugar de convertirse en títeres del imperio (como la monarquía saudí con Ossama Bin Laden -entrenado por la CIA- como cabeza de su brazo paramilitar, y quien se inició precisamente como uno de los combatientes anticomunistas que fueron a luchar en Afganistán en los años 1980), decidieron reconstruir a Afganistán de forma independiente. Instauraron un régimen ajeno a occidente que buscaba emular la revolución iraní pero con preceptos distintos al chiísmo. El entrenamiento recibido por parte de la CIA, los conflictos que británicos, soviéticos y gringos habían creado en el país por más de un siglo, y la destrucción que tantas guerras seguidas habían dejado, los llevó a tomar decisiones tan extremas como anti-islámicas, que han sido utilizadas por los medios de comunicación occidentales para mostrar al Islam como la fuente de la mano dura impuesta en Afganistán.

Ahora los gringos han bombardeado Afganistán, se han tomado el país, han expulsado a sus antiguos aliados para establecer allí sus bases militares, y han puesto en el poder a un presidente títere. En efecto, Hamid Karzai, actual presidente afgano, fue otro de los hombres entrenados por la CIA en los años 1980 para conformar guerrillas contra los soviéticos, y durante el régimen talibán trabajó para una petrolera en  Francia. Por su parte los talibanes, que habían erradicado casi en un 100% las drogas de Afganistán, en su guerra para retomar el poder han recurrido a estrategias ajenas y opuestas al Islam, como a la heroína para financiarse (hoy día, Afganistán provee más del 90% de la heroína de todo el mundo), emulando lo que hizo Bin Laden en los años 1980, cuando dirigió campos de entrenamiento afganos financiados con opio, morfina y dinero enviado por el gobierno gringo (dinero enviado por Ronald Reagan, líder del neoliberalismo y primer gran promotor de la supuesta "guerra antidrogas" que tanta sangre ha hecho correr en Colombia). Recordemos que el alcohol y todos los estupefacientes están absolutamente prohibidos en el Corán, no sólo en su consumo, sino en su producción, empaque, distribución y comercialización. Financiar una supuesta "guerra santa" (término que no existe en el Islam) no justifica en forma alguna recurrir a prácticas prohibidas por Dios en el Corán. En el Islam, está claro que el fin NO justifica los medios (véase Lo que no es el Islam).

Ahora bien, la desolación dejada por más de un siglo de guerras en las que británicos, soviéticos y gringos han destruido por completo el país, su cultura, su economía y su religión, ha hecho que los afganos vivan en condiciones muy precarias, en las que la educación y la salud son privilegio de pocos, y el trabajo es muy escaso, por lo que no se permite a la mujer trabajar, en favor de que los hombres puedan conseguir empleo y con ello sostener a las mujeres, una medida que no es una restricción islámica sino una necesidad de un país devastado. No sólo eso: el entrenamiento que la CIA hizo de los jóvenes estudiantes musulmanes, adiestrándolos en una doctrina no-islámica y convenciéndolos de que debían luchar contra el comunismo como guerra santa, formó una generación de guerreros radicales que desconocen el Islam, creyendo que Islam es lo que los de la CIA les metieron en la cabeza, y al volver a sus países de origen, formaron, engrosaron o radicalizaron aún más los grupos fundamentalistas. Con lo que, esto que hoy los gringos llaman el "terrorismo islámico", no es fruto ni del Corán ni de la historia del Islam: es lo que los Estados Unidos han sembrado con sus armas y su dinero en su guerra contra el comunismo. Como afirmo en mi ensayo Incompatibilidades Fundamentales entre Nacionalismo y Pacifismo: "Si los hombres bomba fueran fruto de la religión, habrían aparecido hace muchos siglos (ya en el siglo XIV se usaba la pólvora con fines militares), pero no son más que una de las manifestaciones culmen de las tesis del nacionalismo". El propio Osama Bin Laden, como todos sabemos, no es más que un mercenario que cuida los intereses comunes de la familia Bin Laden (principal apoyo árabe de la monarquía saudí) y de la familia Bush (intereses petroleros, por supuesto). ¿Cuáles serán, entonces, las consecuencias futuras de la actual guerra contra el terrorismo?

De manera que es contraria al Islam la imposición de la burka y la prohibición a la mujer de trabajar, pero éstas no se pueden entender como símbolos de barbarie de supuestos "musulmanes", sino como resultado de la descomposición social, económica y moral que occidente, en su expansión imperialista, ha llevado a los países de oriente. Expansión que ha contado con el apoyo de supuestos "líderes del Islam", que en realidad no son más que gobernantes corruptos que defienden sus propios intereses y no la causa de Dios. (Cuando hablo de occidente, debemos tener en cuenta que tanto el capitalismo como el comunismo son hijos de la Ilustración, nacidos del rescate de lo griego y lo romano que hiciera la burguesía tras el medioevo, y cuyos ideales triunfaron durante la Revolución Francesa, ideales que nos han llevado al estado de cosas que vivimos hoy día. Más al respecto en La nueva derecha frente al Islam).

El Islam, desde hace más de 14 siglos, se constituye en la primera civilización que da amplios derechos a la mujer, como el derecho a comerciar, a tener bienes, a heredar, a escoger esposo, a pedir matrimonio, a pedir el divorcio, e incluso, el derecho a ser mantenida (véase La liberación de la mujer a través del Islam). La sociedad islámica gira en torno a la protección de la mujer, pues como bien enseñó el Profeta (Paz y Bendiciones de Dios sean con él), si la mujer se corrompe, toda la sociedad se corrompe. El Profeta Mujámmad (PyB) jamás maltrató en forma alguna a una mujer, e incluso se casó por primera vez con la que era su jefe, y fue ella quien le propuso a él matrimonio, con lo que puede verse que jamás (ni siquiera antes de comenzar su labor profética) fue un hombre machista (véase La mujer en la cultura árabo-musulmana). La mujer se cubre en el Islam no como y cuando el hombre la obliga a ello, lo hace de acuerdo a las instrucciones de Dios y Su Profeta (PyB), para cumplir con la ley divina y llevar una vida recta. De igual forma, el hombre debe vestir con moderación, sin ostentación y sin exhibir su cuerpo. Estas son apenas normas básicas que pueden parecer retrógradas u obsoletas para el observador occidental cuando las mira de forma aislada, descontextualizada, pero que son fundamentales en la sociedad islámica cuando se ve todo su conjunto y se entiende cómo cada elemento de la sociedad (política, economía, religión, ética, urbanidad, etc) encaja en los demás de forma coherente y armónica.

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