sábado, 30 de abril de 2011

Malcolm X

Malcolm X

Por: Yusuf Siddiqui


La Historia de una de las figuras afroamericanas revolucionarias más importantes, y su descubrimiento del Islam verdadero y de cómo éste resuelve el problema del racismo.

Primeros años

Malcolm X nació como Malcolm Little el 19 de mayo de 1925 en Omaha, Nebraska. Su madre, Louis Norton Little, fue un ama de casa ocupada con su familia de 8 hijos. Su padre, Earl Little, fue un ministro Bautista y un partidario ávido del líder nacionalista negro Marcus Garvey. El activismo por los derechos civiles de Earl le valió amenazas de muerte de parte de la organización de supremacía blanca Legión Negra, lo que obligó a la familia a mudarse dos veces antes que Malcolm cumpliera 4 años. A pesar de los esfuerzos de Little por eludir a la Legión, en 1929 su casa en Lansing, Michigan, fue quemada hasta los cimientos, y dos años después, apareció el cuerpo mutilado de Earl sobre las vías del tranvía de la ciudad cuando Malcolm sólo tenía 6 años. Louis sufrió una crisis emocional varios años después de la muerte de su esposo y fue internada en una institución mental. Sus hijos fueron divididos entre diferentes hogares de acogida y orfanatos.

Malcolm era un estudiante inteligente y dedicado, y se graduó de secundaria como el mejor de su clase. Sin embargo, su profesor favorito le dijo que su sueño de convertirse en abogado no era un objetivo realista para un negro, de modo que Malcolm perdió interés en la escuela y finalmente se retiró a la edad de 15 años. Aprendiendo la vida de las calles, Malcolm conoció matones, ladrones, traficantes de drogas y proxenetas. Fue condenado a los 20 por robo y permaneció en prisión hasta los 27. Mientras estuvo en prisión procuró formarse como autodidacta. Además, en esta época en prisión, conoció la Nación del Islam y se unió a ella, estudiando las enseñanzas de Elijah Muhammed. Fue puesto en libertad hecho un hombre nuevo, en 1952.

La ‘Nación del Islam’ (NOI por sus siglas en inglés, Nation of Islam)

Tras su liberación, Malcolm fue a Detroit y se unió a las actividades diarias de la secta, recibiendo entrenamiento directamente del propio Elijah Muhammad. El compromiso personal de Malcolm le ayudó a construir la organización por todo el país, mientras lo convertía en una figura internacional. Fue entrevistado en los principales programas de televisión y revistas, y habló por todo el país en varias universidades y otros foros. Su poder estaba en sus palabras, que describían de forma vívida la difícil situación de los negros, incriminando con vehemencia a los blancos. Cuando una persona blanca se refería al hecho de que algunas universidades sureñas habían aceptado estudiantes negros sin necesidad de bayonetas, Malcolm reaccionaba con desdén:

“Cuando me retirara, el presentador del programa lanzaría la carnada: ¡Ah! En efecto, Sr. Malcolm X, ¡no puede negar que ese es un avance para su raza!

Debí entonces ser enfático. ¡No puedo voltear a ver sin escuchar algo respecto a algún ‘avance en los derechos civiles’! La gente blanca parece pensar que el hombre negro debe estar gritando ¡aleluya! Durante 400 años, el hombre blanco ha tenido su largo cuchillo en la espalda del hombre negro, y ahora el hombre blanco comienza a sacar un poco el cuchillo. ¿Se supone que el hombre negro esté agradecido? ¿Por qué, si aun cuando el hombre blanco saque del todo el cuchillo, este aún dejará una cicatriz?”

Aunque las palabras de Malcolm a menudo estaban doloridas con las injusticias contra los negros en Estados Unidos, las opiniones igualmente racistas de la Nación del Islam le impedían aceptar a cualquier blanco sincero o capaz de ayudar en la situación. Durante 12 años, predicó que el hombre blanco era el demonio y que el Honorable Elijah Muhammad era el mensajero de Dios. Infortunadamente, muchas imágenes actuales de Malcolm se enfocan en este período de su vida, a pesar de la transformación que estaba a punto de experimentar y que le proporcionaría un mensaje importante y completamente diferente para el pueblo estadounidense.

El Cambio al Islam Verdadero

El 12 de marzo de 1964, impulsado por los celos internos de la Nación del Islam y las revelaciones de inmoralidad sexual de Elijah Muhammad, Malcolm abandonó la Nación del Islam con la intención de iniciar su propia organización.

“Me siento como un hombre que ha estado un tanto dormido y bajo el control de alguien más. Siento que ahora pienso y hablo por mí mismo. Antes, era guiado por otro, ahora pienso por mi propia cuenta.”

Malcolm tenía 38 años cuando dejó la Nación del Islam de Elijah Muhammad. Reflexionando sobre eventos anteriores a su abandono, dijo:

“En una u otra universidad o colegio, usualmente en las reuniones informales después de que había hablado, quizás una docena de gente generalmente de tez blanca se acercaba a mí, y se identificaban como Musulmanes árabes, del Oriente Medio o del norte de África, quienes se encontraban visitando, estudiando o viviendo en los Estados Unidos. Me decían que a pesar de mis declaraciones acusatorias contra los blancos, sentían que yo era sincero al considerarme a mí mismo como Musulmán, y sentían que si me exponía a lo que ellos siempre llamaban el Islam verdadero, yo lo entendería y lo abrazaría. Automáticamente, como seguidor de Elijah, siempre hacía de lado lo que me decían. Pero en la privacidad de mis propios pensamientos, después de varias experiencias similares, me cuestioné a mí mismo: Si uno es sincero al profesar una religión, ¿por qué debería resistirse a ampliar su conocimiento de esa religión?

Estos Musulmanes ortodoxos que había conocido, uno tras otro, me habían instado a conocer al Dr. Mahmoud Youssef Shawarbi y a hablar con él. Entonces un día, un periodista me presentó al Dr. Shawarbi. Él fue cordial. Dijo que me había seguido en la prensa, le dije que había escuchado sobre él, y conversamos por 15 o 20 minutos. Ambos debimos irnos a cumplir citas que teníamos, cuando dejó caer sobre mí algo cuya lógica jamás saldría de mi cabeza. Dijo: ‘Ningún hombre ha creído perfectamente hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo’ (un dicho del Profeta Mujámmad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él).”

El Efecto del Peregrinaje

Malcolm continuó hablando sobre la Peregrinación:

“La peregrinación a La Meca, conocida como el Hayy, es una obligación religiosa que todo Musulmán ortodoxo cumple, si está en capacidad, al menos una vez en su vida.

El Sagrado Corán dice:

‘Es una obligación para los hombres peregrinar a esta Casa si se encuentran en condiciones de hacerlo [físicas y económicas].’ (Corán 3:97)

‘Convoca a los hombres a realizar la peregrinación; vendrán a ti a pie, o sobre camellos exhaustos de todo lugar apartado.’ (Corán 22:27)

Cada una de las miles de personas en el aeropuerto, a punto de salir de Jeddah, vestía de esta manera. Usted podría ser un rey o un campesino y nadie lo sabría. Algunos personajes poderosos, que me fueron señalados discretamente, tenían lo mismo que yo llevaba puesto. Una vez vestidos así, comenzamos todos a proclamar ¡Labbayka! (Allahumma) ¡Labbayka! (¡Aquí vengo, Oh Señor!) Empacadas en el avión habían personas blancas, negras, cafés, rojas y amarillas, de ojos azules y cabello rubi, y mi pelo rizado de color rojo, ¡todos juntos, hermanos! Todos honrando al mismo Dios, todos a la vez dando el mismo respeto a los demás.

Es entonces cuando comienzo a reevaluar por primera vez al hombre blanco. Fue cuando empecé a percibir que ‘hombre blanco,’ como se dice comúnmente, significa tez sólo en una forma secundaria: Principalmente describe actitudes y acciones. En Estados Unidos, hombre blanco significa actitudes y acciones específicas hacia el hombre negro, y hacia todos los demás hombres que no son blancos. Pero en el mundo Musulmán, he visto que los hombres con complexiones blancas eran más auténticamente fraternos que nadie que jamás haya visto. Esa mañana fue el inicio de una alteración radical en toda mi concepción sobre el hombre blanco.

Había cientos o miles de peregrinos de todas partes del mundo. Eran de todos los colores, desde rubios de ojos azules hasta africanos de piel negra. Pero todos participamos en el mismo ritual mostrando un espíritu de unidad y hermandad que mis experiencias en Estados Unidos me habían llevado a creer que jamás existiría entre el blanco y el no-blanco. Los Estados Unidos necesitan entender el Islam, porque esta es una religión que borra de su sociedad y problema del racismo. A lo largo de mis viajes por el mundo Musulmán, he conocido, hablado e incluso sentado a comer con personas que en Estados Unidos habrían sido consideradas blancas, pero de las que había sido removida la actitud del blanco de sus mentes por la religión del Islam. Nunca antes había visto hermandad sincera y verdadera practicada por todos los colores juntos, indistintamente de su color.”

La Nueva Visión de Malcolm de Estados Unidos

Malcolm continúa:

“Cada hora aquí en la Tierra Santa me permite tener un mayor conocimiento espiritual de lo que está ocurriendo en Estados Unidos entre negros y blancos. El negro estadounidense no puede ser culpado por su animosidad racial, que no es más que la reacción a 400 años de racismo consciente por pare de los blancos estadounidenses. Pero como el racismo conduce a los Estados Unidos por el camino del suicidio, creo a partir de las experiencias que he tenido con ellos, que los blancos de la generación más joven en los colegios y universidades, verán los grafitis en las paredes, y muchos de ellos se convertirán al camino espiritual de la verdad, el único camino que le queda a los Estados Unidos para evitar el desastre al que el racismo inevitablemente lo está conduciendo.

Creo que Dios ahora le está dando al mundo llamado ‘sociedad blanca Cristiana’ su última oportunidad de arrepentirse y expiar los crímenes de explotar y esclavizar a las personas no-blancas del mundo. Es exactamente como cuando Dios le dio al Faraón la oportunidad de arrepentirse. Pero el Faraón se rehusó a hacerle justicia a los que oprimió. Y como sabemos, Dios finalmente destruyó al Faraón.

Nunca olvidaré la cena en casa de Azzam con el Dr. Azzam. Mientras más hablábamos, más vasta era su reserva de conocimiento y su variedad parecía ilimitada. Habló del linaje racial de los descendientes de Mujámmad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, el Profeta, y mostró cómo ellos fueron tanto negros como blancos. También señaló cómo el color y los problemas de color que existen en el mundo Musulmán, sólo existen donde, y en la medida en que, esa área del mundo Musulmán ha sido influenciada por la colonización occidental. Dijo que si se encontraba cualquier diferencia basada en la actitud hacia el color, esto reflejaba directamente el grado de la influencia de occidente.”

La Unidad del Hombre bajo Un Dios

Fue durante esta peregrinación que comenzó a escribir algunas cartas a sus asistentes leales en la recientemente fundada mezquita musulmana en Harlem. Pidió que su carta fuera copiada y distribuida a la prensa:

“Nunca he visto tanta hospitalidad sincera y un espíritu abrumador de hermandad verdadera como es practicado por la gente de todos los colores y razas aquí en esta antigua Tierra Santa, la casa de Abraham, Mujámmad y todos los demás Profetas de las Sagradas Escrituras. Durante la última semana, he estado completamente mudo y fascinado por la amabilidad que muestra a mi alrededor toda la gente de todos los colores…

Ustedes pueden sorprenderse de que estas palabras provengan de mí. Pero en este peregrinaje, lo que he visto y experimentado, me ha obligado a reorganizar la mayor parte de mis patrones de pensamiento anteriormente mantenidos, y dejar de lado algunas de mis conclusiones anteriores. Esto no fue muy difícil para mí. A pesar de mis convicciones firmes, siempre he sido un hombre que procura enfrentarse a los hechos, y aceptar la realidad de la vida como nueva experiencia y nuevo conocimiento que se desarrollan. Siempre he mantenido una mente abierta, lo que es necesario para la flexibilidad que debe ir de la mano con todas las formas de búsqueda inteligente de la verdad.

Durante los últimos 11 días aquí en el mundo Musulmán, he comido del mismo plato, bebido del mismo vaso, y dormido en la misma cama (o en la misma alfombra), mientras rezamos al mismo Dios, con Musulmanes cuyos ojos eran los más azules, cuyo cabello era el más rubio, y cuya piel era la más blanca. Y en las palabras, acciones y obras de los Musulmanes ‘blancos’, sentí la misma sinceridad que he sentido entre los Musulmanes negros africanos de Nigeria, Sudan, y Ghana.

Todos somos realmente iguales (hermanos), porque su creencia en un Dios ha removido la forma ‘blanca’ de sus mentes, la forma ‘blanca’ de su comportamiento, y la forma ‘blanca’ de su actitud.

Puedo ver en esto que quizás si los estadounidenses blancos pudieran aceptar la Unidad y Unicidad de Dios, entonces tal vez también, podrían aceptar en verdad la Unidad del Hombre, y dejar de medir, obstaculizar y dañar a otros en términos de sus ‘diferencias’ de color.

Con el racismo que padecen los Estados Unidos como un cáncer incurable, el llamado corazón blanco ‘Cristiano’ estadounidense debe ser más receptivo a una solución probada a tan destructivo problema. Tal vez podríamos estar a tiempo de salvar a los Estados Unidos del desastre inminente, la misma destrucción que le llegó a Alemania por el racismo que eventualmente destruyó a los propios alemanes.

Me preguntaron qué me había impresionado más del Hayy… Dije: ‘¡La hermandad! ¡La gente de todas las razas, colores y de todas partes del mundo unidos como uno solo! Esto me ha probado el poder del Dios Único… Todos comieron como uno y durmieron como uno. Todo acerca de la atmósfera del peregrinaje acentuaba la Unidad del Hombre bajo Un Dios.”

Malcolm regresó del peregrinaje como El-Hajj Malik al-Shabazz. Se había apasionado con una nueva visión espiritual. Para él, la lucha había evolucionado de una lucha de un nacionalista por los derechos civiles, a la lucha por los derechos humanos de un internacionalista y humanitario.

Después del Peregrinaje

Los reporteros blancos y otros estaban ansiosos de conocer las opiniones recién formadas de El-Hajj Malik respecto a ellos mismos. Les costaba creer que el hombre que había predicado contra ellos por tantos años, de repente había cambiado tanto para llamarlos hermanos. A estas personas, El-Hajj Malik tenía esto qué decirles:

“Me están preguntando ‘¿no decía que ahora acepta a los hombres blancos como hermanos?’ Bueno, mi respuesta es que en el mundo Musulmán, ví, sentí y escribí a casa cuán se había ampliado mi pensamiento. Tal como escribí, he compartido los verdaderos amor y hermandad con muchos Musulmanes de tez blanca que nunca mostraron un solo pensamiento sobre la raza o el color de piel de otro Musulmán.

Mi peregrinación amplió mi visión. Se me bendijo con una nueva visión. En dos semanas en Tierra Santa, vi lo que nunca había visto en 39 años aquí en Estados Unidos. Vi todas las razas, todos los colores —desde rubios de ojos azules hasta africanos de piel negra— en verdadera hermandad. ¡Unidos! ¡Viviendo como uno solo! ¡Orando como uno solo! Sin segregacionismos, no por ser liberales, sino porque jamás conocieron cómo interpretar el significado de tales palabras.

En el pasado, sí, he hecho acusaciones generalizadas a toda la gente blanca. Nunca seré culpable de ello de nuevo, ahora que conozco gente blanca que es en verdad sincera, algunos de ellos capaces de brindar verdadera hermandad hacia un hombre negro. El Islam verdadero me ha mostrado que una acusación generalizada contra la gente blanca es tan malo como cuando los blancos hacen acusaciones generalizadas contra los negros.”

Para los negros que lo veían cada vez más como un líder, El-Hajj Malik predicó un nuevo mensaje, todo lo opuesto de lo que había predicado como ministro en la Nación del Islam:

“El Islam verdadero me enseñó que se necesita de todos los ingredientes o características religiosos, políticos, económicos, psicológicos, para hacer completa a la Familia Humana y la Sociedad Humana.

Le dije a mi público en la calle de Harlem que sólo cuando la humanidad se someta al Dios Único Quien ha creado todo —sólo entonces la humanidad alcanzará la “paz” de la que tando se habla, pero hacia la que poca acción se ha visto.”

Demasiado Peligroso para Durar

El nuevo mensaje universalista de El-Hajj Malik fue la peor pesadilla para el establishment estadounidense. No sólo era atractivo para las masas de negros, sino para los intelectuales de todas las razas y colores. De modo que fue demonizado por la prensa como “incitador a la violencia” y por ser “militante,” si bien él y el Dr. Martin Luther King se estaban acercando cada vez más en sus perspectivas:

“El objetivo ha sido siempre el mismo, con enfoques tan diferentes como el mío y el de las marchas no violentas del Dr. Martin Luther King, que dramatizan la brutalidad y la maldad del hombre blanco contra los negros indefensos. Y en el clima racial de este país hoy día, nadie sabe cuál de los “extremos” en los enfoques de los problemas del hombre negro podría conocer personalmente una catástrofe fatal primero: el de la no-violencia del Dr. King o el que llaman ‘violento’ mío.”

El-Hajj Malik sabía muy bien que era objetivo de muchos grupos. A pesar de esto, nunca temió decir lo que tenía que decir cuando debía decirlo. Como una especie de epitafio al final de su autobiografía, dice:

“Sé que las sociedades a menudo han asesinado a la gente que ha ayudado a cambiarlas. Y si puedo morir habiendo traído alguna luz, habiendo expuesto alguna verdad significativa que ayudará a destruir el cáncer racista que es un tumor maligno en el cuerpo de los Estados Unidos, entonces todo el crédito es de Dios. Sólo los errores han sido míos.”

El Legado de Malcolm X

Aunque El-Hajj Malik sabía que era blanco de asesinato, aceptó este hecho sin pedir protección policial. El 21 de febrero de 1965, mientras se preparaba para dar una conferencia en un hotel de Nueva York, le dispararon tres hombres negros. Le faltaban tres meses para cumplir 40 años. Si bien es claro que la Nación del Islam tuvo algo que ver con este asesinato, mucha gente cree que hubo más de una organización involucrada. El FBI, conocido por su tendencia contra el movimiento negro, ha sido sugerido como cómplice. Jamás sabremos con certeza quién estuvo detrás del asesinato de El-Hajj Malik, ni de hecho, del asesinato de otros líderes nacionales a comienzos de la década de 1960.

La vida de Malcolm X ha afectado a los estadounidenses en muchas formas importantes. El interés de los afroamericanos en sus raíces islámicas ha florecido desde la muerte de El-Hajj Malik. Haley, quien escribió la autobiografía de Malcolm, después escribió la épica ‘Raíces,’ sobre la experiencia de una familia musulmana africana con la esclavitud. Más y más afroamericanos se están haciendo Musulmanes, adoptando nombres Musulmanes, o explorando la cultura africana. El interés en Malcolm X ha visto un aumento reciente gracias a la película “X” de Spike Lee. El-Hajj Malik es una fuente de orgullo para los afroamericanos, Musulmanes y estadounidenses en general. Su mensaje es simple y claro:

“No soy un racista en forma alguna. No creo en ninguna forma de racismo. No creo en ninguna forma de discriminación o segregación. Creo en el Islam. Soy Musulmán.”

“Soy y siempre he sido Musulmán. Mi religión es el Islam.” -Malcolm X 


Traducido por: Said Abdunur Pedraza
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miércoles, 27 de abril de 2011

El Islam y la administración de los recursos hídricos

EL ISLAM Y LA ADMINISTRACIÓN DE LOS RECURSOS HÍDRICOS


Por: Muhammad Isa García.


Agrego al final, un video sobre un proyecto de reforestación y cuidado medioambiental desarrollado por una organización islámica sin ánimo de lucro.


Importancia religiosa del agua

El agua es de profunda importancia en el Islam. Se la considera una bendición de Dios que brinda y sustenta la vida, y purifica a la humanidad y la tierra.

La palabra árabe para el agua, ma', aparece sesenta y tres veces en el Corán. El trono de Dios se describe como descansando sobre el agua, y el Paraíso se describe como “Jardines por donde corren ríos”. El Sagrado Corán menciona que el agua es una creación preciosa y como tal debe ser valorada y respetada. La calidad de vida que otorga el agua se refleja en el versículo Coránico:

“…el agua que Dios hace descender del cielo y revive con ella la tierra árida”. (2:164)

No sólo el agua da vida, sino que también todos los organismos se componen de agua:

“Creamos del agua a todo organismo viviente”. (21:30)

Las personas en general consideran el agua para la higiene y el consumo, pero para los musulmanes, esta tiene una gran importancia espiritual y ritual, evidenciada en las abluciones realizadas antes de cada oración. El beneficio de estas oraciones, que constituyen uno de los Cinco Pilares del Islam, fue comparado por el Profeta Mujámmad (Bendiciones y Paz de Dios sean con él), con la purificación e higiene que proporciona el agua: “Las cinco oraciones son similares a un río que pasa por tu puerta en la que te bañas cinco veces al día.”
 
Agua y equidad

El Islam considera que asegurar la equidad dentro de la sociedad es el fundamento de su doctrina. Por eso vemos que los dichos del Profeta Mujámmad (ByP) fueron un ejemplo de esto, ya sea que se refieran a la preservación de la equidad o concretamente a la moderación en la utilización del agua. Por ejemplo: El Profeta (ByP) afirmó que tres personas serán ignoradas por Dios en el día del Juicio Final, y uno de ellos es “un hombre que posea agua de sobra y se la niegue a los viajeros.”

El Corán advierte a los seres humanos acerca de la distribución injusta al afirmar que las riquezas del mundo pertenecen a Dios, y que a estas riquezas no deben tener acceso solamente los adinerados. El reconocimiento del agua como una fuente vital a cuyo acceso todos tienen igual derecho, tanto ricos como pobres, queda demostrado en las siguientes palabras del Profeta (ByP): “Los musulmanes deben compartir igualitariamente tres cosas: las pasturas, el agua y la leña.” Aconsejado por el Profeta, uno de sus compañeros, Uzmán, que más tarde se convirtió en el tercer califa musulmán, compró un pozo de agua llamado Ruma a un particular y declaró esas aguas públicas, para que estuviesen al alcance de toda la comunidad.

Derechos del Medio Ambiente

En el Islam los seres humanos tienen el derecho básico a beneficiarse de los recursos naturales que Dios creó.
Los juristas musulmanes han hablado respecto de este tópico en sus tratados y establecieron que las prioridades del uso del agua son:
  1. El derecho a saciar la sed.
  2. El derecho del ganado a abrevar.
  3. El derecho a la irrigación de sembradíos.
Sin embargo, como veremos, el medio ambiente como entidad posee derechos claros e inconfundibles en el Islam.

Dios informa a los seres humanos acerca de los derechos de los animales al mencionarlos junto a los seres humanos en el siguiente versículo:

“No hay criatura que camine en la tierra o vuele con sus dos alas que no forme una comunidad igual que vosotros” (6:38).

No se puede dejar a los animales domésticos morir de sed si las personas tienen suficiente agua para saciar sus necesidades. El Profeta Mujámmad (ByP) dijo: "Existe una recompensa (de Dios) para quien ayude a cualquier ser viviente," y dijo: "Quien haga un pozo de agua en el desierto... no puede evitar que los animales sacien su sed en él.” El inmenso valor moral atribuido al acto de dar agua a cualquier criatura viviente se refleja en las siguientes palabras del Profeta (ByP): “Una prostituta fue perdonada por Dios, porque al pasar junto a un perro que jadeaba de sed junto a un pozo de agua, y al ver que el perro podía morir de sed, se sacó un zapato y atándolo con un pañuelo, sacó agua del pozo para darle de beber. Por ese acto (de misericordia) Dios le perdonó sus pecados”.

El Corán menciona que también la flora tiene derecho al regalo divino del agua:

“Y hemos hecho descender agua del cielo con la cual hacemos brotar toda clase de vegetación, y de ella resulta la cosecha de la cual producimos granos espigados. Y de los brotes de la palmera hacemos salir racimos de dátiles al alcance de la mano. Y vides, olivos y granados, todos de aspecto parecido pero de frutos con sabores diferentes” (6:99).

“¿Acaso no has reflexionado que Dios hace descender el agua del cielo, y luego hace que surja como manantiales en la tierra; y hace brotar con ella cultivos de diversos colores?” (39:21).

Estos versículos coránicos establecen la idea de que el agua la provee Dios para que todas las formas de vida se beneficien de ella.

El rol de la Humanidad como Guardiana del Agua (jalifa)

Los seres humanos somos responsables de asegurarnos que los regalos de Dios se preserven y sean accesibles para todos los seres vivos. En el Islam, la interacción con el medio ambiente está guiada por la noción de que los seres humanos somos los guardianes y protectores (Julafáh), y por lo tanto somos iguales a todos los demás seres vivos, pero tenemos una responsabilidad mayor: proteger y preservar el medio ambiente. Para el concepto islámico no somos los amos del planeta, sino sus amigos y guardianes. Dado que en idioma árabe una de las raíces de la palabra Islam es salam, que significa paz y armonía, el estilo de vida islámico supone vivir en paz y armonía con los individuos y la sociedad tanto como con el medio ambiente.

En la ley islámica, el medio ambiente está protegido por mandatos específicos para no alterar el equilibrio natural a través de la contaminación o actividades que destruyan el entorno. En el Corán, Dios ordena a los creyentes:

“¡No corrompáis la Tierra!” (2:11).

El significado de corrupción es muy amplio y diverso, pero puede ser interpretado como alterar el funcionamiento natural o arruinar los recursos naturales. Los eruditos musulmanes ya habían derivado de las fuentes de legislación islámica la aplicación de penas para el mal uso y la contaminación del agua hace más de 1.300 años. Esto abre la puerta al castigo o multa de los contaminadores a través de la legislación moderna. El Profeta Mujámmad (ByP) muy estrictamente prohibió el acto de orinar o defecar en las fuentes de agua. Esto indica que para la legislación islámica es una falta moral y un crimen verter a los mares, lagos, ríos y fuentes de agua de acceso público, los desechos cloacales sin tratar. Esto es una enseñanza de la tradición profética (la Sunnah), pero lamentablemente muchos musulmanes que dicen profesar un apego literal al ejemplo del Profeta (ByP) y sus rectos sucesores no consideran esto como algo prioritario.

La conservación del Agua

El Corán afirma con respecto al agua:
  1. Que las reservas de agua son limitadas.
  2. Que el agua debe utilizarse con mesura y moderación.
El Islam enseña que el agua es limitada y que su utilización debe ser sensata y moderada, ya que el suministro no puede incrementarse infinitamente. Dios afirmó esto cuando dijo:

“Hacemos descender del cielo el agua en una medida limitada” (23:18).

El Corán menciona que los seres humanos podemos utilizar los regalos de Dios para nuestro sustento con moderación, pero evitando el exceso y el derroche:

“Comed y bebed con mesura, porque Dios no ama a los derrochadores” (7:31).

Los dichos proféticos son más específicos. El Profeta Mujámmad (ByP) “solía realizar la ablución con una medida de agua llamada sa’ (igual a dos tercios de litro), y solía tomar un baño con cinco medidas sa’ (igual a dos litros y medio).” Alguien podría pensar que esto se debía a que el Profeta Mujámmad (ByP) vivía en tierras áridas, sin embargo, el Profeta (ByP) prohibió el desperdicio hasta en condiciones de abundancia cuando dijo: “No derrochen agua ni siquiera al realizar la ablución en las orillas de un río.”


Principios sobre el manejo del agua

Algunos de los principios sobre el manejo del agua en el Islam son: el agua como bien social, el manejo de la demanda del agua y el manejo integrado de los recursos acuíferos. El objetivo fundamental de estos tres principios es asegurar la equidad.

El agua como bien social
  • El acceso al agua es primero que todo un bien público y social en el Islam, ya que es un regalo de Dios.
  • El agua pertenece a la comunidad en su conjunto; ningún individuo puede poseer el recurso del agua como monopolio.
  • La primera prioridad sobre el uso del agua es el acceso al agua potable en una cantidad y calidad aceptables para el consumo humano, y cada individuo tiene derecho a cubrir con ella sus necesidades básicas.
  • La segunda y tercera prioridades para el agua son el sustento de animales domésticos e irrigación.
  • La humanidad es la guardiana del agua en la Tierra.
  • En el medio ambiente, la flora y la fauna poseen un fuerte y legítimo derecho al agua y es vital protegerlos para proteger el medio ambiente. Los individuos, organizaciones y Estados son responsables del daño que causan al medio ambiente o a los derechos de su prójimo sobre el ambiente, incluidos el uso del agua.
  • Los recursos acuíferos deben ser utilizados de manera racional y sostenible para evitar su agotamiento.
  • El manejo sostenible y equitativo del agua depende de seguir valores universales como la justicia, la equidad y el respeto al prójimo.

Manejo de la demanda del agua
  • La conservación del agua es central para el Islam. Las mezquitas, instituciones y escuelas religiosas deberían comprometerse con la difusión de este principio y complementar otros esfuerzos educativos.
  • Está permitido en el Islam la reutilización del agua residual; sin embargo, el agua debe tener un nivel requerido de tratamiento para asegurar la pureza y salubridad necesaria para el propósito que se utilice.
  • Está permitida la comercialización y gravamen completo del saneamiento: es decir, el costo completo del tratamiento, almacenamiento y distribución del agua, así como también el costo de la recolección del agua residual, tratamiento y disposición. Sin embargo, el precio del agua debe ser razonable así como también su saneamiento debe ser eficiente.
  • La privatización del servicio de distribución del agua está permitida en el Islam, pero el Estado tiene el deber de asegurar la inexistencia del monopolio, y un precio y servicio justo.

Manejo integral de los recursos hídricos
  • El manejo del agua requiere utilizar el concepto de asamblea o consulta (shura) con todos los interesados y beneficiarios.
  • Todos los miembros de la comunidad, hombres y mujeres, pueden jugar un rol efectivo en el manejo del agua y deben ser alentados a hacerlo.
  • Las comunidades deben ser pro-activas para asegurar el acceso equitativo a los recursos acuíferos.
  • Todas las naciones tiene la obligación de compartir el agua de manera justa con otros estados o naciones.
  • El manejo integrado del agua es una herramienta necesaria para el balance de la equidad entre todos los pueblos y sectores sociales.




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lunes, 28 de marzo de 2011

El Libre Albedrío Humano: Sus Implicaciones

El Libre Albedrío Humano: Sus Implicaciones

Autor: Al-Maududi.


[...] Islam es una palabra árabe que significa sumisión, obediencia. En cuanto a religión, el Islam predica la sumisión y la obediencia totales a Dios. [...]

El orden cósmico que gobierna el Universo, desde las partículas a las galaxias, es la ley de Dios, el Creador y Señor del Universo. Ya que la creación entera obedece las leyes divinas, se puede decir que todo el Universo sigue literalmente la religión del Islam, porque el Islam no significa más que la sumisión y la obediencia a Dios, el Señor del Universo. El Sol, la Luna, la Tierra y todos los demás cuerpos celestes son pues “musulmanes” [...]. Todo en el Universo es musulmán porque todo obedece a las leyes que le han sido asignadas por Dios. [...]

El hombre posee una doble naturaleza, su vida se desarrolla en dos planos diferentes. Por una parte, como todas las demás criaturas, está completamente dependiente de las leyes naturales y no puede librarse de ellas. Pero por otro lado, el hombre está provisto de razón e inteligencia. Tiene el poder de pensar y de juzgar, de elegir o rechazar, de aprobar o desaprobar. Es libre de elegir su religión, su género de vida y de orientar su existencia en función de las ideologías de su elección. Puede trazar su propio código de conducta, o aceptar uno formulado por otros. Ha sido dotado del libre arbitrio y puede decidir su propio comportamiento. Sobre este segundo plano, al contrario que las demás criaturas, ha recibido la libertad de pensamiento, de opinión y de acción. Estos dos aspectos coexisten claramente en la vida del hombre.

En el primer caso, como todas las demás criaturas, el hombre nace y quedará musulmán y sigue automáticamente los mandatos de Dios. En el segundo, tiene la libertad de elegir, de ser o no ser musulmán, y la manera de ejercer esa libertad es la que divide a la humanidad en dos grupos: Los que se someten a Dios y los que niegan o rechazan a Dios. El que elige reconocer a su Creador, aceptarle como Soberano único, se somete escrupulosamente a sus mandatos, sigue la ley que le ha revelado al hombre para su vida individual y social, llega así a ser un perfecto musulmán. Ha logrado llegar a un Islam completo, decidiendo voluntariamente obedecer a Dios en el plano donde se le había dado la libertad de elegir. [...]

Al contrario de este hombre, está el hombre que aunque por naturaleza es musulmán, vive de forma inconsciente toda su vida, no ejerce sus facultades de razón, inteligencia e intuición para reconocer a su Señor y Creador, y no utiliza su libertad de elección más que para negar su existencia. Tal hombre es llamado “kafir”en el Islam.

“Kufar” significa literalmente “encubrir,” “disimular”. El hombre que niega a Dios es llamado “Kafir” (disimulador), porque por su incredulidad, oculta lo que es inherente a su naturaleza y a su alma, ya que su naturaleza está instintivamente orientada hacia el Islam. Su cuerpo entero, cada miembro, cada fibra de este cuerpo, está sometido a ese instinto. Toda partícula de existencia —animada o inanimada— cumple su función de acuerdo con la ley del Islam y desempeña el papel que le ha sido adjudicado. Pero la vida de este hombre ha sido oscurecida, su espíritu se extravió y es incapaz de ver la evidencia. No puede discernir su propia naturaleza, y sus actos y pensamientos están en desacuerdo total con ella. La realidad le es extraña y tantea en las tinieblas. He aquí la naturaleza del kufar.

El “kufar” es una forma de ignorancia, o más bien, es la ignorancia por excelencia. ¿Hay acaso ignorancia más grande que ignorar a Dios, el Creador, el Señor del Universo? Es un hombre que observa el vasto panorama de la Naturaleza, su mecanismo soberbio e inmutable, el concepto grandioso que resplandece en todos los aspectos de la Creación: observa esta gigantesca máquina, pero ignora quién la ha hecho y la dirige. Examina su propio cuerpo, este organismo maravilloso que funciona de una manera tan estupenda que sirve para conseguir sus propios fines, pero es incapaz de discernir la Fuerza que lo ha suscitado, el Ingeniero que ha concebido y producido esta máquina, el Creador que ha hecho a este ser único: el hombre, a partir de materias inanimada: carbono, calcio, sodio... Reconoce el concepto sublime del Universo, pero no puede distinguir al que lo ha concebido. Admira el funcionamiento armonioso sin ver en él al Creador. Puede ver en el Universo que le rodea las más brillantes demostraciones de maestría en la ciencia, la filosofía, las matemáticas o la técnica, pero queda ciego al Ser que dio origen a este Universo infinito y nunca se lo explica totalmente. ¿Cómo un hombre incapaz de distinguir esta realidad determinada podría alcanzar las verdaderas perspectivas del conocimiento? ¿Cómo un hombre que se ha puesto en el mal camino podría conseguir el buen destino? No podrá explicar nunca la Realidad, el Verdadero Camino le será siempre cerrado, y cuando emprenda algo en el dominio de la ciencia o del pensamiento, no podrá gozar nunca de las luces de la verdad y de la sabiduría. Continuará andando a ciegas y balbuceando en las tinieblas de la ignorancia.

Mucho peor: el “kufar” es un tirano e incluso el peor que existe. ¿Qué es una tiranía, sino una utilización injusta y cruel de una fuerza o un poder? Si alguna cosa o alguien se trata a la fuerza contrariamente a la justicia o a su naturaleza y su voluntad propias, esto se llama tiranía

Acabamos de ver que todo el Universo está sometido a Dios su Creador. Lo que es natural, es obedecer, vivir en conformidad con Su voluntad y Su ley (más exactamente, ser musulmán). Dios ha dado al hombre un poder sobre toda la Creación cuya naturaleza misma exige que sea utilizada por el único cumplimiento de Su voluntad y exclusivamente por esto. El que desobedece a Dios, el que es “Kafir,” se hace culpable de la injusticia más grave, utilizando todas las facultades de su cuerpo y de su espíritu en contra de las tendencias de la Naturaleza, y llega a ser así el instrumento involuntario del drama de la desobediencia. Obliga a su cabeza (cuyo instinto natural es inclinarse sólo ante Dios el Uno, el Único) a inclinarse ante otras deidades que no son el Dios verdadero, alimenta a su corazón (cuyo instinto natural es amar a Dios) del amor, respeto y temor a otra autoridad distinta a la Autoridad Suprema, al Uno. Esto está en contradicción total con los instintos naturales de estos órganos. Utiliza el poder del que dispone (y que le ha sido otorgado sólo por Dios mismo) contra la voluntad explícita de Dios, haciendo así reinar la tiranía. ¿Puede existir tiranía de más crueldad e injusticia que la de este hombre que explota la Creación y la obliga desvergonzadamente a seguir un camino contrario a la Naturaleza y la justicia?

El “kufar” no es simplemente tiranía, es algo peor, pura rebelión, ingratitud, infidelidad. Después de todo, ¿qué es el hombre en realidad? ¿De qué poder y de qué autoridad dispone? ¿Quién ha creado su cerebro, su corazón, su alma, su propio cuerpo? ¿Él mismo o Dios, Glorificado sea? ¿Ha sido él o ha sido Dios quien ha creado el Universo? ¿Quién ha sometido todas las fuerzas de la naturaleza al servicio del hombre, él o Dios? Si todas las cosas han sido creadas por Dios y sólo por Él únicamente, ¿a quién, pues, pertenecen? ¿Quién es el justo Soberano? Dios y sólo Dios. Si Dios es el Creador, el Señor, el Soberano, ¿hay alguien más rebelde que el hombre que utiliza la Creación de Dios contra Sus decretos, que vuelve su espíritu y su corazón contra Dios, y utiliza todas sus facultades contra la voluntad del Señor? El servidor que traiciona a su señor, el oficial que se vuelve contra su país, el que engaña a su bienhechor, son todos traidores. ¿Pero qué decir e la traición de la ingratitud y de la incredulidad del “Kafir”? Después de todo, ¿cuál es la fuente verdadera de toda autoridad? ¿Quién ha levantado al hombre a una posición elevada? Todo lo que el hombre posee y de todo lo que se sirve o beneficia de los demás, le ha sido dado por Dios. Con respecto a sus padres, el hombre tiene en la tierra las obligaciones más grandes, pero ¿quién ha puesto en el corazón de los padres este amor a sus hijos, y quién le inspira a hacer todo lo que está en su poder para el bienestar de ellos? ¿De dónde viene el deseo innato y la posibilidad que la madre tiene para alimentar a sus hijos? Es evidente que es Dios el más grande bienhechor del hombre. Es su Creador, el que le alimenta y le hace vivir, así como su Señor y Soberano. Tal es la posición de Dios frente al hombre, y no hay traición ni ingratitud más grande que la del “kufar,” que lleva al hombre a rechazar a su verdadero Señor.

Sería ridículo pensar que al adoptar la actitud del “kufar,” el hombre le hace daño a Dios Todopoderoso. De ningún modo. ¿Qué daño podría hacer el hombre, que es una pizca de polvo insignificante en la superficie de un planeta minúsculo girando en este universo infinito, al Soberano del Universo, cuyo reino es tan vasto que con la ayuda de los más potentes telescopios no nos permite adivinar sus límites, cuyo poder ordena la trayectoria celeste de la Tierra, la Luna, el Sol y las miríadas de estrellas? Que provee todas las necesidades, pero no tiene necesidad de nadie para proveer las Suyas. La rebelión del hombre contra Dios no puede hacerle a Él ningún daño, al contrario, esta desobediencia no hace más que precipitar al hombre al camino de la ruina y la desgracia.

La consecuencia inevitable de esta sublevación y de esta negación de la Realidad, es el descalabro en los ideales últimos de la vida. Un rebelde no encontrará jamás el camino del verdadero conocimiento. Porque al saber que es incapaz de descubrir a su propio Creador, no puede descubrir ninguna verdad. El espíritu y la razón de tal hombre se extraviarán siempre. ¿Cómo la razón que no puede reconocer a su Creador podría dilucidar los misterios de la vida? Tal hombre no sufrirá más que fracasos en todos los dominios. Su vida moral, cívica, social, familiar, su lucha por asegurar su subsistencia, todo estará afectado. No difundirá más que confusión y desorden en la tierra. Sin el menor remordimiento, derramará la sangre, violará los derechos de sus semejantes, será cruel con ellos, suscitará el desorden y la destrucción en el mundo. Sus pensamientos y sus ambiciones perversas, su ausencia de discernimiento, su sentido de los valores falseado, sus actividades malignas, serán nefastas tanto para él como para sus allegados. Tal hombre puede arruinar la paz y el equilibrio de la vida en la tierra. En la vida ulterior, será tenido por culpable de los crímenes que haya cometido contra él mismo. Su cuerpo entero, su cerebro, sus ojos, su nariz, sus manos, sus pies se lamentarán del mal uso que hubiera hecho de ellos. Cada célula de su cuerpo le reprenderá ante Dios, que es la verdadera fuente de la justicia, y se le aplicará la sentencia que merece. Tal es la infamante consecuencia del “kufar.” Va al fracaso total, tanto en esta vida como en la vida posterior. [...]

Dios ha dado al hombre la posibilidad de instruirse, pensar y meditar, y el conocimiento del bien y del mal. Pero le ha conferido, por otra parte, una relativa libertad de voluntad y de acción. Es en el ejercicio de esta libertad como el hombre es puesto a prueba. [...] Dios le ha dado la libertad de voluntad y de acción, de manera que puede elegir libremente el modo de vida que estime sea el bueno: el Islam o el “kufar.”

Se encuentra, pues, por un lado al hombre que no comprende ni su propia naturaleza ni la del Universo. Ignora quién es su Soberano verdadero y cuáles son Sus atributos, y utiliza mal su libertad tomando el camino de la desobediencia y de la rebelión. Tal hombre ha fracasado en el examen de su conocimiento, de su inteligencia y de su sentido del deber, y no merece una suerte mejor que la discutida anteriormente.

Por otro lado, se puede encontrar al que sale victorioso de esta puesta a prueba. Utilizando correctamente su saber y su espíritu, reconoce a su Creador, tiene fe en Él, y sin estar de ningún modo forzado, elige obedecerle. Sabe distinguir el bien del mal, y aunque sea enteramente libre de no hacerlo, elige el bien. Comprende su propia naturaleza, se conforma con sus leyes y sus realidades, y aunque tenga toda latitud de caminos para seguir, no importa cuáles, adopta el de la obediencia y lealtad a su Dios, su Creador. [...]

Elige la verdad, ve la realidad, se somete con toda gratitud a su Señor y Soberano. Es un hombre inteligente, sincero, que tiene el sentido del deber, que ha optado por la luz antes que por las tinieblas, y después de haber distinguido la realidad, ha respondido a su llamamiento con entusiasmo. [...]

En cada estadio de su búsqueda, su conciencia de Dios le impedirá hacer un uso malo y destructivo de la ciencia y de los métodos científicos.

No soñará nunca con alabarse de ser el señor de estas fuerzas, el conquistador de la Naturaleza, atribuyéndose así las prerrogativas divinas, ni [...] someterá al género humano estableciendo su supremacía sobre todos, sin retroceder ante los medios más viles. Tal actitud de rebelión y desafío no podrá ser la de un musulmán. Sólo un erudito “kafir” pude ser la presa de tales ilusiones y sucumbir exponiendo a todo el género humano a los peligros de la destrucción total y del aniquilamiento. Un sabio musulmán, por el contrario, se comportaría de una manera diferente. Cuanto más claro viera en el campo de la ciencia, más sería reforzada su fe en Dios. Inclinará su cabeza ante Él con gratitud, ya que su Soberano le ha bendecido concediéndole un poder y una ciencia muy grandes, deberá obrar por su propio bien y el de la Humanidad. En vez de ser orgulloso, será humilde, en vez de exaltarse de su propio poder, realizará grandes cosas para el bien común. No se entregará a una libertad desenfrenada. Será guiado por los principios de la moralidad y de la revelación Divina. De este modo, la ciencia entre sus manos, en lugar de ser un instrumento de destrucción, llegará a ser un medio de bienestar de los hombres y de la regeneración moral. Es de este modo como expresará su gratitud a su Soberano por los dones y las bendiciones que ha derramado sobre el hombre. [...]

En lo que concierne al derecho, el musulmán tratará de hacer de él, el instrumento real de la justicia, para la protección de los derechos de todos —particularmente, de los débiles—. Velará para que cada uno reciba la parte que se merece y que ninguna injusticia u opresión sea infligida sobre cualquiera. Respetará la ley, la hará respetar y velará para que la justicia sea repartida equitativamente.

La vida moral de un musulmán estará siempre llena de piedad, devoción y rectitud. Vivirá en el mundo con la convicción de que Dios es nuestro único Soberano, que todo lo que él y todos los demás puedan poseer ha sido dado por Dios, que los poderes de los que dispone no son más que un depósito de Dios, que la libertad que le ha sido conferida debe ser utilizada con discernimiento, y que es para su propio beneficio el servirse de ella según la voluntad divina. Tendrá siempre presente en el espíritu que debe un día volver a su Señor y le dará cuentas de toda su vida. El sentimiento de responsabilidad quedará siempre firmemente implantado en su espíritu y no se portará nunca irresponsable ni indiferente.

Pensemos en la excelencia moral de un hombre que vive con tales disposiciones [...] será una bendición para la Humanidad, su espíritu no será turbado por malos pensamientos y ambiciones perversas. Se abstendrá de ver, de entender y de hacer el mal. Dominará su lengua y no proferirá jamás mentira. Mantendrá su vida de una manera justa y honesta, y preferirá el hambre a una alimentación adquirida por la explotación o la injusticia. No será nunca cómplice de la opresión o de la violación de la vida humana y del honor, sea cual fuere la forma. No cederá jamás ante el mal, sea cual fuere el precio que tenga que pagar por esto. Será la bondad y la nobleza mismas, y defenderá el derecho y la verdad, incluso al precio de su propia vida. Aborrecerá todas las formas de injusticia, se erigirá defensor de la verdad que las adversidades no pudieron derribar. [...]

Será el hombre más honrado y respetado, y nadie le podrá superar en este campo. ¿Cómo podría alcanzar la humillación a un hombre que para solicitar un favor no extiende la mano, ni inclina la cabeza ante cualquiera, excepto ante Dios Todopoderoso, el Soberano del Universo? [...]

Nadie en el mundo podría ser más rico o más independiente que él —porque vivirá una vida de austeridad y de contemplación. No será sensual, ni débil, ni avaro. Se contentará con lo que gane honestamente, e incluso si montones de riquezas mal adquiridas se ponen ante él, las rechazará con menosprecio. Tendrá paz y la satisfacción del corazón—. ¿Hay riqueza más grande que esta? [...]

Si han comprendido la verdad natural de un musulmán, estarán convencidos de que no puede vivir en la humillación, esclavitud o sumisión. [...] Porque el Islam le inculca las cualidades que no están eclipsadas por ningún encanto ni ninguna ilusión.

Después de haber vivido una vida respetable y honorable en la tierra, volverá a su Creador, que derramará sobre él Sus bendiciones, porque ha cumplido su deber honradamente, y ha cumplido su misión con triunfo en la puesta a prueba. Ha salido bien de la vida terrestre y conocerá en la ulterior la paz, la alegría y la felicidad eternas.

Este es el Islam, la religión natural del hombre. [...] Desde todos los tiempos, todos los que reconocieron a Dios y amaron la verdad, han creído en esta religión y estuvieron conformes con ella. Aunque hubieran llamado a este modo de vida Islam o de otra forma. Cualquiera que fuese su nombre, significaba Islam, sumisión total a la ley y a la voluntad del Creador.

Fragmentos del libro “Los Principios del Islam”, publicado en 1977 por el Centro Islámico de Granada. El libro completo puede leerse en http://www.latinodawah.org/library/spanish/losprincipios-libro.html

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sábado, 19 de marzo de 2011

El Dispositivo Tecnológico del Siglo

EL DISPOSITIVO TECNOLÓGICO DEL SIGLO


La tecnología no deja de avanzar y sorprendernos. En este video, se nos presenta un dispositivo revolucionario: casi eterno (bajo condiciones de cuidado muy mínimas), funciona cordless, off line, sin baterías, no necesita recarga, no tiene límite en número de veces que puede ser utilizado, es fácil de reparar, y su uso es tan sencillo que personas con mínima instrucción pueden aprovecharlo al máximo. Puede llevarse a cualquier lugar, funciona en casi cualquier entorno, y es absolutamente compatible. Sus accesorios son fáciles de conseguir, de bajo costo, e incluso pueden ser fabricados fácilmente por el propio usuario. Tecnología barata para todos, la verdadera "democratización" del conocimiento.



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miércoles, 16 de marzo de 2011

La Vida: Mera Ilusión, Falacia, Vapor sin Valor Alguno

La vida: Mera Ilusión, Falacia, Vapor sin Valor Alguno


Por: Said Abdunur Pedraza

Mi mamá me llevaba muy temprano en la mañana hasta el paradero de la ruta escolar, cuando pasamos al lado de un cadáver tirado en el prado. Estaba fresquito. Contaría yo siete u ocho años, y creo que fue mi primer contacto con la muerte. A esa edad, otras personas que conozco ya habían asistido a entierros masivos de familiares y conocidos, muertos unos a manos de otros o a manos de la guerrilla, la policía o el ejército. Otros, más jóvenes, ya tendrían entre sus cercanos, caídos a manos de paramilitares o narcos.

A diferencia de quienes han sido víctimas de la violencia en este país, que han llegado a la ciudad para no ahogarse en los ríos de sangre de sus tierras, yo me cuento entre los que hemos visto la guerra por la tele. Sólo Escobar, con sus bombas en las calles de Bogotá, nos hizo ver un poco más de cerca lo que se vive de forma cotidiana en los campos colombianos.

Yo me rodeé de otro tipo de muerte. Sobredosis de antidepresivos, raticida, lanzarse de espaldas desde un quinto piso, convulsionar con cianuro en brazos de la novia, cócteles mortíferos de drogas, semanas de alcoholización sistemática y continua, dejar la dignidad y el alma entre unas sábanas hediondas a sexo pútrido… búsquedas mortales, individuales y colectivas. Cuando uno vive en un país en el que la muerte ronda impune por campos y calles dejando estelas interminables de fosas comunes por todo el territorio, y se empeña en rodearse de la búsqueda falaz de los evasores del vivir, es que uno tiene un problema serio. Sí, enterré a varias de mis amistades. Otras más andan por ahí, respirando todavía muy a su pesar. Eso me enseñó muy pronto que nadie es dueño de su vida: no importa cuánto te esfuerces en morir, nadie se muere la víspera. Por eso abandoné todo intento de suicidio, la muerte me llegará cuando sea la hora, no antes ni después, no importa lo que haga al respecto.

Mi contacto permanente con el egoísmo sumo y la evasión que significan el suicidio, creó en mí una barrera que me ha impedido entender qué hace que la gente se aferre a la vida. He visto que la gente siempre se aferra a algo, a alguien, para darle sentido a la vida, y siempre terminan defraudados, pues los seres humanos somos imperfectos, cometemos errores, e indefectiblemente le fallamos a quienes amamos. Entonces, la gente se va llenando de temores, dolores, heridas, rencores, frustraciones… Y sin embargo, respirar se les antoja lo más valioso que pueda existir. Yo le hallo sentido a que una persona perseguida sin motivo, expulsada de su tierra por la guerra, que ha dejado atrás los cadáveres de sus seres queridos, siga deseosa de vivir a pesar de todo: De alguna forma, vivir se le ha de convertir en una obligación, alguien debe sobrevivir a la guerra para contar la historia y recordar a los caídos. Pero en la muerte permanente de los que nunca supimos qué es trabajar la tierra, que sólo conocemos la ignominia de la explotación capitalista (no importa qué tan jugoso sea el sueldo, sigue siendo explotación), no encuentro cómo establecer empatía con quienes se aferran al acto de respirar como si vivieran una vida verdadera. Por años los acompañé en sus demenciales actos autodestructivos y formé parte de ellos, mientras los observaba y analizaba. Yo era consciente de que destruía mi ser entero, y sencillamente no me importaba. Ellos, en cambio, tenían un afán de “vivir,” y parecían creer sinceramente que todo ese vicio, toda esa esclavitud, toda esa estupidez, eran “vida.” Nunca logré comprenderlos, mucho menos encajar y ser como ellos. Extranjero en tierras extrañas, me moví en muchos círculos distintos, conocí personas de toda suerte de religiones e ideologías, de diversas culturas y creencias, con visiones del mundo y de la vida muy distintas, pero todos y todas, sin remedio, terminaban exactamente igual. El vehículo variaba: drogas, alcohol, sexo, violencia, tabaco, estafa, traición, trabajo… Lo que fuera, con tal de evadir la vida, mientras se decían estar “viviendo” al máximo. “¡Esto sí es vida!,” era la frase que yo más escuchaba en boca de cualquier persona, independientemente de su sexo, etnia, nacionalidad, condición socioeconómica o nivel de escolaridad, cuando estaba en medio de sus procesos de autodestrucción. Muy rara vez conocí a personas que por su tradición cultural o su convicción filosófica, parecían romper ese molde. En su mayor parte, sencillamente tenían formas más sofisticadas y menos autodestructivas de evasión, que los hacían ver como “espirituales.” Generalmente de estratos socioeconómicos altos, estos “espirituales” llevan una vida “sana” al estilo moderno, que deslumbra a muchos, excepto a los que tienen que luchar con uñas y dientes a diario para sobrevivir. Salen a abrazar árboles y creen que con una sonrisa van a cambiar al mundo. Pero el interior de sus hogares no es tan “verde” como pretenden mostrar a los demás.

Como puede verse, no soy alguien que tenga fe en la humanidad. Quizás sea en buena parte por mi afición a la historia. En efecto, los libros de historia difícilmente hablan de las comunidades que vivieron en paz por siglos y siglos. Esos grandes períodos de paz son apenas nombrados con una línea: “Entre el año (o el siglo) tales y el año (o el siglo) tales, el imperio (o la comunidad o la etnia) tales tuvo un período de paz.” Lo demás, es el registro de las guerras. Leer historia le da a uno la falsa impresión de que los seres humanos hemos estado matándonos unos a otros sin tregua desde el principio de los tiempos, y no hemos conocido otra forma de vida que esa. Cosa, por supuesto, totalmente falsa.

Pero quizás mi falta de fe en la humanidad esté simplemente en el hecho de que somos falibles, imperfectos. No importa qué tan buena, recta y ética sea una persona, siempre será susceptible de torcerse. Una catástrofe, un tesoro, una ilusión, un enamoramiento, pueden transformar por completo a un ser humano. Sólo falta oprimir el botón correcto para desatar la corrupción, la sed de venganza, el ansia de poder, el egoísmo, la ira, los celos, o cualquier otra emoción que lleve a una persona a cometer una estupidez momentánea que habrá de lamentar el resto de sus días, o a convertirse en un ser despreciable. Y no es sólo eso. Incluso aquellos que logran mantenerse rectos, pueden fallarte cuando más los necesitas, y no en una sino en muchas formas variadas y coloridas.

Dicen que la solución de todo está en el amor. Pero, ¿qué es el amor? Por milenios los poetas han cantado al amor en millones de formas y jamás ha habido acuerdo sobre qué es. En el último siglo, los psicólogos han intentado lograr lo que los poetas no, y han fracasado en el intento. Los libros sobre “cómo amar,” “vivir y amar en libertad,” “consejos para el amor,” y similares, se han vendido como pan caliente en los últimos 50 años; sin embargo, la gente está cada vez más sola y vacía. Los neurocientíficos se han contentado con definir al amor en términos de impulsos eléctricos y dosis de hormonas, ¿y eso qué utilidad tiene para el desarrollo de la raza humana? ¿Acaso pensar en el amor como una serie de procesos químicos y eléctricos nos va a ayudar a encontrar la forma de vivir en paz y armonía? ¿O será que los millones de muertos dejados por los defensores del amor han servido para que el mundo sea hoy mejor que en tiempos de las cruzadas o de la conquista de América? Lo único cierto es que no puede construirse una sociedad sin normas, y eso a punta de sólo amor es imposible. Ni siquiera una familia puede construirse sólo con amor. El amor debe acompañarse de compromiso, justicia, responsablidad, y de muchas otras cosas más para que la vida en comunidad sea posible.

No soy el primero, ni el único, ni seré el último, en decir que todo en esta vida es una mera ilusión. Pedro Calderón de la Barca lo expresó así en el siglo XVII:

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción”.
Y Lewis Carroll en el siglo XIX:
“¿Qué es la vida sino un sueño?“ 
Así lo puso William Shakespeare en el siglo XVII:
La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido.
Budistas, hindúes y místicos lo han proclamado por siglos. Pensadores y filósofos judíos y cristianos han estado de acuerdo con ello. Los profetas lo han dicho una y otra vez. Platón aseguraba que el hombre vive en un mundo de tinieblas, como cautivo en una cueva. Y en efecto, no ha germinado en mí otra forma de ver esta vida: es una prisión en la que nos encontramos contra nuestra voluntad. Sí: contra nuestra voluntad, porque no podemos irnos de aquí cuando queramos, ni siquiera vinimos cuando y porque queríamos. ¿Alguien me preguntó si quería venir a este mundo, como muchos creen? ¡JA! Ni loco habría aceptado una propuesta tan absurda. ¿Reencarnaré después de morir, como otros muchos creen? Si la reencarnación existiera, querría agarrar al maldito que lo devuelve a uno a esta podredumbre para rayarle la cara y cortarlo en trocitos. Venir de nuevo a esta prisión, a enfrentar de nuevo el dolor, la traición y la frustración, a trabajar como mula bajo el yugo de unos pocos miserables a quienes ni siquiera tendré la oportunidad de golpear en el rostro, a ser testigo nuevamente de la estupidez y de la matanza, a escuchar testimonios de niños abusados, mujeres violadas, familias desplazadas de su tierra sin razón alguna, personas amenazadas de muerte por denunciar la maldad, gente mutilada o despojada por mera incompetencia o negligencia de otros, o quizás ya no para ser testigo sino víctima de todo ello, pues en esta vida me ha ido muy bien, pero en una futura no hay garantías de nada, ¿y todo para qué? ¿Para aprender? ¿Aprender qué, si igual ni recuerdo qué aprendí en vidas pasadas? ¿Aprender para qué, si lo que conocí en esta vida no me va a ser útil en la próxima? ¿Aprender que este mundo es pasajero y que todo en él es ilusión, que no existe nada en este universo por lo que valga realmente la pena vivir o morir? No necesito diez vidas, ni dos, ni siquiera una vida completa para aprender eso: ya lo había entendido poco después de llegar a la adolescencia, ya me puedo ir entonces, gracias.
Y no me digan que lo que hay que aprender es todo lo contrario, porque eso sería una estupidez. Los personajes más grandes de la historia, los mayores líderes espirituales, las únicas personas que uno podría concebir como verdaderos modelos a seguir, han enseñado que esta vida es mera ilusión. Y sólo hay que ser un poquitico observador para darse cuenta que el ser humano no es más que una frágil polilla, atrapada en una cueva oscura, estrellándose una y otra vez contra las paredes de la cueva en medio de las tinieblas. Así lo planteó Michel de Montaigne en el siglo XVI:
“El hombre es cosa pasmosamente vana, variable y ondeante.” 
Si en verdad estuviéramos en un ciclo de reencarnaciones, a estas alturas al menos la mitad de la humanidad ya estaría en un nivel espiritual tan elevado, que la otra mitad viviría aprendiendo aceleradamente de su ejemplo. ¡Si es que las primeras almas estarían rondando por acá desde hace más de 100.000 años! Pero como dijo el guerrero chino del siglo III a. C., Tieng Hung:
“El rocío sobre la liliácea ha desaparecido poco después del amanecer. El rocío se evaporó esta mañana, volverá de nuevo con el alba. El hombre muere y por siempre se acaba, ¿acaso alguien ha regresado alguna vez del más allá?”

Humanos. Somos capaces de grandes creaciones, de transformar nuestro entorno para mejorarlo, de amar y construir, y también de las más abyectas atrocidades, de matanzas sin sentido, de crímenes innombrables. No somos lo uno ni lo otro, somos ambas cosas. Cada uno de nosotros en su interior lleva un artista y un asesino, un defensor y un opresor, un sabio y un imbécil, un santo y un criminal, un ser dulce y otro despiadado. Y dependiendo del contexto, la historia, la vida misma, a veces se nos sale lo uno, a veces lo otro, a veces en individual, a veces en colectivo. ¿Cómo confiar plenamente en una criatura así? Quienes hoy te sirven de apoyo, mañana te entregarán a tus enemigos, o te enterrarán vivo, o simplemente te abandonarán y seguirán otro camino. Y así debe ser, no debería sorprendernos en lo absoluto, ni deberíamos esperar nada distinto.

La vida por sí misma no tiene sentido. La mayoría de las personas pasan sus vidas tratando de darles sentido, aferrándose a esto o aquello, y cuando lo que le da sentido a sus vidas se desmorona, viene la autodestrucción. ¡Y cuán creativos y diversos somos para autodestruirnos!

Podemos llenarnos de motivos para vivir: luchar por la patria, por un ideal, por la familia, por conseguir un sueño, por dinero y poder, por reconocimiento y fama, por la conservación del agua, por los derechos humanos, por el retorno de los despojados a sus tierras, por el futuro de los hijos, por establecer la pederastia como una opción sexual  legítima… Muchos de los cruzados creían sinceramente que luchaban para ganarse el cielo, y con esa convicción llevaron a cabo algunas de las más grandes matanzas de la historia contra los árabes, pero sólo eran títeres de intereses económicos y políticos. Muchos gringos fueron a Irak convencidos de que defendían la libertad, y llevaron a cabo algunos de los peores crímenes de guerra de las últimas décadas, pero sólo eran marionetas al servicio de las multinacionales del petróleo. Muchos padres han dado lo mejor a sus hijos, quienes se han convertido en drogadictos, pandilleros, ladrones de cuello blanco o déspotas tiranos. ¿Vale la pena el esfuerzo? Habría sido interesante conocer la opinión de la madre de Hitler, pero murió cuando él apenas tenía 18 años.

Si uno sopesa los pros y los contras de cada paso que da, y a cada acción le antepone las preguntas “¿esto es lo correcto?, ¿podría hacerlo mejor?, ¿vale la pena?, ¿qué garantías tengo?”, la vida se hace terriblemente pesada. Y a la hora de los balances, siempre hay números rojos, a pesar de lo cuidadoso que uno sea. ¿Cuántas veces no escucha uno a la gente lamentarse porque “dio lo mejor” y el resultado fue, si no catastrófico, decepcionante? La vida puede tener muchas alegrías, pero al final, si alguien quiere sentirse satisfecho, tiene que hacer muchas concesiones consigo mismo y con el mundo.

Y eso es lo que hacemos. Al pasar los años, nos hacemos menos exigentes con nosotros y con los demás, para no sentirnos tan agobiados. Siempre terminamos huyendo, de una forma o de otra. De nuevo, recurro a Montaigne:
“A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco.”
Yo jamás supe qué buscaba, ni siquiera estaba seguro de buscar algo. Pero supe que lo había encontrado cuando leí:
“¿Acaso no es odiosa la vida de este mundo? Odioso lo que hay en ella, excepto el recuerdo de Dios y lo que se aproxime a ello. Y también el sabio que enseña y el alumno que aprende.”

“Sé en esta vida como si fueras un extranjero o como si estuvieras de paso.”
“Este mundo es una prisión para el creyente y un Paraíso para el no creyente.”

“Sé austero en esta vida y Dios te amará, y prescinde de lo que los hombres poseen y ellos te amarán.”

Esas frases las había pronunciado el mismo hombre que había dicho “la fe surge del conocimiento,” que aún siendo jefe de estado dormía en el suelo sobre una estera de piel curtida rellena de fibra de palmera, que teniendo la supremacía militar conquistó una ciudad sin derramamiento de sangre y respetó la vida, honra y bienes de sus habitantes (a pesar que ellos lo habían perseguido y habían intentado matarlo, y habían discriminado, perseguido y torturado a sus seguidores durante años); el mismo hombre que logró unir a un grupúsculo de tribus bárbaras que se mataban continuamente entre sí, y les entregó unas normas de vida que las convirtió primero en un estado, y luego en una de las mayores civilizaciones que ha visto la humanidad, apenas 70 años después de su muerte. Ningún ser humano jamás ha tenido tanto éxito, tanto en el plano espiritual como en el político, el militar y el judicial. Tal hombre llamó de inmediato mi atención, y si la historia de su vida me impactó, su mensaje cambió el curso de la mía.

Con el tiempo, he llegado a preguntarme si es cierto aquello de lo que algunos viejos conocidos me han acusado: Que me he cerrado a la banda, que creí encontrar el único camino y me negué la posibilidad de contemplar otros, que me convertí en un radical. Miro atrás y analizo mi vida anterior. Siempre supe que vivía porque tratar de matarme era inútil, no porque la vida me fuera muy preciada. La mayor parte del tiempo la pasaba en depresiones profundas. Nada me motivaba. Trataba de aferrarme a la literatura, pero nunca estuve completamente seguro de para qué. En últimas, sólo era un mecanismo de evasión más sofisticado que los de la mayoría. Pero igual, caí en los de los demás. Igual mi vida terminó siendo tan esclava de los vicios y la estupidez como la de cualquier otro. Ni siquiera buscaba una religión o una filosofía, solo buscaba la forma de vivir con algo de dignidad, sin prostituir mi alma y mi trabajo, sin destruir a otros, sin esclavizarme demasiado a las órdenes de los grandes capitales, y de ser posible, brindando algo de mí a los otros, algo que me hiciera sentir útil. Lo intenté por décadas y fracasé rotundamente.

Ahora mi perspectiva es otra. La gente siempre fallará, caerá, a veces se levantará de nuevo para volver a caer. Y entre la gente estoy yo, que he pasado más tiempo fallando y cayendo que tratando de levantarme. Pero no importa, uno acepta que así creó Dios al ser humano, y uno no hace las cosas para agradar a otros. Si la gente falla, Dios no falla, y uno actúa para agradarlo a Él. Si uno falla, la gente puede odiarlo a uno, pero Dios es capaz de perdonarlo. ¿Que este mundo es una porquería? Sí, bueno, ya lo cantaba Carlos Gardel a comienzos del siglo XX:
“El mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también...”
¿Y qué? Si uno cumple con la ley de Dios, entonces uno vive de la manera correcta. Mientras uno siga las normas de vida que Dios ha dictado, su vida está bien porque Dios lo ha establecido así, y vale la pena porque Dios lo recompensará. Y si uno vive así, sabe que está aportando un granito de arena para que el mundo sea mejor. Lo demás está en manos del Creador.

Ahora tengo en el Corán un manual de instrucciones que históricamente ha probado su eficacia para construir vidas, comunidades y naciones sanas y justas. También tengo en la Suna auténtica de Mujámmad (que la Paz y las Bendiciones de Dios sean con él) un ejemplo a seguir, que históricamente ha comprobado ser el mejor ejemplo de comportamiento humano. Mujámmad vivió como todos los profetas y entregó el mismo mensaje que ellos (que Dios es Uno, creó todo cuanto existe, es el Único merecedor de toda alabanza, a Él nos debemos y solo en Él hallaremos auxilio), por lo tanto, seguir a Mujámmad es seguir también a Abraham, a Moisés y a Jesús (la Paz de Dios sea con todos ellos). Es decir, se trata de imitar a los mejores hombres que han existido en todos los tiempos, y procurar vivir como ellos. Ahora tengo un norte, una guía, y un ejemplo. Una luz y un camino, ya no ando estrellándome contra las paredes de la cueva en medio de la oscuridad. No dependo de sacerdotes, santos, vírgenes, imames, iluminados, pastores, infalibles… Ni dependo de visiones, voces, sueños o iluminaciones que puedo interpretar a mi antojo o al antojo de autoridades religiosas, que pueden ser incluso fruto de desórdenes psiquiátricos o de una imaginación muy activa, no: para eso está la Palabra revelada. Tampoco dependo de mi propia ética y de preguntarme continuamente si esa ética es correcta o si obedece a mis prejuicios, vicios e intereses personales. Tengo comunicación directa con Dios: conociendo Su palabra y el ejemplo de Su mensajero (que la Paz y las Bendiciones de Dios sean con él), sé qué quiere Él de mí, y para qué estoy en este mundo. Sé cómo debo comportarme y cuáles son mis principales responsabilidades. En el Islam está reunido todo el conocimiento y las pautas necesarios para construirme como persona, para construir una familia, para construir una comunidad, una nación.

Este es un mundo ilusorio, falaz, en el que lo único real es Dios, Altísimo y Todopoderoso. Un mundo pasajero, al que es mejor no aferrarse. Un mundo al que vine porque Dios así lo quiso (yo no respetaría a alguien que me hubiera preguntado si quería nacer y en qué familia, al igual que un soldado jamás  respetaría a un general que le preguntara qué estrategia prefiere para la batalla y qué posición desea ocupar en ella). Un mundo con muchas bellezas y bendiciones, pero al que gracias a Dios no tendré que volver una vez me haya ido, porque como escribió Mark Twain:
Nunca ha habido una persona inteligente de sesenta años de edad que consintiera en vivir su vida de nuevo. Ni la suya ni la de cualquier otra persona.
Un mundo que solo es una preparación y una prueba para la vida real, una vida en la que si Dios quiere, podré ver el Jardín y conocer al fin la libertad.

¿Y qué si apostatara y dejara de ser Musulmán? Bueno, ¿qué pueden ofrecerme a cambio? No me tentó el dinero, ni el poder, ni la fama, cuando vivía en total oscuridad. ¿Mujeres? Mis cicatrices físicas y espirituales responden a esa pregunta. Nada en este mundo me motiva, nada me llama la atención, no hay nada que yo considere que vale lo suficiente como para dejar la comodidad de mi cama y la delicia del sueño. Ni siquiera los hijos, pues lo único bueno y decente que puede uno hacer por ellos es prepararlos para que se vayan y hagan su propia vida, sin esperar que volteen a dar las gracias. Uno muere y nada se lleva, decían los abuelos, entonces ¿para qué luchar? Y si el asunto de la vida no está en lo material, ¿qué es lo espiritual? ¿Misticismo, quizás? Eso se parece demasiado a las drogas. Y las drogas nunca llamaron mi atención. Además, al menos si uno consume drogas, sabe que el efecto es inmediato y sabe cuánto dura. Con el misticismo nunca se sabe. Hay que ir cada domingo a ver si pasa un milagro, a ver si uno siente el “toque del espíritu,” pero no hay garantías. A veces sí, a veces no… A veces es un buen viaje, a veces no tanto. Compartí con muchos de los “tocados” jornadas de autodestrucción muy fuertes. No, jamás pudieron convencerme de que el hecho de ser “tocados” cada fin de semana los hiciera diferentes a mí. Tampoco me atrajo el ascetismo, pues a fin de cuentas, no tiene sentido alguno que Dios nos hubiera dado este cuerpo sólo para que lo hiciéramos a un lado y negáramos nuestras necesidades, entre ellas la necesidad de contacto, de comunicación, de comunión con los demás.

Entonces, ¿qué pasaría si dejara de ser Musulmán? No podría volver a lo mismo de antes. Antes sabía que ahí no había nada que sirviera, pero creía que no había opción alguna. Ahora que sé que hay alternativa, no podría volver a lo mismo. Tampoco podría adherir a alguna filosofía, religión o grupo político, después de todo lo que conocí al respecto. Antes no lograron captarme, ahora mucho menos. No me haría asceta ni monje, y francamente dedicarme a amasar una fortuna o convertirme en asesino serial sería demasiada energía invertida en banalidades sin sentido, y no estoy tan mal de la cabeza, por fortuna.

No, nada hay para mí fuera del Islam, excepto dejarme morir en una cama mientras miro impávido al techo durante semanas. En el Islam hay luz, conocimiento, sabiduría, personas que no necesitan decirme nada para convencerme de nada, sólo comparten conmigo y en ese compartir está todo, en esos momentos que pasamos juntos puedo sentir, ver, oler lo que es la vida: un paso que si se sabe dar, conduce a algo mucho mejor, y ellos son prueba viviente de que ese paso sí se puede dar de la forma correcta, como Dios manda. Ahora que soy Musulmán, por primera vez en mi vida no estoy rodeado de zombies: estoy rodeado de gente viva, que no está aferrada a esta vida, sino que vive bien como preparación para la vida eterna. Y aprendo cada día de ellos. Pero no dependo de ellos, dependo de Dios, me debo sólo a Él. Aun si ellos se corrompieran, ya me mostraron que sí es posible, y la guía sigue ahí, a mi alcance.

Vivir vale la pena, porque se vive para agradar a Dios a través de una vida recta, y una vida recta implica ayudar a otros sin esperar que lo agradezcan (Dios es quien reconoce las buenas obras), cuidar el medio ambiente no por ser “ecologista” sino porque Dios puso la creación para que la administremos correctamente, tratar bien a los animales, trabajar honestamente, formar una familia que adore a Dios, tener hijos a los que se les pueda enseñar a vivir de la forma correcta para que sean artífices de una sociedad justa en el futuro (y no unos tontos vacíos que se cortan las venas cada semana). Y si uno hace las cosas bien, y al final algo sale mal, uno está tranquilo, pues hizo lo que debía hacer de la forma correcta, lo demás está en manos de Dios. Vivir de acuerdo a la ley divina tiene sentido, y tiene recompensas en este mundo y en la otra vida. Fuera de eso, nada tiene sentido.

Así que pueden llamarme radical. Si tienen otro camino, sean felices en él, síganlo con toda convicción, pero ni por casualidad traten de mostrármelo como una opción, ni siquiera pretendan que yo acepte que es un camino válido. Pasé demasiados años en demasiados caminos, y hoy no hay nadie que me plantee algo distinto a todo eso por lo que pasé, y que sólo cuenta en mi memoria como años tirados a la basura. Ser musulmán no me libra del dolor, la injusticia y el mal, pero me da un norte, me hace mejor persona, y me prepara para lo que ha de venir. Me da una disciplina, una moral, un completo sistema socio-económico-político-religioso independiente del comunismo, el feudalismo, el capitalismo y cualquier otro sistema creado por el hombre (todos ellos históricamente fallidos), unos rituales (tan necesarios para la vida cotidiana), una visión del mundo y de mí mismo, una forma de pensar, una razón de vida, unas normas básicas (fundamentales para la convivencia en familia y en comunidad), me enseña hasta la forma correcta de comer y de dormir de manera que incluso esos actos tan sencillos se conviertan en actos de adoración a Dios y me beneficien tanto en lo físico como en lo espiritual.

Si logro ser un verdadero musulmán (es decir, una persona completamente obediente y sumisa a la ley y a la voluntad de Dios), será solo por misericordia del Clemente, porque por mí mismo jamás habría logrado ni siquiera llegar hasta donde he llegado (y estoy muy lejos de vivir de lleno el Islam). Y si no, al menos habré logrado hacer algo que sí vale la pena: esforzarme en cumplir con lo que Dios manda. Aparte de eso, no existe nada en el universo entero que tenga valor para mí. Gracias, pero no, gracias, no voy a dejar de ser Musulmán.
“Todo ser probará el sabor de la muerte, y cada uno recibirá su recompensa íntegra el Día de la Resurrección. Quien sea salvado del Fuego e ingresado al Paraíso habrá realmente triunfado, porque la vida mundanal es solo un placer ilusorio.” (Corán 3:185).
Sepan que la vida mundanal es juego, diversión, encanto, ostentación y rivalidad en riqueza e hijos. Es como la lluvia que genera plantas que alegran a los sembradores con su verdor, pero luego las ven amarillearse hasta convertirse en heno. En la otra vida, ustedes recibirán un castigo severo o el perdón de Dios y Su complacencia. La vida mundanal no es más que un disfrute ilusorio.” (Corán 57:20).
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