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jueves, 19 de mayo de 2011

Noam Chomsky: Mi Reacción a la Muerte de Osama bin Laden

Noam Chomsky: Mi reacción a la muerte de Osama Bin Laden


Por: Noam Chomsky - Mayo 6 de 2011

Debemos preguntarnos cómo reaccionaríamos si los comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran y tiraran su cuerpo en el Atlántico.


Está cada vez más claro que la operación fue un asesinato planificado, violando múltiples normas elementales de la ley internacional. No parece que haya habido intento alguno por atrapar a la víctima desarmada, como presumiblemente podría haberse hecho por parte de 80 comandos enfrentando virtualmente ninguna oposición —excepto, dicen ellos, por su esposa, que se abalanzó hacia ellos. En sociedades que profesan algún respeto por la ley, los sospechosos son detenidos y llevados a un juicio justo. Hago hincapié en lo de “sospechosos.” En abril de 2002, el director del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa que después de la investigación más intensiva en la historia, el FBI no podía decir más que “creía” que el complot había sido fraguado en Afganistán, aunque llevado a cabo en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Era lo único que ellos creían en abril de 2002, y que obviamente no sabían hace 8 meses, cuando Washington rechazó ofertas tentativas por parte de los Talibanes (qué tan serias eran no lo sabemos, pues fueron rechazadas de forma instantánea) de extraditar a bin Laden si se les presentaban evidencias —que, como veremos pronto, Washington no tenía. Por tanto, Obama simplemente estaba mintiendo cuando en su declaración desde la Casa Blanca dijo: “Supimos rápidamente que los ataques del 11 de septiembre fueron perpetrados por Al Qaeda.”

Nada serio ha sido probado desde entonces (véase “Las Preguntas sobre el 9/11” [1]). Se habla mucho de la “confesión” de bin Laden, pero es algo así como mi confesión de que gané la Maratón de Boston. Se jactaba de lo que él consideraba un gran logro.

También hay mucho debate en los medios respecto a la ira de Washington debida a que Pakistán no entregó a bin Laden, aunque sin duda los elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban al tanto de su presencia en Abbottabad. Menos se habla acerca de la ira de Pakistán en relación a que los Estados Unidos invadieron su territorio para llevar a cabo un asesinato político. El fervor antiestadounidense está de nuevo muy alto en Pakistán, y estos eventos es probable que lo exacerben. La decisión de arrojar el cuerpo al mar también está provocando, como era previsible, ira y escepticismo en buena parte del mundo musulmán.

Debemos preguntarnos cómo reaccionaríamos si los comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran y tiraran su cuerpo en el Atlántico. Indiscutiblemente, sus crímenes exceden en mucho a los de bin Laden, y él no es un “sospechoso,” pero sin duda fue el “cerebro” que dio las órdenes para cometer el “crimen internacional supremo, que sólo difiere de otros crímenes de guerra en que contiene en sí mismo el mal acumulado de todos los demás” (citando al Tribunal de Nuremberg) por el que los criminales nazis fueron ahorcados: los cientos o miles de muertos, millones de refugiados, la destrucción de gran parte del país, el amargo conflicto sectario que se ha extendido al resto de la región.

Hay más que decir acerca del terrorista cubano Orlando Bosch que destruyó con una bomba un avión lleno de pasajeros en 1976, y que acaba de morir pacíficamente en Florida, incluyendo la referencia a la “doctrina Bush” de que las sociedades que albergan terroristas son tan culpables como los propios terroristas y deben ser tratadas en consecuencia. Nadie pareció darse cuenta que Bush estaba llamando a la invasión y destrucción de los Estados Unidos y al asesinato de su presidente criminal.

Lo mismo respecto al nombre: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial es tan profunda a través de la sociedad occidental, que nadie puede percibir que están glorificando a bin Laden al identificarlo con la valerosa resistencia contra los invasores genocidas. Es como nombrar nuestras armas asesinas con los nombres de las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk… Es como si la Luftwaffe hubiera llamado a sus aviones de combate “Judío” y “Gitano.”

Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales nos dan mucho que pensar.


Traducción por Said Abdunur Pedraza - Original en inglés: http://www.guernicamag.com/blog/2652/noam_chomsky_my_reaction_to_os
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NOTAS

[1] Las Preguntas Sobre el 9/11: http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/05/las-preguntas-sobre-el-911.html.


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Las Preguntas Sobre el 9/11 (https://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/05/las-preguntas-sobre-el-911.html).

La razón por la que me convertí en musulmán el 11 de septiembre de 2001 (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2011/09/la-razon-por-la-que-me-converti-en.html).
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sábado, 8 de mayo de 2010

Las preguntas sobre el 9/11

Las preguntas sobre el 9/11



Por: Said Abdunur Pedraza

Once de septiembre de 2001. Yo trabajaba como ingeniero senior para una multinacional de tecnología, era el director técnico de un proyecto de desarrollo de software en un contrato de outsorcing para una de las empresas de seguros más grandes del país. Trabaja en el centro de la ciudad, en uno de los pisos intermedios de una de las torres más altas y representativas de Bogotá. En la gran oficina, trabajábamos varias docenas de ingenieros de desarrollo y de soporte, separados apenas por delgados paneles de poco más de un metro de altura, de modo que la comunicación era sencilla. Así que, cuando uno de mis compañeros, que gustaba de escuchar permanentemente las noticias en un pequeño radio con audífonos, se levantó y anunció que un avión se había estrellado contra una torre del World Trade Center, todos nos dimos por enterados. No se sabía qué había ocurrido con exactitud, parecía un accidente, y ocupados como estábamos, le encargamos nos fuera informando lo que ocurría, mientras continuábamos trabajando. Después habló de un segundo avión y quedó claro que no se trataba de algo accidental. Yo era aficionado por aquel entonces a simuladores de vuelo comercial y de combate, y lo primero que pensé fue en lo difícil que es atinarle a un edificio con un jet, sólo un piloto de mucha experiencia lo lograría al primer intento.

Lo recuerdo vívidamente, porque cuando mi compañero dijo que una torre se había caído, no le creí, pensé que había escuchado mal, o que el periodista había exagerado la noticia. Se lo hice saber con tal certeza, que el ingeniero titubeó y hasta se sintió avergonzado por haber creído tal cosa. Le dije que quizás, a lo sumo, la parte superior de la torre se había derrumbado, pero hasta ese día, no cabía en la cabeza de ninguna persona que un edificio de ese tipo cayera por el choque de un avión. De hecho, no era la primera vez que un avión se estrellaba contra un edificio. Las Torres Gemelas habían sido diseñadas para soportar el choque de un 707, precisamente porque antes de tal diseño, un avión privado se había accidentado, estrellándose contra un edificio, accidente que había inspirado una película que yo había visto de niño (recordemos que las películas Aeropuerto, con historias de siniestros aéreos de todo tipo, hicieron furor en los años 1970, así que uno estaba en cierta forma familiarizado con el tema) [1]. Además, porque ya en 1945, un bombardero B-25 había chocado contra el Empire State. [2].

Tampoco era la primera vez que un edificio sufría un incendio devastador. Cuando yo era muy niño, otra de las torres más altas y representativas de la ciudad, el edificio Avianca, ardió durante muchas horas. En esa época, el cuerpo de bomberos no estaba preparado para algo así, el agua de las mangueras sólo podía alcanzar el piso 12, y el edificio ardió de allí hacia arriba con libertad, frente a la mirada impotente de todos. [3] Es otro recuerdo vívido en mi memoria, porque por encima de mi casa pasaban los helicópteros todo el día, y yo podía ver la gruesa columna de humo negro por la ventana de mi cuarto. 4 muertos, 63 heridos, 12 horas de fuego. [4] Y hoy día, el edificio sigue allí, en pie, y en pleno funcionamiento, más de 30 años después.

Unos años después del incendio del edificio de Avianca, recuerdo haber escuchado algo acerca de que habían inventado un nuevo sistema de demolición, gracias al cual, podían volar un edificio sin afectar a los que estaban al lado. Otro de esos recuerdos que quedan grabados por la impresión que provocan. Seguramente, quien me comentó el asunto no hablaba de la primera demolición controlada en la historia, pero así lo creía, y en mi cabeza infantil la imaginación no fue suficiente para hacerme a la idea de cómo dinamitaban un edificio sin afectar los contiguos. Fue años después, cuando vi por televisión una demolición de este tipo, que capté el asunto. [5] En toda mi vida, en todo lo que he leído, visto y escuchado, jamás he sabido de un edificio que colapse en una implosión simétrica, con excepción de las Torres Gemelas, el WTC7, y los edificios demolidos intencionalmente de esta forma. Por eso, cuando ese 11 de septiembre salí a almorzar y en el restaurante vi las noticias, en las que mostraron cómo cayeron las torres, no podía salir de mi asombro. “Era cierto” fue lo único que pensé. Había visto documentales sobre la historia de los rascacielos y había leído sobre la construcción de las Torres Gemelas. De modo que cuando reaccioné, lo primero que se me ocurrió fue: todos los edificios modernos están construidos de forma similar a esas torres, ¿qué clase de estructura endeble sostiene, entonces, los edificios modernos? ¡Nadie volverá a sentirse a salvo en ningún rascacielos en el mundo!

Hay que tener en cuenta que yo viví la época de Pablo Escobar, y no olvido el atentado al edificio del DAS: 500 kg de explosivos, más de 70 muertos y 500 heridos, [6] una devastación nunca vista en el país ni en el mundo (seis años después sería superado por el atentado contra el edificio federal en Oklahoma, manteniéndose hasta ahora como los dos mayores atentados terroristas de su tipo). [7] El edificio del DAS quedó en pie y fue reconstruido, aún hoy está en funcionamiento (el de Oklahoma también quedó en pie, aunque lo demolieron después). Sin embargo, que las torres hubieran caído podía darle muchas ideas a futuros actos terroristas en la ciudad. El 7 de febrero de 2003, 200 kg de C-4 y amonio puestos en un auto estacionado en la parte inferior, destruyeron buena parte del Club El Nogal, al norte de la ciudad, de modo que el temor no era infundado. Pero este edificio tampoco cayó. [8]

Pronto hice una pequeña colección de videos, fotografías y artículos sobre el tema, que descargué de Internet en la oficina. No con ánimo de investigar el asunto, simplemente los tengo guardados como documentos históricos.

Los noticieros dejaron de hablar de las Torres. Pero a través de los años, con alguna frecuencia se vuelve al tema, siempre para justificar el asunto de la “guerra contra el terrorismo”, término que quizá tenga algún sentido para los gringos y europeos, pero que en Colombia no significa nada. ¿Acaso la “guerra contra el terrorismo” ha hecho algo respecto a las FARC, los paramilitares, y el terrorismo de estado en este país? [9] No, aquí la percepción generalizada es que se trata de un asunto entre los Bush y los iraquíes por cuestiones del petróleo. Algo que en nada afecta nuestra realidad diaria. Por fortuna, agregaría yo.

Fue algún tiempo después que me enteré de dos cosas que me parecieron igualmente sorprendentes. La primera, que los sucesos del famoso 9/11 dispararon el interés de mucha gente, principalmente jóvenes, en conocer el Islam, en especial en Norteamérica y Europa. Y la segunda, que una mayoría de estadounidenses, y entre ellos los familiares de las víctimas de la caída de las torres, estaban exigiendo furiosamente respuestas de parte de su gobierno, al encontrar que la versión oficial sobre lo sucedido resulta inconsistente y hasta absurda.

Mi interés en el 9/11 ha estado marcado por la primera. He querido saber más sobre cómo los discursos de Bush fueron el motivo de la conversión al Islam de muchas personas, y de cómo el constante ataque de los medios contra el mundo Islámico, ha llevado a mucha gente a ponerse del lado de los Musulmanes, e incluso, a hacerse Musulmanes ellos mismos. [10] Pero leyendo sobre eso, he encontrado mucha información sobre las inconsistencias del informe oficial que la comisión convocada por Bush publicó sobre ese día. Inconsistencias que sólo han sido reforzadas por las actuaciones absurdas del gobierno, como la falacia de las “armas de destrucción masiva” que nunca se encontraron en Irak, pero que fueron utilizadas como excusa para la invasión; como los maltratos y torturas a las que los soldados gringos han sometido a los prisioneros; como los abusos en Guantánamo, o como la clara alianza entre la familia Bush y la familia Bin Laden.

Hoy día, aún hay personas que aceptan la teoría de que las Torres Gemelas colapsaron a causa del fuego. Sin embargo, más espectacular fue el incendio, en 2009, de un edificio de la televisión estatal China en Pekín, edificio que quedó en pie tras el infierno de más de tres horas. O el de la Torre Windsor, en Madrid en 2005, que estuvo ardiendo durante 24 horas sin que el edificio colapsara (les tomó unos 6 meses demoler el edificio luego del incendio). Nunca antes o después de la caída de las torres, un rascacielos de estos ha colapsado por culpa de un incendio, pues están diseñados y hechos con materiales que resisten el calor. Los modernos rascacielos, construidos con armazones de acero, resisten más de 1000 °C. De hecho, el fuego en las torres gemelas produjo poco calor por falta de oxígeno, a juzgar no sólo por el color de las llamas como se ve en los videos, sino porque varias personas que estaban en pisos por encima de la zona de impacto, pudieron bajar y ponerse a salvo, atravesando la franja del edificio que ardía.

Otros insisten en que fue definitivo el impacto de los aviones. Pero tenemos otros casos en los que no ha sucedido nada similar. Por ejemplo: un avión militar de Ecuador se incrustó en un edificio de apartamentos en Lima, en 2009. El edificio no colapsó. [11] Un gigantesco carguero militar Antonov An-124, con dos cazabombarderos en su bodega, se estrelló contra un edificio de apartamentos en 1997, y continuó desplazándose por la calle de una ciudad siberiana, incendiando un total de 5 edificios, ninguno de los cuales colapsó. [12] Y ya hablé del choque de un bombardero militar contra el Empire State en 1945, y como todos sabemos, el Empire State sigue en pie y funcionando. El propio Paul Craig, quien fuera subsecretario del tesoro de la administración Reagan, aseguró: "Es un hecho indiscutible que la versión oficial sobre el colapso de los edificios del WTC es falsa."

Pero, si las Torres Gemelas no cayeron por culpa del impacto de los aviones (para el que estaban preparadas), ni por los incendios subsecuentes (que fácilmente podían ser soportados por los materiales de su estructura), entonces ¿qué fue lo que ocurrió?

El asunto, casi una década después, sigue lejos de estar claro. Para complicar más las cosas, no han faltado locos que han inundado la Internet con teorías ridículas que hablan de tecnología de hologramas, OVNIS, y toda suerte de absurdos, para “explicar”, si es que cabe tal palabra, los vacíos que subsisten en relación al 9/11. Por supuesto, las preguntas siguen allí, sin respuesta. Por ejemplo: Cuatro aviones sobrevolando el espacio aéreo más controlado del mundo, uno de ellos choca contra el edificio más protegido del mundo una hora después del primer choque contra la torre norte del World Trade Center. Las películas nos muestran a Estados Unidos como la súper potencia militar inexpugnable. Sin embargo, los medios y el gobierno del país con el ejército más poderoso del planeta, nos dicen que durante el 9/11, cualquier hijo de vecino se tomaba un avión y se paseaba por todo el espacio aéreo gringo, sin que la fuerza aérea, ni las defensas antiaéreas, ni ninguno de los grandes héroes militares gringos, hiciera nada al respecto. ¿En qué se gastan tantos millones de dólares, dedicados cada año a la defensa? ¿Cómo es posible que todos los que han sido identificados como los terroristas que se tomaron los aviones, tuvieran visa legal de ingreso, a pesar que no habían cumplido con toda la documentación para ello? ¿Por qué la mitad de los que fueron identificados como los terroristas que estrellaron esos aviones, después aparecieron vivos, inocentes de lo que se les acusaba? ¿Cómo pudo evaporarse el avión que se estrelló contra el Pentágono sin que quedara rastro siquiera de sus motores enormes, sólidos, compactos y resistentes al calor?

Esta breve nota es para invitar a todos a observar los siguientes tres documentales, que lejos de proponer absurdas teorías de conspiraciones maquiavélicas, exponen los hechos con objetividad, y plantean las preguntas que nadie ha querido responder. Las conclusiones pueden ser muy diversas, pero una cosa sí está muy clara: el asunto no es como nos lo han pintado. Y no hay que ser genio para comprenderlo. Se dice que todo se evaporó, hasta el concreto se pulverizó, no se encontró ni un teléfono entero entre los escombros, mucho menos un escritorio. Pero después se dijo que habían hallado, intacto, el pasaporte de uno de los terroristas. Quizás pensaron: “Si se creyeron que las torres cayeron por el incendio, se van a creer cualquier cosa que les digamos.” Teniendo en cuenta que al edificio WTC7 no lo tocó ningún avión, y los medios dijeron que había caído por los escombros de las torres y el fuego subsecuente, bueno, parece que tenían razón: si uno se cree eso, se cree cualquier cosa.

El primer documental es italiano. Está en italiano con subtítulos en español, y lo considero el más completo, serio y objetivo que jamás haya visto sobre el tema:





El segundo es otro documental italiano, doblado al español, que se centra en el aspecto científico de la caída de las torres y complementa muy bien al anterior.



El tercero es un documental hecho por una asociación estadounidense de ingenieros y arquitectos que lleva años buscando la verdad sobre lo que ocurrió ese once de septiembre. Complementa muy bien a los otros dos, ya que se centra más en el Edificio 7 que en las Torres Gemelas. Está en inglés con subtítulos en español.




Tres películas que nos hacen reflexionar sobre cómo los poderosos manejan la información y justifican invasiones como las de Irak y Afganistán. Agrego un breve video que plantea una serie de interrogantes sobra la manera como los medios de comunicación manejaron la información ese día.




Y por último, este video donde aparece un científico alemán defendiendo la tesis de que las Torres Gemelas en realidad fueron demolidas de manera controlada:






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NOTAS

[1] Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Aeropuerto_%28pel%C3%ADcula%29 y http://lascronicasdetino.es.tl/Aeropuerto-77.htm.

[2] “La mayor parte de los restos del avión penetró el piso 78. Un motor se precipitó por el hueco de un ascensor y provocó un incendio furioso en el sótano”. Tomado de http://www.evesmag.com/empirestatecrash.htm.

[3] http://www.youtube.com/watch?v=JsMksZAw_5U.

[4] http://www.museovintage.com/imagenes/1970_incendioavianca.htm.

[5] http://www.invdes.com.mx/anteriores/Abril2002/htm/demolicion.html.

[6] http://www.citytv.com.co/videos/11590/el-atentado-al-edificio-de-das-es-uno-de-los-peores-atentados-en-la-historia.

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_de_Oklahoma_City.

[8] http://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_al_Club_El_Nogal

[9] Véase http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/02/libertad-una-cuestion-de-elite.html.

[10] Véase http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2009/11/romper-esquemas.html.

[11] http://www.vistazo.com/webpages/pais/?id=5725.

[12] http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=82549.

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sábado, 1 de mayo de 2010

La patraña de Al Qaeda

La patraña de Al Qaeda

Por: Koldo Campos Sagaseta


Todos los días, en algún lugar del mundo, es desarticulada una red terrorista islámica vinculada a Al Qaeda. Y con la red quedan igualmente desarticulados sus integrantes y sus maléficos planes, para mayor gloria y consuelo de una ciudadanía que no siempre entiende y agradece los tantos desvelos que exige su seguridad.

Días atrás era desarticulada una red de peligrosos terroristas de Al Qaeda en Bilbao dedicada, según afirmaron los medios, a suministrar fondos a esa organización. Apenas un día más tarde de que a ocho columnas se titulara la noticia y el ministro Rubalcaba celebrara el éxito de la operación policial, doce de los trece terroristas eran puestos en libertad. No se había desarticulado nada, no se había detenido a nadie.

Casi al mismo tiempo, en Estados Unidos, era desarticulada otra red terrorista aún más perversa si cabe. Según las informaciones que han dado a conocer los medios, tres terroristas se disponían a volar por los aires edificios y aviones militares con la ayuda de misiles que habían comprado a un agente infiltrado de la CIA y que, naturalmente, eran falsos. Lo extraño de la noticia, el apunte que revelaba la verdadera naturaleza de la misma, era el hecho de que, según los propios organismos de seguridad que habían desarticulado los atentados, los tres terroristas no pertenecían a ninguna organización, no eran miembros de Al Qaeda o de cualquier otro grupo armado. Eran, en definitiva, tres cabezas calientes, sin ningún nexo con el terrorismo que no fueran sus más que justificadas ganas de revancha que, ante el ofrecimiento del encubierto agente, respondieron gozosos mostrando su adhesión a la bomba y al misil. En definitiva, no han desarticulado nada, no han detenido a nadie... pero al mundo trasciende la noticia del terror que se ha evitado gracias a la combinada eficacia de la policía y sus inestimables labores de contrainsurgencia antiterrorista, y de los grandes medios extendiendo por el mundo la buena nueva para que la ciudadanía pueda dormir tranquila y renovarles sus votos.

Es tal la eficacia que muestran las policías del mundo desarticulando constantemente redes terroristas que si no fuera porque Al Qaeda es aún más eficaz rearticulándolas, nadie más que esas policías se merecerían el premio internacional a la eficiencia. En todo caso, los grandes medios de comunicación, en su denodada cobertura a la lucha contra el terrorismo.

Estados Unidos y Europa se sitúan a la cabeza en la desarticulación de tramas terroristas pero es tal el cúmulo de redes islamistas en el mundo y la velocidad con que se reproducen, que no hay continente, tampoco país, en el que no se asiente alguna a la espera de ejecutar sus siniestros planes.

Hasta de países como la República Dominicana llegan, ocasionalmente, noticias de la neutralización de alguna trama. En un país en el que no hay más imperdonable terror que el que padecen las mujeres y en el que no hay más tiros que los que prodigan los tantos delincuentes con uniforme, curiosamente, a raíz del 11 de septiembre, se creó un batallón de lucha antiterrorista, no para combatir la violencia machista o el alza de los precios, no para enfrentar la corrupción, el desempleo o las tantas otras lacras de la sociedad dominicana, sino para preservar su paz amenazada por las hordas de Al Qaeda. Y no tardaron en presentarse las amenazas. Una tarde era desarticulada una célula terrorista islámica, compuesta por cinco peligrosos libios, a punto de abordar un avión para Estados Unidos. Al día siguiente, ya eran cuatro y, horas más tarde, se publicaba que los tres detenidos eran libaneses. Apenas unos pocos supimos, días después, que los dos libaneses no eran más que ilegales sin papeles, buscando su arribo a la tierra prometida en busca de trabajo. Pero el éxito de la operación no desalentó a las autoridades ni desanimó a los terroristas y, al poco tiempo, era detenido en Santo Domingo un destacado miembro de Al Qaeda que, tras ser investigado, resultó ser un estudiante de medicina paquistaní, sin que se le formularan cargos siquiera por mala práctica médica.

Al margen de estos apuntes “tercermundistas” sobre el peligro que representa el eje del mal, en el primer mundo (no podía ser menos) los planes conspirativos son mucho más complejos y, sobre todo, terribles y constantes. Atentados contra aviones, contra redes de transporte, contra pozos de petróleo, refinerías, bases militares, grandes personalidades... frustrados por la pericia policial.

Y es que nada ni nadie escapa a la amenaza terrorista. De ahí la importancia de desarticular redes terroristas en todo el mundo y todos los días.

También en el Estado español se han dado pruebas de la eficacia policial contra las redes islamistas.

Entre otros ejemplos, en enero del 2006, la policía lograba desarticular dos redes “yihadistas” en Madrid, Cataluña y el País Vasco, con ramificaciones en Francia, Bélgica, Holanda, Argelia, Marruecos, Turquía, Siria e Iraq, y detenía a sus 20 integrantes. Su misión era captar y reclutar suicidas. Las operaciones policiales “Chacal” y “Camaleón” frustraban los objetivos de los terroristas a quienes, si bien no les encontraron armas ni explosivos, les fueron intervenidos “ordenadores, documentos y teléfonos móviles”.

Para cerrar el mismo año, en otra operación realizada en Ceuta, era desarticulada una nueva célula terrorista. En esta oportunidad, además del acostumbrado arsenal de ordenadores, móviles y documentación, también se les ocupó a los 11 desarticulados, dinero y un machete.

Durante el gobierno de Aznar, fueron tantas las detenciones de sanguinarios terroristas árabes, especialmente en Cataluña, que cerca estuvieron los brillantes operativos policiales de paralizar los servicios de recogida de basura de esa comunidad, dado que a esos oficios se dedicaba la mayoría de los terroristas apresados. Para su fortuna, las sospechosas sustancias químicas que manejaban no eran sino productos de limpieza y, semanas más tarde, al ser puestos en libertad, casi todos pudieron dar gracias a Al-Lah y volver a sus afanes de limpieza sin nuevos sobresaltos.

Uno de los casos más sangrantes fue el de Ahmad Mardini, un sirio nacionalizado español, casado con una zamorana, padre de tres hijos y empleado de la Coca-Cola, que perdió el empleo, los amigos, los vecinos, casi la familia y la fama que se le supone a un inocente, luego de que fuera detenido como peligroso terrorista islámico, y su nombre y su rostro reproducido hasta la saciedad por medios de comunicación que, como El Mundo o Tele-Madrid, ni siquiera por imperativo legal y años después de que Garzón descargara al acusado, dejaron de presentarlo como terrorista.

Si la misma cobertura que emplean los medios para informarnos de la desarticulación de tramas terroristas la dedicaran, pasada la euforia, a ilustrarnos con los resultados, sabríamos que el caso de Mardini es una constante.

La ola de detenidos que acompañó en Londres la desarticulación de un supuesto plan para hacer estallar en vuelo diez aviones comerciales, en agosto del 2006, casualmente, al mismo tiempo en que Israel destruía El Líbano, tuvo repercusiones en todas partes: en Francia, en Paquistán, en Afganistán, en Italia… cientos de detenidos. De hecho, no hay acontecimiento social de importancia que se celebre en el mundo que no venga precedido de la desarticulación de más y más células terroristas de Al Qaeda. Ya casi es tradición que semanas antes de que se celebre un campeonato del mundo de fútbol, sea Francia o Alemania, lleguen noticias de redadas que pongan a buen recaudo a cientos de peligrosos árabes planificando espantos, y no hay cumbre mundial, así sea política o económica, que no se cobre antes la detención de algunos centenares de terroristas islámicos dispuestos a inmolarse.

Por si no fuera suficiente, los medios de comunicación, tan parcos a veces, otras tan exhaustivos, también informan los nombres de las ciudades más expuestas a padecer el terror, tanto como callan los nombres de aquellas ciudades y países que ya lo padecen. Hasta nos anticipan los lugares con más posibilidades de ser blanco de las bombas.

Además de la coincidencia general en la mayoría de las redes desarticuladas de no encontrarles la policía más armas o explosivos que los clásicos “móviles, ordenadores, documentación y dinero”, otra constante llama la atención en la redacción de todas esas informaciones que uno nunca sabe si son partes de guerra reconvertidos en noticias, o noticias transformadas en partes de guerra: “los planes estaban en su etapa inicial aunque ya habían madurado lo suficiente”, y cito textualmente al FBI luego de que en julio del 2006 desarticulara una red compuesta por ocho terroristas que se proponía atentar contra la red de transporte en Nueva York. En la misma declaración, el FBI reconocía que “ninguno de los implicados ha estado o está en Estados Unidos”, circunstancia que, en el mejor de los casos, mueve a asombro. Esos “planes iniciales que ya habían madurado”, en su contradictoria exposición, son los mismos que alegaba el ministro español Pérez Rubalcaba en el caso de los detenidos en Ceuta: “el grupo no tenía objetivos marcados aunque se planteaba pasar a la acción”; y semejantes, aunque invertidos, a los del caso de Londres. Si la policía inglesa anunciaba el primer día que el “plan estaba bien avanzado y ha sido interceptado en su fase final”, el ministro inglés John Reid declaraba días después que se “está en la primera fase de una larga investigación”.

Naturalmente, y como suele ser costumbre, “no se informa de más detalles al respecto para no obstaculizar las investigaciones.”

La desarticulación en abril del pasado año de una red terrorista en Arabia Saudí con sus 172 socios y abonados, reveló, por ejemplo, que la mayoría eran nigerianos y yemeníes, que algunos eran de Al Qaeda, y que habían recibido instrucciones sobre pilotaje de aviones fuera de Arabia Saudí, pero se reservaban otras informaciones para no obstaculizar las investigaciones. El mismo argumento serviría a las autoridades y medios italianos para, tres meses más tarde, luego de desarticular una red que entrenaba terroristas en una mezquita italiana, limitarse a revelar que “hemos descubierto una verdadera escuela del terror”. También se agregó a la información el habitual interés de los detenidos en pilotar Boeing 747 y manejar sustancias químicas. Las mismas, tal vez, que la policía británica había encontrado en julio de este año en poder de un afgano y un somalí en Londres, cuando investigaba un asunto relacionado con el narcotráfico, y que adelantaba era “peróxido de hidrógeno”, aunque todavía se estaba “analizando” la sustancia. Seguimos a la espera de que policías y medios confirmen el análisis de la sustancia.

Otra de las comunes coincidencias en este tipo de denuncias lo supone la grandilocuencia, el tremendismo, con que se informa de la amenaza. Lógicamente, cuanto más graves pudieron ser las consecuencias del atentado que nunca ocurrió, mayor alivio van a encontrar los afectados que nunca lo fueron.

Para la policía italiana, en el caso que citara más arriba, la mezquita se había convertido en una “verdadera escuela del terror”. ¿Cómo calificar entonces la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, o la de Guantánamo? El responsable de Scotland Yard, aludiendo al supuesto atentado frustrado en Londres contra diez aviones comerciales, hablaba de “asesinato masivo de un nivel incalculable”. Las posibles víctimas del atentado, sin embargo, al margen del lógico dolor e indignación, eran perfectamente calculables. Hubiera bastado sumar el número de pasajeros para obtener el número de víctimas. Y habríamos sabido sus nombres, sus historias, sus nacionalidades, hasta el destino de su última llamada por su móvil. Lo que sí resulta incalculable es el número de iraquíes muertos desde que Estados Unidos y Europa se dieron a la tarea de “liberarlos” de su dictador. Se ha hablado de medio millón de muertos, de un millón, de cientos de miles de “fantasmas” sin identidad que, todavía, siguen muriendo en ese y en otros países sometidos a la misma democrática terapia occidental.

La fiscal del distrito Este de Nueva York, Roslynn Mauskopf, luego de que a principios de este año fueran detenidos en Nueva York tres alegados terroristas de Guayana y uno de Trinidad y Tobago acusados de intentar volar con explosivos que, por cierto, todavía no tenían, la red de conductos de gasolina que abastece a los aviones del aeropuerto John F. Kennedy, indicó que se trataba de uno de los "complots más escalofriantes imaginables", aunque aclaró que durante el tiempo en que se han llevado a cabo las investigaciones "nunca ha estado en peligro la seguridad aérea ni la de los pasajeros". "La destrucción que hubiera causado si se llega a producir, es inimaginable".

Lo que sí resulta inimaginable es la destrucción causada en Iraq de la que se duda pueda, alguna vez, volver a ser una nación.

Una vez los medios han dado amplia cobertura al frustrado atentado con su correspondiente secuela de detenciones, poco importa que en los siguientes días se desnaturalice el atentado y los sanguinarios terroristas acaben convertidos en trabajadores de la limpieza o en simples ilegales. Ya la alarma se ha creado, que era lo que se perseguía, y el “mundo” valora y respalda la labor de sus gobiernos y sus medios de comunicación en su labor de preservar su seguridad.

Obviamente, si aceptamos que haya guerras preventivas, no hay razón para oponerse a arrestos y desarticulaciones preventivas. Por ello los esfuerzos de gente como Peter Clarke, jefe de la brigada antiterrorista inglesa, que no tuvo empacho en reconocer la vigilancia a que somete a “miles” de ciudadanos de su país, “sospechosos de actividades terroristas directa o indirectamente”. Las sospechas, también, pueden ser preventivas, tanto como las noticias.

Entre las miles de personas, la mayoría de origen árabe, que han sido detenidas y presentadas por los medios de comunicación como diabólicos terroristas dispuestos a matar y morir, el caso de Richard Reid siempre me ha parecido uno de los más llamativos. Y lo digo porque hasta entonces había creído que los malos, aún siendo perversos, podían disfrutar de algunas virtudes comunes a otras personas, como ser elegantes, inteligentes o, por ejemplo, resultar atractivos, pero después de observar muy brevemente el rostro, que no es conveniente solazarse en sus facciones, del individuo de Sri Lanka que hace siete años pretendió sin éxito provocar una explosión en un avión que iba de París a Miami, me sentí en la necesidad de corregirme y aceptar que hay malos que, además, también son feos, incluso, imbéciles, casi tanto como los medios de comunicación que nos brindaron la noticia. El tal Reid, con los zapatos repletos de explosivos, había llegado al aeropuerto de París sin otro equipaje que un rostro inolvidable, cargado de presagios y muecas. En su afán por pasar desapercibido y dado que su cara, como debió ocurrir, no sirvió para que le negaran el boleto y ahí mismo lo arrestaran, (si no me cree le invito a que entre en cualquier buscador de Internet y solicite la imagen de Richard Reid), el terrorista se dedicó a insultar y a ofender a otros viajeros y a empleados de la línea aérea, sin lograr hacerse notar. Días antes, dedicado a los mismos afanes y en el mismo aeropuerto, había logrado, finalmente, según leía en la prensa, que le retuvieran por unos minutos el pasaporte británico que portaba, ya que además de ser falso también lo parecía, con lo que acabó por perder el vuelo, pero había regresado al aeropuerto decidido a embarcar rumbo a Miami sin cambiarse ni de zapatos, ni de pasaporte, ni de cara. Por más discusiones y pleitos que volvió a originar nadie impidió esta vez que el irascible sujeto fuera atravesando todos los rigurosos controles antiterroristas hasta ocupar su asiento en el avión. Ya que no disponía de un letrero de neón en la cabeza, de esos que se encienden y apagan, con la leyenda: "soy un terrorista", ni tampoco echaba espumarajos por la boca, se dedicó, según dicen los cables noticiosos, a protagonizar algunas malsonantes broncas con otros pasajeros, hasta que harto de mirarse en el espejo y verse, se decidió a extraer, a la vista de todos, los cables de su zapato para provocar la redentora explosión. Tampoco nadie pareció advertir entonces sus quehaceres manipulando cables en su asiento, lo que parece ser muy común en cualquier vuelo. Desgraciadamente, no había tenido la precaución de llevarse unas cerillas escondidas en el otro zapato y, como siempre, haciendo gala de un tacto exquisito, de fino y experimentado terrorista, llamó a gritos a la azafata para que le suministrara un encendedor. Craso error el suyo porque ahí fue que la azafata comprendió que se trataba de uno de esos desalmados fumadores y le cayó arriba secundada por los demás pasajeros. Al registrarle los zapatos, ya reducido y golpeado en el suelo, en busca de la cajetilla de cigarrillos, se encontraron con los explosivos y se detuvo al terrorista.

Los medios colaboran con los gobiernos amplificando el terror y los terroristas para que la ciudadanía no tenga la menor duda de la magnitud de la amenaza que se cierne sobre ella y la necesidad de que la amparen esos gobiernos y la mantengan informada esos medios de comunicación.

Es así que, en todos estos años, el principal problema que dicen tener los españoles es el terrorismo, cuando hasta el montañismo, uno de los deportes más hermosos y sanos que existen, mata más y mejor.

Pero una población que es capaz de creerse la virtual amenaza e ignorar la real consecuencia, puede creerse cualquier cosa.

Un informe de 16 agencias de los servicios secretos estadounidenses, desclasificado, en parte, a principios del 2008, revelaba que “Estados Unidos afrontará una amenaza terrorista persistente y en evolución, aun cuando no hay indicios creíbles de peligro inminente”. Lo enfatizaba el titular del Departamento Nacional de Inteligencia, Mike McConnell: “La primera y principal evaluación de inteligencia nacional es que hay y habrá amenazas terroristas persistentes y en evolución”. Lo que más parece un parte meteorológico, se resumía en un dato escalofriante por su crudeza y precisión, obtenido no se sabe como y que, en este caso, divulgarlo no obstaculiza las investigaciones: “El objetivo de Al Qaeda, basado en creencias religiosas del Islam, es matar a cuatro millones de estadounidenses…”.

El 16 de junio del 2004, Johan Galtung, experto noruego en negociaciones de paz, profesor de la Universidad Europea de la Paz, de Estudios de la Paz de la Universidad de Hawai y de otros centros universitarios, declaró en un seminario sobre terrorismo en el Escenario de la Haima, en España:

“Estados Unidos, desde la segunda guerra mundial ha realizado 70 intervenciones militares que han causado la muerte de entre 12 y 16 millones de personas, el 95% de las cuales eran civiles. Hitler ocasionó la muerte de 11 millones de personas. No hay duda que el principal terrorista del mundo actual está en Washington”.
Articulo original en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=85944

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